Jornada Deportiva
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JUEVES, 29 DE MAYO DE 2008
JOSEMI ÁLAMO MENDOZA Y SEIS NOMBRES MÁS *

¿Es idónea la inversión pública en instalaciones deportivas?

El esfuerzo inversor que han realizado las administraciones públicas españolas en instalaciones deportivas en los últimos diez años es innegable. La mayoría de las comunidades autónomas aúnan inversiones anuales superiores a los doscientos millones de euros. Lo que significa del orden de dos mil millones de euros de inversión por comunidad en la última década. De hecho, en España se ha logrado un incremento de instalaciones deportivas públicas del 20% en este período. En este mismo sentido, la mayoría de municipios españoles cuentan con ratios de oferta de instalaciones deportivas excelentes. En muchos casos, estos implican un reparto de 400 o menos habitantes por instalación (aunque muchas de estas instalaciones tienen capacidad para más de 1.000 usuarios).

Sin embargo, paradójicamente, desde 1995 hasta ahora, el porcentaje de españoles que no practica ningún deporte se mantiene prácticamente inalterado en torno al 60% de la población. Y, aun más preocupante, el porcentaje de españoles que practica deporte en instalaciones deportivas públicas ha decrecido en un 4% en los últimos cinco años (García Ferrando, catedrático de Sociología y autor de los estudios más relevantes sobre práctica deportiva de los españoles desde 1995).

Además, otra muestra de retroceso es que en el último estudio sobre práctica deportiva de los españoles, por primera vez desde que se iniciaran las encuestas de hábitos deportivos en España, la práctica del deporte no se encuentre entre las diez actividades realizadas con mayor frecuencia. Pero, aun más decepcionante para los que firmamos este documento, es que Canarias, junto a otras dos comunidades, posee el dudoso honor de liderar el mencionado retroceso en la práctica deportiva. Por tanto, ¿para qué han servido tantos millones de euros invertidos en instalaciones deportivas? ¿Es la inversión en instalaciones deportivas la solución a los bajos niveles de adherencia al ejercicio físico? Evidentemente, no.

Las inversiones en instalaciones deportivas públicas han sido el camino fácil, espectacular y, por qué no decirlo, electoralista, para justificar una gestión deportiva que, a tenor de los resultados, ha sido peor que mediocre.

Por otro lado, sería absurdo estar en contra de la inversión pública en la promoción del deporte. Pero la clave de una buena gestión es maximizar los resultados con unos recursos determinados. En este sentido, consideramos que se han cometido algunos errores importantes:

Primero, no se han planificado correctamente y de forma ajustada a las demandas sociales reales muchas de las inversiones en instalaciones deportivas. Dándose situaciones de reiteración de la oferta de instalaciones y servicios ya cubiertos (ej. salas de fitness), mientras se dejaban desatendidas otras demandas y segmentos importantes de la población (ej. niños y adolescentes) ¿qué porcentaje de las instalaciones deportivas públicas han sido objeto, en su génesis, de un exhaustivo estudio de viabilidad?

Segundo, y más importante si cabe, se han invertido cantidades enormes en hardware (lo tangible, las instalaciones) y cantidades ínfimas en lo más importante, el software (lo inmaterial, la cultura deportiva). En este sentido, cualquier deportista veterano reconoce que el que quiere entrenar lo hace aunque sea en un garaje, porque lo realmente importante es querer.

Vale la pena incidir en este segundo punto. Son numerosos los autores (entre otros Lagardera y Puig) que coinciden en que los motivos que conducen a la práctica deportiva son una consecuencia lógica de una cultura deportiva.

Resulta significativo que el 71% de los que no hacen deporte es por falta de afición o formación. De hecho, según García Ferrando, "el abandono de la práctica deportiva entre los jóvenes a edades cada vez más tempranas, se encuentra detrás del mediocre nivel, cuantitativamente hablando, de la práctica deportiva en el ámbito nacional".

Citando una vez más a García Ferrando, "respecto a las variables sociodemográficas que parecen incidir significativamente en los motivos de abandono, destaca la edad de una forma concreta y preocupante, ya que son los más jóvenes los que citan en mayor proporción que el resto, que el deporte no les gusta. Y aun más, son también los más jóvenes los que citan, como motivos de no práctica la pereza y desgana que sienten y que no le ven utilidad. El resultado que más llama la atención y que tiene mayor significación sociológica para el argumento que venimos desarrollando es que el grupo de jóvenes de 15 a 24 años es el que en mayor proporción que el resto aduce los motivos de "no le gusta" y "por pereza y desgana", como justificación del hecho de no haber practicado deporte supuestamente más allá de las no muy numerosas clases de educación física que son obligatorias en los planes de estudio de carácter escolar".

Además, el 32 % de los padres españoles confirma que sus hijos no practican deporte durante la semana fuera del colegio, y casi un 20% afirma que sus hijos no dedican nada del tiempo de ocio a la actividad física.

Llegados a este punto, cabría preguntarse: ¿es posible crear una cultura deportiva con las dos horas semanales de Educación Física que contempla nuestro sistema educativo y que finalizan con el bachillerato (a los 18 años)? ¿Qué se está haciendo desde las administraciones públicas para crear cultura deportiva en los niños y jóvenes? ¿Se están administrando correctamente los fondos públicos en materia de deporte? ¿Se limita el papel de los responsables de la gestión deportiva pública a invertir en instalaciones deportivas?

Crear y desarrollar una auténtica cultura deportiva no es una tarea fácil. Exige estudio, planificación, recursos económicos, constancia. Pero? ¿para qué si no les pagamos a los servidores públicos?

* También firman este artículo: José Calero Fernández, Sebastián Jiménez González, Eusebio Martín Izquierdo, Sergio Celis Alemán, Héctor Marrero Rodríguez y Javier Quintero Gutiérrez

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