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Felipe Pérez, memoria viva del Mercado de Santa Cruz de La Palma

9/jun/08 07:06
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Acercarse a Santa Cruz de La Palma y no pasar unas horas en su recova supone algo así como no haber estado en San Miguel de La Palma. Nosotros hemos acercado "EL DÍA de ayer" hasta la fuente oral de Felipe Pérez Vargas, quien nos ofrecerá su memoria viva sobre el pasado de este establecimiento capitalino.

Felipe Pérez Vargas nació en Santa Cruz de La Palma en junio de 1931. Con 27 años compra, al precio de 7.000 pesetas de las de entonces, un puesto en el Mercado Municipal de Santa Cruz de La Palma.

Las monjas

Este comerciante palmero se siente apasionado por el tradicional edificio en el que se ha ubicado el Mercado Municipal de Santa Cruz de La Palma y "estoy orgulloso de haber trabajado toda mi vida entre esas paredes", afirma. Nos describe la localización de una placa en una de las paredes de la Recova donde se reseña que la historia del Mercado Municipal de Santa Cruz de La Palma tuvo su origen en 1884. Sin embargo, el edificio en el que su ubicó cuenta con más de tres siglos de existencia y estuvo destinado a otros fines. Sirvió tanto de residencia sanitaria como de convento para monjas. Debido a su configuración, con un patio central rodeado de habitaciones que actualmente hacen de lonjas, "era un lugar ideal para el tratamiento de los enfermos, ya que en las habitaciones recibían atención médica y gracias a lo resguardado del patio interior podían salir a él para tomar un poco de aire puro que favoreciera su recuperación", nos apunta Felipe.

Igualmente, su niñez también estuvo vinculada al Mercado: "Evidentemente aún no era nacido cuando tal acaeció en el Mercado. Pero recuerdo que cuando era niño los viejos que trabajaban en el Mercado todavía hablaban de enfermos y monjas que por allí pasaron. Todo esto pude corroborarlo hace escasamente una década, cuando por las calles de la capital palmera se expusieron una serie de fotografías antiguas de la ciudad. Mi sorpresa fue mayúscula al descubrir en una de ellas a las monjas de las que había oído hablar, alongadas en los balcones del edificio del actual mercado contemplando estupefactas el número de un domador con un gran oso en plena avenida del Puente".

La Recova palmera es un punto de encuentro para el residente y el visitante. En todas las épocas, las de abundancia y las de escasez, ha satisfecho las necesidades de todos los visitantes en la medida de sus posibilidades. "Por ejemplo, en la época de la posguerra los alimentos estaban racionados y por muy escasos que fuesen los recursos de los habitantes de la ciudad y por pocos que fueran los productos de que se disponía en el propio Mercado, siempre se hacía lo posible por que la comida alcanzase para todos", apunta Felipe. "Pasó más de una vez que tras largas colas para conseguir un kilo de papas de los que mandaba el gobierno, algunas familias se quedaban sin ellas porque se habían agotado cuando llegaba el turno; sin embargo, se les ofrecía otro tipo de alimento y quien más y quien menos se iba con algo que llevarse a la boca". Tiempos de hambruna los de la posguerra.

Alberto Gómez

El Mercado de Santa Cruz de La Palma siempre ha contado con múltiples personajes que son quienes marcan la idiosincrasia que guarda esta Recova palmera. "Recuerdo a muchos personajes, pero a ninguno como Alberto Gómez, un viejito muy simpático que siempre estaba con coñadas", dice Felipe. "A él le gustaba tomarse unas copitas y por las mañanas, al llegar al mercado, pedía una de coñac y decía: Tanto miedo te tengo como daño me hagas, entre pecho y espalda va. Después, a lo largo de la mañana, él mismo se robaba pues estaba pendiente de que nadie estuviese reparando en su persona para abrir el cajoncito donde guardaba el dinero. De ahí cogía una peseta y se iba a tomar un vaso de vino. Como tenía que pasar por delante de mi puesto, hacía una parada y me decía: Ya va el cernícalo con el pollo en la mano", cuenta y sonríe. "Lo curioso es que le prohibieron la bebida cuando era joven porque su vida podía peligrar, pero él hizo caso omiso y lo gracioso es que murió el médico y él duró 30 años más, llegando a viejo".

Felipe Pérez mira hacia atrás y sigue acudiendo diariamente al Mercado de Santa Cruz de La Palma, porque "es lo que he hecho durante toda mi vida". Nosotros el próximo lunes también volveremos a La Palma. Les esperamos. DOCUMENTACIÓN: RICARDO PAIS. FUENTE: ANSINA.

domingo.jorge@canaryinfoweb.com

 

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