HABRÁ quien atribuya a la crisis el Partido Popular el estado de cuasi catalepsia que parece experimentar el Gobierno, que permanece prácticamente inmóvil desde hace ya meses; de hecho, el secretario de Organización del PSOE, José "Pepiño" Blanco ya ha hecho alguna mención de lo inconveniente que resulta para el país que el PP tenga esos problemas de liderazgo (mientras, naturalmente, azuzaba esos problemas todo lo que podía). Estas cosas son, dicen, propias de la política, pero es forzoso reconocer que unos políticos cultivan este comportamiento más que otros.
El caso es que han pasado dos meses y medio desde que se constituyó el nuevo Gobierno, y sus componentes dan la impresión de que aún se están tomando su tiempo para saber lo que tienen que hacer. En cierto modo, motivos no les faltan, porque no se digiere así como así que las Universidades hayan dejado de ser competencia del Ministerio de Educación, que el venerable Ministerio de Agricultura haya perdido su nombre, que siga sin saberse qué diablos va a hacer el Ministerio de Igualdad o que se hayan mantenido Ministerios como Sanidad y Vivienda, cuyas competencias han sido transferidas por completo a las Comunidades autónomas, por poner sólo los ejemplos más visibles.
Panorama sombrío
Pero la vida no se para, y la mala situación económica, cuyos indicadores más importantes son cada vez peores, se deja sentir ya en la vida corriente de las personas, las empresas y las instituciones. Estamos con el fantasma de la "estanflación" (palabro que aúna el estancamiento y la inflación) llamando a la puerta, y ya tenemos encima manifestaciones de perjudicados directos, huelgas varias, y anuncios de que la cosa no se va a quedar ahí, ni mucho menos.
El vicepresidente Solbes ya no sabe qué palabras encontrar para maquillar la crisis económica, ha tenido que anunciar que la gracieta de Rodríguez Zapatero de los 400 euros se va a comer el superávit de las cuentas públicas, y que la cosa va para largo. Es patético verle anunciar la bonanza para el cuatro trimestre de 2009, cuando todos los expertos (menos él, a lo que parece) coinciden en señalar que precisamente a partir de octubre de 2009 será cuando se note con más fuerza el enorme peso del desempleo, al finalizar el período de subsidios de paro que ahora empieza a correr, mientras más y más personas engrosan las listas de los buscadores de trabajo; y eso sin contar los efectos sociales que acompañan siempre a los económicos en esta materia sensible: en efecto, serán muchos los inmigrantes que perderán el empleo, pero ellos no tendrán el alivio del colchón que han representado en España las familias para amortiguar este golpe. El futuro próximo, en este aspecto, es ciertamente sombrío.
La muerte del magistrado
Es probable que los partidos nacionalistas hayan interpretado que la parálisis del Gobierno es una manifestación de debilidad, porque tanto el lehendakari Ibarretxe como el presidente de la Generalidad de Cataluña José Montilla han empezado a aplicarle presión: el primero, con la aprobación por su Gobierno autonómico de otro "plan Ibarretxe" que contiene ya un calendario concreto para hacer consultas sobre si hay que hacer consultas acerca de la autodeterminación, que llaman "derecho a decidir" sin engañar a nadie; el segundo, anunciando que no van a aceptar que se prescinda de la bilateralidad en las relaciones del Gobierno autonómico catalán establecida en el Estatuto que sigue en la mesa del Tribunal Constitucional pendiente de sentencia.
La vida no se para, y después de las elecciones han vuelto a emerger todos los mismos problemas que había cuando se celebraron, incluido el de la sentencia mencionada, que no acaba de dictar el TC porque tras la recusación de Pérez Tremps el empate de seis contra seis se rompió, y ya no podía valer el voto de calidad de la presidente Emilia Casas. Sin embargo, la inesperada y repentina muerte del magistrado Roberto García-Calvo ha restablecido el empate, que ahora es de cinco contra cinco. El voto dirimente de Casas vuelve a ser decisivo.
El semanario "Época" ha publicado una apasionante información acerca de Vicente Garcerán Martínez, la persona que, poco tiempo antes del óbito del magistrado, lo había denunciado por haberlo amenazado con una pistola en una discusión de tráfico, aunque cuando hubo de ratificarse ante el Supremo retiró todo lo dicho en la denuncia: ni pistola, ni amenazas, ni nada de nada. Pues bien, resulta que el tal Garcerán ha tenido relaciones frecuentes con el Centro nacional de Inteligencia (CNI). Ésta es una oscura historia sobre la cual ya ha sido emplazada con el trámite de urgencia la vicepresidente del Gobierno, Fernández de la Vega, para dar explicaciones.
El congreso del PP
Por lo demás, la semana política no ha deparado nuevos sobresaltos en los preparativos del congreso del Partido Popular que se celebrará la tercera semana de junio. Parece que Mariano Rajoy tiene por ahora un respiro tras la acumulación de pésimas noticias que empezaron con la dimisión de María San Gil, y continuaron con la baja de militancia de José Antonio Ortega Lara y diversas manifestaciones hostiles hacia la permanencia de Rajoy como presidente del partido.
Destaca, entre las más de mil enmiendas presentadas a la ponencia política, la de totalidad presentada por un grupo de relevantes miembros del partido, encabezados por Alejo Vidal-Quadras, ex presidente del PP en Cataluña y hoy vicepresidente del Parlamento Europeo. Se acerca el momento de que empiece el baile.
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