INSISTE de nuevo la Repsol en hacer prospecciones petrolíferas en la plataforma marina que está a 50 kilómetros de las costas de Fuerteventura y Lanzarote. Plataforma sobre la que Canarias no ostenta ningún titulo de propiedad porque la dichosa mediana entre las Islas y Marruecos sigue esperando a no se sabe qué. Sin embargo, ante esto sí se puede pensar que "el no se sabe qué" sean precisamente las bolsas de petróleo que están en ella y que decidirán sobre su explotación, no Canarias, porque no tenemos mar, sino los gobiernos español y alauita.
Así nos va. Siempre a rastras de las pretensiones de terceros o de cuartos y contemplar cómo se hace y deshace delante de nuestras narices esto o aquello sin que se nos oiga, ni se nos tenga en cuenta, ya que abundan más los oídos sordos que la comprensión.
No cabe duda de que, tal como está el negocio del petróleo y las esquilmaciones que se ponen en práctica para obtenerlo y la escasez que se avecina, el tener petróleo es tener poder y el poder se obtiene la mayoría de las veces a través del conflicto. No importa para ello invadir Irak con pretextos estúpidos, mediante una guerra que ha ocasionado miles y miles de pérdidas de vidas humanas y que está costando millones de dólares, que es lo de menos, porque, teniendo los americanos controlados los pozos de petróleo, que es de lo que se trataba, las ganancias sobrepasan en mucho los gastos ocasionados por esta guerra maloliente y rocambolesca.
Con esto lo que pretendo poner de manifiesto es que se debe estar ojo avizor de seguir Repsol con sus pretensiones para el posicionamiento que debe adoptar Canarias a este respecto, sin olvidar que el gran litigante en este asunto va a ser Marruecos, que exigirá lo que le toca de la tarta tal como está el asunto de las aguas internacionales, archipielágicas y la plataforma marina que los marroquíes dicen llega desde sus costas hasta La Gomera.
Mal asunto este del petróleo aunque tenga su cara amable y productiva. El negocio del petróleo siempre ha traído desajustes en los territorios implicados, cuando no guerras. Es de desear que no se produzcan en nuestro entorno aunque sí debemos tener claro que frente a nuestras costas y donde se supone está el petróleo es una zona, el antiguo Sahara español , hoy territorio pendiente de que la ONU adopte las resoluciones pertinentes y que, de momento, pertenece al pueblo saharaui y que tiene para su defensa el ejército del Frente Polisario.
Lío, pues, tendremos a la vista y la prudencia podrá instaurarse, pero si de petróleo se trata, todo es posible y, por supuesto, lo menos que importará será la gente que vive en esos territorios con tal que el negocio sea productivo.
Por eso, cuando se nos dice que hay petróleo en las Islas suena muy bien, pero la realidad es bien distinta porque ni nos pertenece y tal vez ni se nos tenga en cuenta para un posible reparto. De los convidados a este festín seremos los últimos en llegar y, seguro, como siempre nos tocará el papel de convidados de piedra.
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