Santa Cruz de Tenerife

Los tesoros ocultos del Cabrera Pinto

Un proyecto impulsado por profesores del instituto lagunero propone transformar el "corazón" del edificio más antiguo en un centro museístico permanente. Con la apertura de las salas de Antropología y Arqueología y de Artes Visuales se ampliarían a cinco las dependencias de interés artístico en el que fue el ex convento de San Agustín.
JORGE DÁVILA, S/C de Tfe.
31/may/08 2:01 AM
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El costado más popular del Instituto de Canarias Cabrera Pinto es inconfundible. La torre que trepa hacia el cielo cuando la calle San Agustín ya casi roza la Concepción es una de las postales más clásicas de Aguere. Centro académico de largo recorrido -se fundó en el año 1846-, entre sus documentos históricos aparecen los expedientes académicos de Benito Pérez Galdós, Óscar Domínguez o Juan Negrín. Eso sí, no son los únicos tesoros que protegen los muros del antiguo convento agustino. En el plano de Leonardo Torriani -ingeniero italiano que Felipe II envió a Canarias para estudiar y mejorar las fortificaciones insulares- se trazó el perímetro de una edificación que creció cerca de la antigua laguna y que dio nombre a la arteria principal de la Ciudad de los Adelantados.

Hoy, en plena revolución tecnológica, su actividad educativa ha emigrado a las infraestructuras que lindan con la vía de Anchieta y en la zona noble de la construcción más pura ha diseñado un pequeño circuito de museos que madura en silencio gracias a la suma de los esfuerzos anónimos de los profesores que se han preocupado por la difusión de la herencia cultural existente en el Salón de Actos y en las salas Agustín Cabrera Díaz, Blas Cabrera y Felipe, Mariano de Cassío y Anatael Cabrera Díaz, las dos últimas todavía bajo llave por uno de esos misterios burocráticos que amenazan con enquistarse o, incluso, desaparecer con el paso de los años.

Los que hayan tenido la fortuna de pasear por el claustro principal, al margen de disfrutar con un planteamiento renacentista en el que la madera se fusiona con la cantería rojiza de influencias toscanas, se han podido cruzar alguna vez con una exposición en la sala acondicionada junto a las dependencias que en su día dieron cobijo a la sala de profesores y a la secretaría del Cabrera Pinto del último tercio del siglo XX. Incluso, es posible que hayan tenido la oportunidad de ver la riqueza plástica que se concentra en el Salón de Actos, la colección de Historia Natural, distintas joyas de su archivo histórico o los fondos de la biblioteca. Más difícil, por no decir imposible, resulta ver lo que todavía se "esconde" en las salas Mariano de Cossío y Anatael Cabrera Díaz.

Junto a los cipreses

Ambas vuelan sobre el Claustro de los Cipreses, en la que es una de las áreas que más se renovaron en la última mutación del edificio. Las salas Mariano de Cossío y Anatael Cabrera Pinto son mucho más que una idea de museo. Aún hay que darle los últimos remates, pero ya se ve la esencia de lo que serán las galerías de Antropología y Arqueología y de Artes Visuales. Eso sí, queda lo más importante; poner en marcha un sueño que hoy sólo es la última estación de un viaje que emprendió -en la segunda mitad del siglo XIX- el Gabinete de Historia Natural.

El espacio, a pesar de que no es excesivamente grande, resulta acogedor. Todo se distribuye, según el diseño museográfico de El Alfar, en dos paños, aunque al entrar en la habitación, inevitablemente, los ojos se van directamente a buscar unos restos momificados que ocupan la vitrina central. La colección de antropología está compuesta por 900 piezas óseas que constituyen uno de los testamentos arqueológicos más valiosos que dejaron los antiguos habitantes del Archipiélago. Los fondos que cedió la Universidad de San Fernando son uno de los pilares sobre los que se creó, en el curso 1895-1896, el Gabinete de Historia Natural que empezó a tomar cuerpo coincidiendo con la etapa de Quintín Benito al frente de la dirección del Cabrera Pinto. Sin embargo, una de las claves de la sala se distingue en uno de los expositores superiores. Una colección de cráneos lleva la firma de Anatael Cabrera Díaz, profesional de la medicina y docente, que donó restos que se recuperaron en yacimientos arqueológicos del norte de la Isla de Tenerife como, por ejemplo, en Las Goteras y La Laja, en las montañas de Bajamar, o en el barranco del Agua de Dios, en el municipio de Tegueste. A partir de este dato, la estancia que acoge la muestra no podía tener otro nombre que no fuera el de uno de sus valedores.

Laboratorio del "pasado"

Pero la sala Anatael Cabrera Díaz es algo más que una ventana que se abre al mundo de los guanches. Cada una de las piezas que allí se exponen es un caudal de información para los investigadores. Sobre esta pista trabaja desde hace más de una década y media el departamento de Biología y Geografía e Historia, exactamente, un equipo multidisciplinar que está en el Programa de Educación Ambiental de la Dirección General de Ordenación e Innovación Educativa del Gobierno de Canarias.

En esta alianza también se han incluido el departamento de Prehistoria, Antropología e Historia Antigua de la Universidad de La Laguna. Como resultado de todas las investigaciones que se han precipitado en los últimos años, hoy se puede contar con una información más detallada en las áreas de Medicina Interna, Genética, Química Analítica y Parasitología. No obstante, aún se mantiene la incógnita respecto al sexo de la momia.

"Hace unos años pudo salir del edificio (Cabrera Pinto) cuando se planteó la posibilidad de realizar un estudio más específico, pero al final aparecieron unas dudas sobre la posibilidad de que la perdiéramos definitivamente y se optó por trabajar con ella desde aquí", dice la catedrática de Geografía e Historia que nos sirve de guía por unas dependencias que aspiran a tener el calor de los visitantes en breve. "Es una pena que una exposición de estas características y la otra (la de Artes Visuales) no tengan más difusión, tanto para los visitantes como los grupos de escolares que pueden encontrar en ellas buenas fuentes de conocimiento", señala.

Hay pistas, más o menos sólidas, que sustentan la hipótesis de que la momificación, cuyo cráneo no se corresponde con el cuerpo, es femenina. "Ya estaba en el centro cuando se produjo la visita real de Alfonso XIII", aclara la especialista Ana María García, justo antes de adelantar que recientemente se obtuvieron nuevos datos del análisis químico de los huesos que revelaron que este antepasado se alimentó, entre otros productos, de rizomas (raíces de helechos). Cráneos, mandíbulas, huesos largos y vértebras se ordenan, como si estuviéramos en una farmacia de otra época, en gavetas que algún día se abrirán al público para mostrar una parte de la historia del Archipiélago que no está al alcance de la sociedad.

Pinturas en la "sombra"

Oficialmente, la sala que fue bautizada como Mariano de Cassío se inauguró coincidiendo con la celebración de las II Jornadas de Institutos Históricos de España, pero dos años después está cerrada. A pesar de la belleza y la calidad de cada una de las obras que cuelgan de sus paredes, en realidad la colección no ha estado expuesta de forma permanente. Los beneficios visuales que se aprecian al acceder a la habitación son el resultado final de un largo proceso de investigación que, por las obras que aún permanecen en el "taller" que crearon los expertos en Historia del Arte, está por completar.

La marca del Goya grabador se percibe en una habitación mucho más grande que la de Antropología y Arqueología. Este espacio cuenta con una trastienda en la que se amontonan cuadros que estaban ubicados en distintos lugares del viejo edificio a la espera de que alguien les devuelva el protagonismo que en su día tuvieron. Son propuestas pictóricas con menos fuerza (o nombre) que las que llegaron procedentes del Museo del Prado en el arranque del siglo XX, pero igual de hermosas. La figura de Mariano de Cassío se acentúa en un grabado donado por su familia, en el que el pintor aparece en medio de un grupo de alumnas del Cabrera Pinto.