N. VIZOSO, S/C de Tenerife
La fundación Alcohólicos Anónimos cumplió ayer 73 años de su creación en Estados Unidos para ayudar a aquellas personas con una grave adicción al alcohol. En Tenerife son doce los grupos de apoyo creados en este tiempo y que dan servicio a doscientas personas, tanto hombres como mujeres, para compartir experiencias y resolver un problema común. De todos, el Tinerfe es el decano, con más de 40 años de servicio para quienes tienen el valor suficiente de reconocer su problema y pedir ayuda.
Todas aquellos que atraviesan las puertas de Alcohólicos Anónimos lo hacen después de haber vivido historias parecidas, una amalgama de recuerdos en los que la adicción al alcohol y la desesperación de ver cómo no pueden dejar de beber por sí solos, se esgrime como la única realidad de sus vidas mientras que todo lo que les es querido como la familia o los amigos se va resquebrajando a su alrededor.
Es la historia de muchos y también la de Miguel Ángel y Francisco, cada una con sus particularidades, pero al fin y al cabo la misma historia que ven repetida en todos aquellos que se acercan a un grupo de Alcohólicos Anónimos por primera vez.
Ambos cuentan con una segunda vida desde que dejaron el alcohol, Miguel Ángel lleva cuatro años y medio sin beber y Francisco algo más de dos. En realidad representan la esperanza del ser humano por superar sus adicciones, sus propios infiernos y son ellos el símbolo de que es posible salir, incluso, de las situaciones más desesperadas.
Francisco, sin ir más lejos, llegó a Alcohólicos Anónimos después de que pensara en suicidarse, por eso siempre dice que le debe la vida a la fundación que también le ayudó a encontrar la sobriedad emocional.
Tanto Miguel Ángel como Francisco comenzaron a beber siendo muy jóvenes y afirman que ahora los jóvenes no empiezan a beber antes. "Quizá ahora lo que tienen es más oportunidades para hacerlo pero desde siempre se ha bebido desde muy joven", comenta.
"Todos bebemos para algo, para vencer la timidez en mi caso, porque el alcohol parece infundirnos valor, pero no hay que confundir la euforia con la felicidad", sentencia Miguel Ángel.
Francisco reconoce que, en realidad, en la reuniones de Alcohólicos Anónimos de lo menos que se habla es de alcohol, porque lo importante es comunicar los sentimientos para enseñarles a reconocer sus emociones. "Nosotros debemos aprender que si tomamos una copa hemos perdido. Yo no digo que un filete con un buen Rioja esté malo, simplemente he de reconocer que a mí esa combinación me hace daño porque luego querré más. No te emborracha la quinta copa sino la primera". Las historias de Miguel Ángel y Francisco son ahora el gran apoyo que ayuda a otros a salir del infierno que ellos ya han abandonado.
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