NUESTRA CAPITAL es una de las ciudades españolas que más cultura de todo tipo ofrece a aficionados y espectadores. Muchas de esas opciones son musicales y se organizan en distintos lugares de la isla, unas veces patrocinadas por el Gobierno de Canarias, otras por el Cabildo y la mayoría de ellas apoyadas por los propios ayuntamientos, pero siempre con ayuda de algún órgano de gestión. En lo que respecta a la música clásica, que es a la que más asisto, encuentro algunas veces dificultades para conseguir una localidad, y en oportunidades muy señaladas, como es el caso del concierto en el Auditorio de Cecilia Bartoli, removí cielo y tierra para conseguir una entrada, y me llevé una gran sorpresa al entrar a la sala y ver unos cuantos asientos desocupados. ¿Dónde estaban los portadores de esas localidades? Como siempre ocurre en estos casos, eran simplemente compromisos de los administradores, que, por circunstancias que ignoro, no asistieron al espectáculo.
Ya en otras ocasiones he transmitido mi malestar por este tipo de acciones, y no dejo de repetir que el público tinerfeño está muy mal acostumbrado, y en parte es un poco culpa de las administraciones, por regalar localidades a personas sin interés real en el evento y que a su vez se las pasan a otros a los que les da igual, provocando una cadena que perjudica la estabilidad económica de los que promueven los espectáculos. Sin ir más lejos, hace días, en las últimas funciones en el Guimerá del Festival de Zarzuela, cuando representaron la antología de los 15 años, en la taquilla no quedaban butacas ni para el viernes ni para el sábado, y sin embargo, particularmente el viernes, se notaban huecos en el patio de butacas.
En los convenios que las asociaciones culturales firman con los diferentes estamentos públicos se reservan como patrocinadores un número de localidades por función; y si, además, el evento tira y funciona el boca a boca, los responsables de Cultura se ven comprometidos y solicitan más entradas. Entiendo que deba ser así, pero me parece muy injusto que muchas personas ahorren y paguen para asistir a un evento que realmente les gusta, y que otras vivan de entrar de "violín" a los espectáculos; sobre todo cuando la mayoría de las ocasiones dejan las plateas y palcos vacíos.
Para colmo, estas localidades suelen ser las mejor situadas en el recinto, y posiblemente suponen más del 25% del etiquetaje total, cifra muy considerable y que deberían tener presente, ya que podrían usarlas los verdaderos aficionados, o podrían ofertarlas a precios más asequibles para jóvenes menores de 25 años, lo que permitiría ir formando a la juventud como futuros aficionados a los distintos géneros: música clásica, ópera, zarzuela, teatro, danza, etc.
Existen otras fórmulas para solucionar el problema, como, por ejemplo, que los gobernantes obliguen a sus compromisos a retirar su localidad 24 horas antes del evento en el recinto donde se celebre el espectáculo, para que, en el caso de no ir, permitir a los organizadores disponer de esas entradas para la venta y conseguir más recaudación y mayor aportación del estamento que patrocina.
Don Alberto Delgado, viceconsejero de Cultura, hizo hace unos días unas declaraciones con las que estoy totalmente de acuerdo: "La cultura es la ciencia del dinero público". Hace muchos años que se mantienen las mismas partidas presupuestarias, por lo que es imposible disponer de más dinero para mejorar lo que se ofrece, o para ayudar a nuevos eventos.
No es la primera vez que hablo sobre este tema, y lo digo con toda la sinceridad, porque considero que el tinerfeño no debe ser un gorrón, y pagar su localidad como todo el mundo, porque es la única manera de colaborar para la mejora de los eventos. Es muy fea esa frase de: "¡A ver si me consigues una entradita!", cuando a uno le consta que el peticionario está forrado. Con buena voluntad por parte de todos, y no sólo del estamento público, podemos tener más y mejor cultura.
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