TRES ACEPCIONES contiene el DRAE para este vocablo y las tres en la reflexión que pretendo hacer: 1. "Pérdida total de la esperanza" / 2. "Alteración extrema del ánimo causada por cólera, despecho o enojo" / 3. "La persona o cosa que provoca esas emociones".
La huelga de transportes que se inició el día 9 de junio nos muestra hasta qué punto falla el sentido gestor del Gobierno. De éste y de los anteriores. El peso del traslado de mercancías pivota sobre el transporte por carretera, habiéndose arrumbado en gran medida al ferrocarril. Pero, además, en lo que a este último plante de los camioneros concierne, el Gobierno ha estado ausente de la realidad que se avecinaba, pese a conocer que se produciría. La convocatoria de paro estaba anunciada. ¿Acaso pensaba el otrora silente diputado del PSOE y hoy mullido presidente del Gobierno que su sonrisa, talante y parsimonioso discurso serían suficientes para dar al traste con la puesta en marcha de una protesta sobre ruedas que podía paralizar a España?
Siempre que se producen protestas se crean problemas que afectan a quienes creen que aquellas no tienen nada que ver con uno. Y se prorrumpe en denuestos porque "mis derechos de libre ciudadano se ven conculcados por esos que me impiden ejercerlos". Ya deberíamos estar acostumbrados a que, por lo general, huelgas y manifestaciones afecten a todos. Sean del sector que fueren. Es la interrelación en la que nuestra sociedad vive.
En unos actos de protesta siempre habrá quien saque los pies del tiesto. Pasa en esto como en cualquier actividad de la vida diaria y de cualquier gremio. No trato de justificar violencia alguna, pero comprendo el grado de desesperación cuando los problemas crecen sobre las espaldas sin que se atisben soluciones. En lo que a estos camioneros se refiere, no se trata de una huelga contra sus empresarios porque aquellos y estos son la misma cosa. Son trabajadores autónomos. Son camioneros que se ven sometidos a una suerte de mercado que los grandes, como siempre, imponen.
A tal protesta ha venido a sumarse la de agricultores, ganaderos y pescadores que ven cómo se reducen día a día sus posibilidades de supervivencia por la intermediación de grandes empresas y gangocheros que se lucran a costa de aquellos. Las centrales lecheras marcan el precio a que se paga la leche al ganadero. Las azucareras marcan el precio al que se paga la remolacha. Y así sucesivamente. La vieja canción del "intermediario" que Los Sabandeños nos ofrecieron hace muchos años es plenamente vigente. Y el Gobierno? de campo y playa; o de caza mayor, como el señor ministro de Justicia. Y cuando entran en escena lo hacen como siempre se ha hecho: mandan a "los azules" a cargar contra los desesperados, ahora. Tiempo ha se mandaba a "los grises". Y en tiempo intermedio se mandaba a "los maderos". Pelotas de goma contra berenjenas.
La desesperación de quienes están en protesta se presiente al ver las imágenes que nos han ofrecido algunos medios de prensa y televisión. No son gente barbilampiña. Son personas adultas, padres de familia e incluso abuelos, que muy mal ven su presente y su futuro. Y son los gobiernos quienes, con su hacer y no hacer, según cuando, qué y quién, fomentan esta desesperación. ¿Qué están haciendo aquí y ahora nuestro Gobierno de Canarias, su presidente, su consejera de Educación, su director territorial de la cosa, con el problema de los docentes no universitarios? Parecen pirómanos deleitándose en la posible creación de un majestuoso incendio.
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