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La segunda montaña

La panorámica es simplemente apabullante a la llegada de la expedición Canarias 8.000 a la cima del pico más alto del macizo, el Agssaussat. Desde el mismo se divisa hasta el mar de Baffin, mas allá de los fiordos. El descenso fue más largo que la propia ascensión y el equipo llegó al campamento totalmente agotado.
28/may/08 10:36
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JORNADA, S/C de Tenerife

La noche volvió a ser fría. El termómetro cayó, acariciando la barrera de los quince bajo cero. No es demasiado, pero es más que suficiente cuando alguno tiene que salir del cálido saco de dormir en la claridad de la gélida madrugada para realizar sus necesidades fisiológicas.

El campamento de la Expedición Canarias 8.000 se erige a la sombra de la montaña más alta del circo, el Agssaussat. Sus afiladas aristas y acornisada cumbre tapó el sol al anochecer, haciendo que la temperatura cayese en picado. El grupo pensó en tomarse la revancha amistosa, miró hacia la cumbre, más de 1.000 escarpados metros por encima de ellos.

Se vistieron de nuevo "de romanos" y comenzaron a caminar hacia su cercana base. Se dividieron. Existe una ruta evidente a la cumbre, ascendiendo primero hasta un collado y luego siguiendo la arista sur, por canales de nieve y roca, más larga pero también menos expuesta, en principio, y por ahí se encaminan Ulises, Ricard, Chus, Joanto y Pedro.

Antonio y Ciscu eligen una vía más directa y difícil, un elegante corredor de nieve de casi 700 metros, con una inclinación mantenida de hasta 70 grados. La expedición quedó en reunirse en la cumbre para la foto, como siempre. Pura rutina.

El primer grupo ascendió, trabajosamente, hasta el collado por una nieve en plena transformación por el calor y, sobre la marcha, encaró la arista por un espolón de roca descompuesta que complicó mucho el avance y amenaza con desprender rocas sobre los compañeros. Se avanzó con tiento.

En el gran corredor, Ciscu y Antonio, que han comenzado con prudencia y casi con desconfianza, comienzan a entonarse y a disfrutar de la vía. Escalan a la par, sin cuerda, hablando y comentando las incidencias del viaje, pero sin perder por un momento la concentración. No hay margen para el error, pero afortunadamente la nieve, aunque cambiante, se encuentra en buenas condiciones. En apenas dos horas y media alcanzan la arista cimera y, media hora más tarde, la cumbre.

Apenas una hora más tarde llegan los otros cinco cresteando por estrechos pasillos de nieve entre espigones de roca. Pasan de puntillas por algunas vertiginosas cornisas sobre el ahora lejano valle de procedencia y se asoman al último tramo, una afilada y acanalada arista de 100 metros que conduce a una cumbrecita de apenas tres metros cuadrados, posiblemente el espacio de Groenlandia con mayor densidad demográfica en esas horas del día.

La panorámica fue simplemente apabullante. Es la montaña más alta de esta parte del macizo. Se divisa hasta el mar de Baffin, más allá de los fiordos. El grupo se arrebujó en un saliente de roca, azocado del viento y lejos de las amenazantes cornisas y se relajó un instante antes de comenzar la bajada.

El descenso es más largo que un día sin pan y agota, más que la propia ascensión. Eligieron la nieve para bajar porque les ofreció, a simple vista, más seguridad que la roca meteorizada. Descendieron de espaldas a la pendiente, clavando ambos piolets y los crampones.

A las cinco de una luminosa tarde ártica arribaron al campamento. Llegaron cansados, pero contentos, con la sensación de que han cumplido con sus objetivos, que el tiempo ha sido benigno con ellos y que han tenido la suerte que muchas veces separa el éxito del fracaso.

Mal tiempo de nuevo

El mal tiempo ha regresado. El azul añil ha dejado paso al gris marengo. El viento ártico ocupa, en estos momentos, nuestro valle, arrojando frío y nieve sobre el campamento, inmovilizándoles en las tiendas hasta que escampe.

No obstante, hay que precisar que cuando se tienen los "deberes hechos" esta espera no llega a desesperar. Se lo tomaron con calma. Hablaron mucho, leyeron, hicieron visitas de cortesía a la tienda de al lado, escucharon música, y poco más. Les llamó la radio, Radio El Día, y mientras se enganchaban en la mesa, oían de fondo las noticias del informativo, alguna bronca entre los partidos políticos, y parecía tan absurdo e irreal, tan irrelevante e insignificante que les costaba entender cuál era la razón que les llevaba a porfiar tan desaforadamente.

Ese es, en definitiva, otro de los beneficios de este tipo de viajes, que permite aislarse y evadirse del mundanal ruido y, a la larga, diferenciar la paja del grano. No es poco, en los tiempos que corren actualmente.

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