Bisnieta del alcalde de Tacoronte en el momento que se proclama en España la I República, Vicente Peña, Domitila Hernández Hernández nació en dicho pueblo el 20 de mayo de 1897. Estudió y se preparó como modista en Cuba cuando su familia emigró al país caribeño, una formación que le permitió poner en marcha una academia de corte y confección a su regreso a Tenerife a la que acudían muchas jóvenes de la zona. Domitila percibió que sus alumnas no sabían leer ni escribir, así que se volcó en proporcionarles la enseñanza elemental. Domitila pertenecía a una familia que decían antes "de izquierdas", por lo que fue perseguida y encarcelada tras el 18 de julio de 1936, y de hecho uno de sus hermanos, Paulino, fue asesinado, y otro, Amadeo, desaparecido.
Uno de sus hijos, Julián Hernández, que reside hoy en Valencia (Venezuela), relata que Domitila falleció tras permanecer presa unos cuatro años, sometida a todo tipo de vejaciones y torturas por el solo hecho de que su familia no era franquista. Dice Julián: "La perdí cuando solamente tenía 13 años, de los que la pude disfrutar los primeros seis de mi vida, de 1930 a 1936, pues desde 1936 a 1940 fui separado de ella junto con mis hermanos". Julián cuenta que un día de noviembre de 1937, "cuando el invierno era invierno en Tacoronte, yo había estado toda la tarde, después de venir de la escuelita de doña Braulia y don Gregorio, practicando uno de mis juegos favoritos, que un niño de hoy lo vería hasta ridículo. Consistía en hacer deslizar por uno de los raíles del tranvía lleno de agua por la lluvia un barquito de papel, desde donde se encontraba en ese momento el Casino de Tacoronte, comienzo de la pendiente hacia El Cantillo. El agua de lluvia, no sé por qué, pero siempre que llovía corría con fuerza dentro del raíl y la aprovechábamos para las regatas de nuestros barquitos hasta la meta, que se hallaba frente de la venta de don Francisco López Ríos. Al lado del muro de El Cantillo, "el racimo de uvas" lo llamaban, y creo que siguen llamándolo así, porque dicen que estaba lleno de vagos, o sea, los eternos que no hacían nada en los pueblecitos canarios de aquella época. Ahora hacen lo mismo, pero de otra forma".
Han pasado más de 70 años, y en Julián "permanecen" intactas las sensaciones que ese día sentí. Los olores de las bodegas de don Miguel López, con los mostos esperando sus catas a la llegada del día de San Andrés, los olores de las resinas de los eucaliptos enormes que flanqueaban la carretera y de la ropa mojada y caliente por el cuerpo ajetreado de las carreras siguiendo el barquito en el raíl. Veo entonces una guagua que viene frente al Casino y comienza a bajar hacia El Cantillo. Yo me hallaba sentado con los pies colgando desde la terraza de mi casa. No sé por qué no le quité los ojos y la vi acercarse y pararse frente a casa. Era una guagua "perrera", no de La Exclusiva. Era azul y blanca, las otras eran rojas. De ella bajó un guardia civil, todavía hoy para mí, una figura imponente, con tricornio y capote largo y un fusil al hombro. Mis ojos de niño miraban sin pestañear y en el recorrido de la mirada por la guagua, mis ojos se encontraron con los de mi madre y me quedé paralizado. Vi cómo el guardia civil le hacia señas a mi madre para que bajara y cuando ella lo hizo yo corrí hacia ella y me metí en su regazo. Siempre siento la desilusión, pues creí que venía para casa. No fue así, pero el instante que tuve mi cabeza apoyada en su vientre y piernas aún lo siento. Lloré al darme cuenta de que no venía a quedarse. Me dijo: no llores, Chicho, que muy pronto estaré con ustedes. Siempre ha estado. Siguieron hacia la cárcel de La Orotava, donde trasladaban desde la cárcel de mujeres, de San Miguel en Santa Cruz de Tenerife, a aquel montón de madres de familia que habían sido apartadas de sus hijos, y aun hoy todavía no entiendo por qué".
Domitila permaneció encarcelada hasta el 29 de enero de 1940, con una salud resquebrajada por las palizas, torturas y vejaciones a que fue sometida, falleciendo el 1 de julio de 1943. Una asociación que lleva su nombre, dedicada sobre todo a fomentar la participación y toma de decisiones de las mujeres en todos los ámbitos sociales y públicos de Tacoronte, mantiene vivo su impresionante recuerdo.
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