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PEDRO MILLÁN DEL ROSARIO

Día Mundial del Medio Ambiente: una fecha para reflexionar

11/jun/08 01:25
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Esta pasada semana "celebramos" el Día Mundial del Medio Ambiente, y lo digo entre comillas porque -para ser sinceros- no hay demasiado que celebrar, más bien al contrario, hay mucho de que asustarse y entro en conflicto con la desafortunada frase del presidente Zapatero de "que no hay que transmitir mensajes pesimistas". Pues bien, es justo al contrario, a la gente hay que contarle siempre la verdad, por mucho que la realidad sea triste o deprimente. Ahora bien, la frase es entendible: en política se ha instaurado la ética sofista de mentir cada vez que la coyuntura o la evolución de los problemas no sean favorables. Y como ocurre que el personal es veterano y no es tonto, acabamos concluyendo que la clase política -en general- miente a discreción cuando le conviene y eso forma parte de un hecho tan natural como que el sol salga cada mañana. Es decir, no nos sorprende, lo que no deja de ser triste, por otro lado.

Al final, la efeméride vinculada al medio ambiente es aprovechada por algunos responsables políticos para anunciar algún tipo de medidas supuestamente beneficiosas para el planeta. No deja de ser curioso que este año los discursos y buena parte de las medidas tengan que ver con la reducción de consumo de combustibles fósiles y, en consecuencia, una reducción de las emisiones de CO2 a la atmósfera y un menor calentamiento global, lo que en resumen se ha dado en llamar lucha contra el cambio climático. Aquí no hay milagros. No se debe a la mayor concienciación de los gobiernos europeos ni a ningún compromiso ambiental o revelación divina de sus dirigentes, eso es obvio. La razón lisa y llana es el desorbitado precio del petróleo, que ha repercutido y repercute en todos los órdenes de la economía global y doméstica.

En ese sentido, hay que decir que no hay mal que por bien no venga: este periodo crítico y el precio del barril de crudo, en particular, están incentivando más, en un solo año, el desarrollo de las energías renovables y de los sistemas de ahorro energético que cuarenta años de presupuestos ministeriales de I + D. Asimismo, la concienciación de la opinión pública también está creciendo, no por bellas campañas televisivas de ahorro de electricidad ni por la distribución de millones de folletos educativos, sino cada vez que uno se acerca a una gasolinera e intenta llenar el depósito o tiene que pagar una factura de la luz. Al final, la realidad nos da una triste lección, sólo aprendemos y actuamos en consecuencia si nos arrean un palo en nuestro bolsillo y en nuestro nivel de vida. No somos capaces de cambiar nuestros hábitos de consumo por conciencia ambiental, por solidaridad con el planeta y nuestros descendientes y, en definitiva, por sentido común. La conclusión vuelve a ser deprimente: en líneas generales, componemos una sociedad egoísta, egocéntrica, insolidaria, insostenible, corta de miras e hipócrita y el único cambio viable es a golpe de crisis.

A pesar de ello, también hay que ver el lado bueno. Día a día crece el número de personas conscientes de los problemas ambientales y que desarrollan una actividad individual y colectiva a favor de la naturaleza, que es como decir a favor de nosotros mismos. Asimismo, confío en que la base de la pirámide, niños y jóvenes, tienen una mayor conciencia de los problemas y del compromiso necesario para solucionarlos, mucho mejor que nuestras generaciones -más veteranas-, y que las de los dirigentes políticos y económicos de nuestra sociedad. De esta manera pienso que el futuro sólo puede ser mejor, y ahí, si quieren, pueden tildarme de optimista antropológico.

Son necesarias e imprescindibles políticas novedosas e imaginativas que sean capaces de afrontar nuevos problemas. No valen los viejos esquemas ni la gestión tradicional. Un ejemplo de este tipo de medidas puede ser las recientemente anunciadas por el ministro de Industria, Miguel Sebastián, en las que se ayudará económicamente a los propietarios de vehículos industriales y turismos de servicio público en la compra de automóviles que usen combustibles alternativos que tiendan a mejorar la eficiencia energética y a reducir la emisión de gases contaminantes. Además de un plan Prever para vehículos ecológicos ("VIVE") y facultar a las comunidades autónomas para que subvencionen la compra a particulares que se decidan a comprar un coche híbrido (más caro relativamente), algo que ya hacen comunidades como la andaluza (3.000 euros), la navarra (2.000 euros) o la madrileña (3.000 euros). Ojala que la canaria quiera y pueda sumarse algún día a esta opción, que premia en definitiva al consumidor inteligente y con sensibilidad ambiental. No obstante, hay que decir que no es para lanzar las campanas al vuelo, es sólo un primer paso de los muchos que hay que dar todavía. En ningún caso se trata de una solución definitiva ni de una panacea. Hay mucho por hacer y es mejor que nos pongamos manos a la obra colectivamente y hagamos de cada día una celebración para el medio ambiente.

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