BENJAMÍN REYES, Tenerife
Jorge Fonte (Santa Cruz de Tenerife, 1967), después de cinco libros sobre Walt Disney se sumerge en el cine de "El Rey Midas" a través del ensayo cinematográfico "Steven Spielberg. De Duel a Múnich. En busca de la película perfecta", una publicación que sale a la luz con una tirada inicial de diez mil ejemplares, coincidiendo con el estreno de la última película del director estadounidense: "Indiana Jones y el reino de la calavera de cristal".
-¿Por qué cree que Steven Spielberg se ha convertido en el director más taquillero de todos los tiempos?
-Porque ha sabido conectar con el público de una manera que otros no lo saben hacer. Además, utiliza un lenguaje muy directo de cara al espectador. Buena parte de su secreto estriba en que él se antepone como espectador a sus propias películas. Rueda los filmes que a él le gustaría ver como espectador.
-Las películas de Spielberg generan devotos partidarios y detractores furibundos. ¿De qué parte está?
-Parto del punto de que me gustan sus películas. Considero que es uno de los grandes entre los grandes. Spielberg está entre los cinco mejores directores de la historia del cine. Sus números, los premios y su prestigio lo avalan. Estoy seguro que hasta los más acérrimos detractores se han emocionado con alguna de las veinticinco películas de Spielberg, aunque no lo quieran reconocer. Puede que ahora de adultos lo repudien, pero seguro que cuando tenían 16 años se emocionaron con "Tiburón" o "E.T". Si no, es que no son humanos.
-Es uno de los pocos cineastas que consiguen que sus filmes trasciendan al imaginario colectivo. ¿A qué cree que es debido?
-Ése es uno de sus grandes logros. Ha conseguido crear fobias y poner temas de moda según sus películas. Después de "Tiburón" hubo una psicosis de bañarse en la playa. Con "Encuentros en la tercera fase" y "E.T" despertó el interés hacia los habitantes de otros planetas de una forma como antes nunca se había visto. El fenómeno jurásico fue algo que nos invadió de una forma desmesurada.
-Existe en su cine una dicotomía entre el cine como mero espectáculo y el cine con inquietudes artísticas.
-Ha habido una evolución en su cine. Empezó siendo un cineasta puramente visual. Sus primeras películas buscaban el impacto visual a través de las imágenes. A medida que se fue formando como artista fue cuando empezó a interesarse por otro tipo de temas.
-A pesar de ser considerado "El Rey Midas" también ha tenido sonoros fracasos en taquilla, como es el caso de "1941" (1979), "El imperio del sol" (1987), "Para siempre" (1989) o "Amistad" (1997).
-Un hombre que hace una película con 7 millones de dólares y recauda 400, da lo mismo los fracasos que tenga. Con esos 400 millones ha validado todos sus fracasos. Ha tenido tres o cuatro sonoros fracasos, mientras ha tenido veinte sonoros éxitos. No todas las películas de John Ford son obras maestras ni las de Billy Wilder. Sus errores lo convierten en humano.
-Usted dedica una parte del libro a la presencia de Dios en el cine de Spielberg. ¿Quizá su condición de judío lo ha marcado?
-Es uno de los puntos originales del libro. A medida que iba viendo su filmes me percataba de constantes referencias a la religión, de una manera o de otra. Los autores que han tratado a Spielberg anteriormente han pasado por alto este asunto. De él, en España, ya hay cinco o seis títulos. Cuando me enfrenté a este libro mi principal reto era no repetirme. Encontrar un tema que nadie lo hubiera tratado fue un golpe de suerte para mí. Lo he desarrollado para cubrir ese hueco que hasta ahora no se había trabajado. Todas sus películas presentan connotaciones religiosas, que tienen un trasfondo espiritual. Spielberg no es sólo efectos especiales, no es sólo "E.T".
-¿Qué sería del cine de Spielberg sin las bandas sonoras de John Williams?
-Probablemente estaríamos hablando de otra cosa. Su música es fundamental en el cine de Spielberg. El propio director dice que él fue quien puso a Elliot en la bicicleta de "E.T"., pero quien lo hizo volar fue Williams. Los cuatro primeros compases de Indiana Jones consiguen que inmediatamente se vincule al cine de aventuras. Si se escucha las primeras notas de "Tiburón" enseguida se piensa en cine de terror. Muy pocos compositores han logrado esto. Es difícil tararear algo de Max Steiner ("Lo que el viento se llevó"). Sin embargo, de Williams se pueden tararear cuatro o cinco temas. John Williams es el mejor compositor de bandas sonoras de los últimos veinte años. Spielberg ha sabido rodearse de los mejores en cada campo de la producción cinematográfica.
-Spielberg se ha definido como un niño grande con complejo de Peter Pan. ¿Será por eso que algunos tildan su cine de infantiloide?
-En su primera etapa había una sobredosis de niños. Eran personajes que entorpecían la acción, menos en "E.T". Para contrarrestar esto, tiene dos niños impresionantes: Haley Joel Osment en "Inteligencia artificial" (2001) y Dakota Fanning en "La guerra de los mundos" (2005).
-Existe la creencia generalizada de que Spielberg es el verdadero artífice de "Poltergeist" (dirigida por Tobe Hooper en 1982). ¿Hasta que punto eso es cierto?
-La película es de Spielberg en un 70 por ciento. Él reescribió el guión. Eligió a los actores y al equipo técnico. Se pasó por el "set" de rodaje más de lo que debía. Supervisó el montaje y la sincronización de sonido. Y planificó la promoción de la película. Todo eso, sin contar con el director. No podía reconocer que la cinta era suya porque estaba dirigiendo "E.T.", y el sindicato de directores prohíbe que una misma persona dirija dos filmes al mismo tiempo.
-¿Qué le parece que Spielberg estrene una cuarta parte de Indiana Jones con un Harrison Ford de 65 años?
-La ha hecho porque el público la demandaba. Indiana Jones está demasiado vinculado a Harrison Ford. Sería muy difícil imaginarse a otro actor en ese personaje. Es un tipo de cine que atrapa los restos de la infancia que quedan en el adulto. Necesitamos ese tipo de cine.
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