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Prisión para un constructor y un albañil por los cascotes que mataron a un bebé

El juzgado sentencia que la empresa actuó con negligencia al colocar un revestimiento sin tratar el antiguo y condena al propietario y al albañil a dos años de prisión por homicidio imprudente, mientras que absuelve a la dirección de la comunidad de vecinos "por no tener conocimientos en materia de construcción".
28/may/08 20:44
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EL DÍA, S/C de Tenerife

El Juzgado de lo Penal número 5 de Santa Cruz de Tenerife ha condenado a Manuel Jorge Martín e Hipólito García Armas a una pena de dos años de prisión al considerarlos culpables de un delito de homicidio imprudente por ser el propietario de la empresa constructora y el albañil que realizó un revestimiento en la fachada de un edificio de la calle Felipe Pedrell que cayó sobre un bebé y le causó la muerte.

Asimismo, declara la libre absolución de la presidenta de la comunidad de vecinos en aquel momento y del anterior dirigente -que fue el que contrató los servicios de la citada empresa- por considerar que, aunque no actuaron correctamente por no exigir el asesoramiento y la supervisión de una dirección facultativa y por no solicitar una revisión de la obra una vez que comenzó a caer arenilla y pequeños trozos, "carecían de conocimientos en materia de construcción y, en consecuencia, no ha resultado acreditado que supieran de la deficiente ejecución del revestimiento pétreo aplicado y de la falta de adherencia del mismo, máxime cuando seis años antes se habían realizado obras de rehabilitación en la fachada".

Por otra parte, a los condenados también se les obliga a pagar 150.000 euros a los padres del bebé fallecido en concepto de indemnización.

El tribunal considera probado que la junta de propietarios aprobó el 4 de julio de 1996 la ejecución de unas obras de mejora de la fachada consistentes en colocar un nuevo revestimiento. Esta obra le fue encargada al propietario de una empresa que, a su vez, contrató a un albañil y dos peones que lavaron la fachada con agua a presión y aplicaron un material pétreo, lo que impidió una correcta unión y provocó su desprendimiento el 13 de febrero de 2002 sobre un bebé de once meses.

Los cascotes que cayeron sobre el bebé le produjeron numerosas heridas, aunque fue una inciso contusa en región parietal derecha la que le causó la muerte al destruirle centros neurológicos vitales.

Los padres, disconformes

Al conocer el fallo judicial, los padres del bebé han manifestado a su abogado su intención de que el fallo sea recurrido de inmediato, ya que no comparten el hecho de que la junta directiva del edificio haya sido absuelta, ya que consideran que la comunidad, representada por la presidenta, es responsable de la tragedia, por no haber exigido que se tomaran las medidas de prevención y protección oportunas, ya que los pequeños desprendimientos, según varios testimonios, se venían produciendo desde hacía varios meses.

A consecuencia de la muerte de del bebé, la madre sufre todos los síntomas de un cuadro ansioso-depresivo grave y estrés postraumático de carácter crónico, hallándose en tratamiento, mientras que el padre sufre estrés postraumático con sintomatología ansioso-depresiva, también con medicación.

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