Para muchos canarios hablar de la Jefatura de Costas es como hablar del bandido de las películas. Con su actuación de machuco y limpia -creo que en muchos casos correctamente; no se puede construir en un lugar que no es nuestro- ha sembrado la inquietud en muchos hogares isleños al pretender dejar huera de construcciones ilegales la faja de terreno que linda con el mar. Creo que la anchura de esta faja varía, pero sea de 20 o de 100 metros lo cierto es que muchas familias se verán afectadas -están siéndolo ya- por esta medida que, en algunos casos, ha sido denunciada ante la Justicia.
Hay algunos organismos de la Administración que actúan como si fuesen cotos de caza. Sus funcionarios parece que tienen miedo de que los administrados conozcan lo que allí se cuece, lo que hace a uno preguntarse si será porque temen la reacción popular. Si es esa la razón, se entiende que trabajen a la chita callando, muy metidos en la concepción, estudio, gestión y desarrollo del trabajo que se les encomienda, hasta que llega la poco deseada hora de su publicación, es decir la de dar a conocer a los ciudadanos sus planes y proyectos. Ocurre, por ejemplo, con la Cotmac, ese organismo dependiente (¿?) de la Consejería de Medio Ambiente, que, consciente de su alto cometido, trata con auténtico desprecio a los ayuntamientos que han sometido a su criterio sus planes de urbanización, y lo mismo sucede con la Jefatura de Costas. Ocurre como con "el Niño", ese cambio climático que periódicamente se da en el océano Pacífico y que causa cuantiosos daños: nadie se acuerda de él hasta que comienzan a notarse sus devastadores efectos. Pues de Costas tampoco nadie habla, hasta que de pronto se saca de la manga una carta y da a conocer alguno de los proyectos que lo han mantenido ocupado durante los últimos meses. Como ha hecho ahora al informar del proyecto que pretende acondicionar y mejorar integralmente la zona comprendida entre El Cabezo y La Jaquita, en El Médano, con un coste que supera los tres millones de euros.
Creo, antes que nada, que obras como ésta son las que permitirán el desarrollo de la isla turísticamente hablando. Por la información que se facilita, uno de los objetivos del proyecto es "dotar al frente urbanístico de un enclave con elementos naturales de forma ordenada, acondicionada y con ciertos servicios, de forma que sirva de referencia a los usuarios senderistas y como área de ocio marítimo a los vecinos y visitantes". En otro lugar la Alcaldía granadillera dice que se "tratará esta franja del litoral de manera que se corrijan los impactos visuales, se acondicione para su uso lúdico y se puedan recuperar las zonas degradadas planificando el territorio afectado", todo lo cual hace pensar que el propósito de los proyectistas es de lo más loable: pretenden convertir uno de los enclaves más castigados por el viento de toda la zona sur de la isla en un lugar poco menos que paradisíaco.
Como habitual de El Médano sé lo que digo -como los viejos pescadores que aconsejan a los ingenieros cambiar la dirección de un dique-, por lo que aconsejo exponer el proyecto a la opinión pública. El Cabezo ha sido objeto de innumerables ideas a lo largo de los años, pues mientras la playa del pueblo queda congestionada por los bañistas en verano -sobre todo en pleamar-, la zona antes mencionada, con una superficie de más de 100.000 metros cuadrados, aparece casi desierta, más que nada por las dificultades que entraña acceder al mar debido a lo pedregoso del terreno. Me parece que sería un pecado gravísimo no haber contemplado esta circunstancia en el proyecto que ahora se va a llevar a cabo, pues el elevado número de edificios que ahora mismo allí se están haciendo multiplicará los usuarios, que en caso contrario se verán obligados a acudir a los ya atestados lugares tradicionales.
Hace algún tiempo sugerí en este mismo periódico la posibilidad de que se construyera en toda esa zona un espigón que la protegiera de los embates del mar -se ha hecho en Playa de las Américas, en el Puertito de Güímar y en Las Teresitas, y se va a hacer en Las Caletillas-. Entre El Cabezo y La Jaquita la profundidad no es mucha, por lo que se formaría una gran piscina natural semejante a las de Bajamar. Ya oigo a muchos decir "¡semejante disparate!". Pero si lo piensan con serenidad verán que no lo es: sólo pretendo que el aluvión de gente que El Médano recibirá en el futuro tenga un lugar donde disfrutar del clima que nuestra posición geográfica nos ha dado, sin tener que luchar por el metro cuadrado que nos permita tender la esterilla y clavar en la arena la sombrilla.
Si esa idea no resulta adecuada, ¿por qué no entonces habilitar adecuadamente la pequeña playa que está junto al remozado hotel Arenas del Mar? Una pala mecánica, trabajando durante unas horas cuando haya bajamar, podría dejar el lugar limpio de callaos y posibilitar así la accesibilidad de la playa.
Probablemente -tanto escribir para nada- estas consideraciones se las hayan hecho ya los técnicos que han elaborado el proyecto, pero al no haber sido sometido a información pública, me he sentido obligado a manifestar mi punto de vista. Espero que no caiga en saco roto porque ocasión como ésta no se va a presentar más. El futuro de El Médano exige que se haga con su entorno lo mejor. A lo largo del último verano observé que muchas familias, ante la cantidad de gente que ocupaba la playa, optaron por dirigirse a la playa de Las Vistas, en Los Cristianos. Sería una pena que en el futuro esto continúe ocurriendo teniendo la solución al alcance de la mano.
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