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A ESTAS ALTURAS CARMEN RODRÍGUEZ WANGÜEMERT

Recortable

1/jun/08 01:20
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Esperábamos. Ella también. En uno de los andenes del tranvía estaba la niña de carcajada inolvidable, la niña que me devolvió la imagen de los antiguos recortables; la que llamo niña recortable.

Brincaba, corría, desafiaba. Saludaba la niña de cara de muñeca, e inventaba artimañas para atraer más allá de los imanes de sus ojos rasgados, indianos? indígenas. Tenía la niña recortable la silueta inconfundible que se arranca del mapa de la emigración. Decía y cantaba. La niña inmigrante irradiaba el perfil de la dulzura que despega de la inocencia. Bailaba y contaba.

Jovial, decía que celebraría el Día de Canarias. Que se vestiría de lechera, que tenía una falda roja muy larga y una camisa blanca -explicaba-. También que no quería sombrero. Imaginaba, mirándola, su traje canario de confección china y de impuro tipismo -de mezcla-, y lo vislumbraba prendido a través de la frágil doblez de las pestañas de papel de los viejos recortables.

Cantaba, ensimismada, los recortes del estribillo de la canción de Chikilicuatre, una y otra vez. Y la supuse tarareándola, con la mixtura de su traje superpuesto; con su melena negra, inconfundible y envidiable, y de ricos genes selváticos. Y la figuré en el movimiento rítmico de un baile reinventado de misceláneas. Porque la niña también bailaba, con garbo, como se mueve en cualquiera de los andenes del tranvía la realidad de todos nuestros mundos de recortables, si queremos sentir la mezcolanza; si sabemos vivirla? mientras esperamos.

De la mano de su madre, la niña recortable contaba sobre el trabajo, sobre los sin papeles, sobre Extranjería y la residencia... Narraba sobre la búsqueda de hueco. Corriendo junto a su madre, relataba sobre la esperanza y la desazón, la incertidumbre y la expectativa frente a las ocurrencias políticas.

Esperábamos. Ellas también. En cualquiera de los andenes del tranvía, anhelábamos, con los contoneos de la niña, que fuera real el mundo de recortables, de superposiciones, de surtidos, de amalgamas e intercambios. Confiábamos en que, si no por Eurovisión, que al menos fuera cierto que, desde nuestros recién estrenados raíles, se convenciera Europa de algo, de que la sonrisa de dientes de leche de la niña recortable no es la de la delincuencia.

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