CUALQUIERA PUEDE COMPRENDER
que la situación digamos profesional del actual Príncipe de Gales no es demasiado halagüeña: se va acercando a la edad normal de jubilación sin acceder al puesto para el que está destinado desde que, en 1953, su madre accedió al trono de Gran Bretaña e Irlanda del Norte. Por lo que se ve, Carlos de Inglaterra tiene mucho tiempo para pensar, y piensa. Lo malo es que luego va y lo cuenta. Se ha declarado varias veces partidario de los productos ecológicos, los procedentes de la agricultura y la ganadería así tituladas, y ahora sabemos que no come foie-gras. Bueno; hay mucha gente que no lo ha comido nunca, y bastante que opina que lo que se les hace a los patos y a las ocas para hipertrofiarles el hígado entra de lleno al menos en el maltrato, cuando no en la tortura. El problema está en que una sociedad como la británica, que tiene en su familia real, a pesar de la propia familia real, a algunos de sus modelos de conducta, ha dado un paso mucho más absurdo que el de Carlos, quien, al fin y al cabo, se ha limitado a expresar una opinión o un gusto personal. Porque ya me dirán si no es absurdo que, visto que el heredero de la corona no come foie-gras, haya restaurantes que lo han suprimido de sus cartas y tiendas de alimentación -supongo que no estarán entre ellas Harrod's ni Fortnum and Mason- que lo han retirado de sus anaqueles. Recordemos, de paso, que hace unos años el foie-gras fue desterrado de las mesas de Chicago por esos motivos "animalarios" -me parece excesivo llamar 'humanitario' al trato a una oca-... para, al cabo de no demasiado tiempo, rectificar y admitir que quien gusta del foie-gras pueda disfrutar de él incluso en público. Con el foie-gras, de todos modos, ocurre lo que pasó hace años con el salmón. El salmón, incluso fresco, era, junto al caviar -éste lo sigue siendo- y al foie-gras algo así como la encarnación del lujo gastronómico. Los noruegos se pusieron a criar salmones en granjas, abarataron su precio... y el aura de prestigio del gran pez se esfumó. Hoy, el foie-gras ha perdido también aura, por exceso de producción dudosa. Son, sí, de pato, incluso de oca; pero no todo lo que se etiqueta como foie-gras contiene un hígado, o un lóbulo, entero de oca o pato; se envasa en trozos, incluso en puré... En fin, recapitulando: el foie-gras de calidad sigue siendo una joya gastronómica no demasiado asequible; abunda el foie-gras más barato, que no es tan bueno; el Príncipe de Gales está en su derecho de no comer foie-gras y hasta de compadecerse de las ocas, que ya cebaban, no lo olvidemos, los egipcios de la III dinastía.