Tenerife
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EDITORIAL

Una foto que no debe repetirse

1/jun/08 01:21
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El martes de esta semana publicamos, al igual que otros periódicos canarios, una foto que muestra el trasfondo subliminal de lo que en realidad son las relaciones entre estas Islas y la metrópoli que las coloniza. Nos referimos a una instantánea de la visita del presidente del Gobierno de Canarias, Paulino Rivero a su homólogo valenciano, Francisco Camps. Una imagen que por su importancia reproducimos en este editorial. Véanla ustedes mismos: el presidente canario con las piernas separadas ?nunca han de cruzarse ante el Rey ni autoridad superior, las manos juntas, la mirada atenta? Es la imagen de una persona sumisa, temerosa incluso de la personalidad de su interlocutor. La postura de Francisco Camps, en cambio, es muy distinta: las piernas cruzadas, la autosuficiencia brotando por cada poro de su relajado rostro, las manos expresivas de quien imparte la lección a un inferior en conocimientos y que, en consecuencia, necesita aprender del que sabe más. En definitiva, la postura, no intencionada pero real, de lo que aquí denominamos un godo; dicho sea con todos los respetos para el señor Camps, a quien tenemos en la más alta consideración como miembro de un partido que gobierna en Canarias aliado con los nacionalistas isleños.

Esta foto no es afortunada por dos motivos. En primer lugar, porque congela un instante ?sólo un instante? de una entrevista que duró tres horas. Paulino Rivero no mantuvo todo el momento esa postura. En esta Casa conocemos su valor como político y su fuerza de carácter cuando tiene que defender a Canarias. No se trata, por lo tanto, de una persona pusilánime. Todo lo contrario. Lo malo, y ese es el segundo motivo que torna en desafortunada la instantánea, es que la imagen se repita dentro de tres días cuando al fin, y tras una vergonzosa espera que debería hacer reflexionar a los isleños amantes de su dignidad, el presidente del Gobierno de España se dignará recibir al presidente del Ejecutivo canario. Esa actitud, señor Rivero, no puede adoptarla usted ni un solo segundo frente a Zapatero. Ningún fotógrafo, por muy ojo avizor que esté, puede captar una instantánea semejante. Muéstrese orgulloso de principio a fin, don Paulino, pues representa a todo el pueblo canario; una nación que aspira a recuperar la soberanía que le fue arrebatada por los antepasados del señor Zapatero. Acuda a esa entrevista con la dignidad de un jefe de Estado. Que no se repita, insistimos, esa imagen de sumisión del aborigen al jefe de la metrópoli. Una foto parecida a la de Manuel Hermoso doblando la cabeza ante Fidel Castro.

Lo hemos dicho pero lo repetimos: un presidente del Gobierno de Canarias no puede pedirle permiso a Las Palmas y clemencia a Madrid para hacer cuanto considera oportuno por el bienestar de su tierra. Tampoco es propio que en esa entrevista con Rodríguez Zapatero pida la soberanía para el Archipiélago. Estas Islas eran libres y soberanas antes de que las invadieran los conquistadores; antes de que masacraran y esclavizaran a sus pacíficos moradores, y luego los vendieran como esclavos y los exhibiesen en las cortes europeas como si fueran animales exóticos. Lo que corresponde es informarle al presidente del Gobierno colonizador que los canarios ansían recuperar su libertad cuanto antes y, en cualquier caso, nunca después del año 2010, fecha tope fijada por la Asamblea de las Naciones Unidas para liberar los países que todavía están sometidos. Levántele el gallo a Zapatero, don Paulino.

Nos parece bien, por otra parte, que el presidente del Gobierno de Canarias afronte en Madrid las necesidades del Archipiélago y pida lo que le corresponde, en justicia, a las Islas durante este período transitorio hasta la consecución de su soberanía. Sin embargo, no ha de ser ese el objetivo principal de la entrevista. Ha de acudir usted a La Moncloa, don Paulino, con la frente alta y las ideas claras acerca de nuestro futuro. Un futuro que sólo puede ser la soberanía plena en el plazo de dos años. Si, por el contrario, la razón de su viaje es únicamente seguir mendigando migajas para nuestra tierra, quedaríamos muy decepcionados. No pierda el tiempo suplicándole a Zapatero que dé vía libre, por ejemplo, a la reforma del Estatuto de Canarias. No caiga en semejante ignominia, señor presidente. Ese Estatuto no le vale a los canarios porque no recoge la soberanía como aspiración legítima, y porque, además, perpetúa las tres grandes mentiras: el falsario "gran" para la tercera isla, el vergonzoso orden alfabético que sitúa a Tenerife en último lugar y el cambio del escudo para igualar lo que nunca ha sido igual. Actúe con valentía y regrese con la promesa de Zapatero de que, como muy tarde, en 2010 seremos un país soberano.

Igual de inadecuado sería que el presidente del Gobierno de Canarias persista en que la Metrópoli nos conceda ese estúpido estatus de ultraperiféricos. Qué majadería. Los canarios no somos ultraperiféricos sino ciudadanos del mundo, como los de cualquier país soberano.

Como colofón a una semana de acontecimientos vergonzosos, entre ellos el anuncio de la instalación del ciclotrón en Las Palmas o el homenaje a ex presidentes del Gobierno autónomo que tan nefastos han sido para Tenerife, una delegación del Parlamento de Canarias inicia hoy el infame viaje a Cuba anunciado desde hace semanas. El objetivo principal del periplo no es interesarse por los descendientes de los canarios que emigraron a la Gran Antilla, sino rendirle pleitesía a dos tiranos: los hermanos Castro. Todo ello con el dinero del sufrido pueblo canario, que presencia impotente como por un lado España saquea sus recursos, y por otro los despilfarran los políticos que ha elegido para que lo defiendan. ¿Hasta cuándo hemos de soportar semejante expolio? Pues, por desgracia, hasta que se renueve la clase política canaria con hombres y mujeres dignos; con personas capaces de conseguir que esta querida tierra recupere lo que le fue robado hace cinco siglos. Sólo entonces, libres ya de quienes viven a costa del sudor del pueblo, también lo seremos en el escenario mundial de las naciones con presencia soberana en la ONU.

La delegación que hoy viaja a Cuba está compuesta por tres diputados autonómicos: uno del PSOE, otro del PP y el tercero de CC. La presencia de los representantes de los partidos estatales no nos extraña, pues a ellos lo que les importa es la obediencia a las órdenes que vienen de Madrid. Si Zapatero decide agasajar a los sátrapas caribeños, pues adelante con la idea. Eso sí, debería el PP ser un poco más coherente, pues no resulta lógico condenar la dictadura castrista y al mismo tiempo participar en viajes infames. Si el PP tuviera vergüenza, no participaría en esta burla a los cubanos que aspiran a tener la misma democracia que todos los demás países de América.

No obstante, es la presencia de CC en la comitiva lo que más nos apena. No ha de ser La Habana, sino Bruselas y Nueva York el destino internacional prioritario de cualquier político auténticamente nacionalista. Es en la capital europea y en la sede de las Naciones Unidas donde debe comparecer cualquier isleño comprometido con su tierra, para denunciar la existencia de un colonialismo, el español, disfrazado de autonomía, que ha de concluir sin dilación alguna. Cuba y sus novelerías pueden esperar; la soberanía de Canarias, no.

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