JUAN JOSÉ RAMOS, Vigo
El Tenerife rescató un punto en Balaídos después de una espantosa primera parte en la que le faltó de todo: fútbol, intensidad, cabeza y hasta respeto. Luego, aprovechó la inferioridad numérica del Celta para igualar la contienda y dispuso de ocasiones para anotarse la victoria y romper una racha que se prolonga ya una decena de partidos. Y es que los de José Luis Oltra son, en este tramo de Campeonato, como ese boxeador retirado que quiere volver al ring. Claro que, después de un tiempo parado, tiene unos kilos de más, un puñado de años que pesan, le falta el hambre de triunfo, el apoyo de su gente que tiene nuevos ídolos y la rapidez de piernas que antes le podían definir.
El conjunto blanquiazul es así. Su intención es la de volver a la competición, pero no le alcanza con la voluntad porque carece de la intensidad necesaria (y por eso comete tantos errores), de la confianza de jugarse algo importante (ese ascenso con el que soñó), del acierto y hasta del apoyo de la afición que lleva diez semanas esperando que su equipo gane. Y como al púgil que no quiere entender que su tiempo ha pasado, el Tenerife tampoco entiende, pero que su permanencia peligra con primeras partes tan esperpénticas como la de ayer.
Fueron minutos de amistoso, en los que un Celta más obligado a ofrecer buena imagen ante su afición, tuvo mejores intenciones. Eso sí, como también está de postemporada, concedió dos ocasiones a su rival. Santos falló un gol cantado y permitió a Esteban lucirse (8') y Pablo Sicilia cabeceó cerca del larguero una falta sacada por Longás (23'). Los insulares no marcaron las suyas, pero los gallegos sí. Perera fue el encargado de cabecear a la red un centro de Núñez (15'), en una jugada que define al Tenerife de estos dos últimos meses. Manolo Martínez, despistado, dejó libre un pasillo por el centro, Culebras dudó y Juanma ni vio al centrador. Un ejemplo de cómo no se hace el balance defensivo... y 1-0.
Hasta el descanso, todo fue un cúmulo de despropósitos. Un equipo incapaz de dar tres pases seguidos, regalando posibilidades a su adversario y sin alma. Oltra se desesperaba en el banquillo sin encontrar la solución hasta que, a tres minutos para enfilar el camino hacia el vestuario, Óscar Pérez forzó la segunda amarilla a Diego Costa. El futbolista brasileño quiso taponar el saque de una falta y el asturiano rentabilizó la acción, obligando al colegiado a dejar al bando celeste con un hombre menos sobre el terreno de juego.
Arruabarrena fue la primera "solución" que buscó al técnico tinerfeñista, que retiró al amonestado Pablo Sicilia. Como si tuviera ganas de complicarse, tampoco fue capaz de aprovechar el Tenerife un penalty cometido por Vitolo.
Nino, deseoso de tirarlos desde hace tiempo, vio como Esteban le detenía su disparo cerca del poste derecho. Un minuto después, el mazazo. Juanma, lento como el caballo del malo en las películas, se vio superado en velocidad por Núñez, que batió con tranquilidad a Navas por bajo (49'). Con 41 minutos por delante, los blanquiazules necesitaban casi un milagro. Pero el Celta se hundió físicamente y entregó el balón a los visitantes que, sin un fútbol brillante, fueron cercando la meta de Esteban. Nino volvió a fallar (como no suele hacerlo) ante Esteban (54'), tras un buen pase de Santos, cuyo protagonismo fue en aumento. Tanto que el madrileño fue el encargado de acortar distancias (66'), tras un rechace a la salida de un córner.
Ya estaban sobre el campo Hormiga y Cristo y sólo quedaban dos defensas naturales (Bertrán y Culebras). Longás se hizo dueño del balón y generó cada ataque tinerfeño. En uno de ellos, metió un buen pase a Nino, que enmendó sus errores anteriores (75').
Después de tener el partido casi perdido y de hacer un juego horrible durante muchos minutos, la escuadra canaria estaba en disposición de llevarse los tres puntos a la Isla. Pero Arruabarrena falló increíblemente tras un buen servicio de Óscar Pérez, que le dejó solo ante Esteban (83'). El tolosarra fue incapaz siquiera de contactar con el esférico, igual que incapaz fue su equipo de generar alguna ocasión más en los instantes finales que pusiera contra las cuerdas al Celta.
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