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28/may/08 01:10
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EN EL AVIÓN London-Hong Kong para trasladarte a comprar maletas o jarrones a la Feria de Cantón. Una cena, un desayuno, una comida, cuatro películas, cuatro pipís, un popó? y ni se sabe de posturas e intentos de conciliar diez minutitos el sueño en ese pasillo volador, con el tipejo holandés que manda codazos y el coñazo, desde que despegas hasta que aterrizas. Jodiendo, desde el asiento derecho, para el castigo de Dios. El elemento es un elefante, gordo y animal y no deja ni respirar. Reparten unas tiras con goma para taparte los ojos (a modo de gafas opacas) y calcetines para descalzarte en el vuelo y al nota ni le cabe una cosa ni la otra. Más o menos, te integras y soportas aquello de estarte quietito en el aparatito. Aterrizas reventado, entre rascacielos, en una semiplataforma flotante y desembarcas en un edificio aeroportuario de los más modernistas y vanguardistas del planeta. "Un mal trago, bonito", sería la frase, con la que resumiría el salto con British Airways (u otra) con origen en esa capital europea hasta "la Conchinchina". Si partiste desde Tenerife, estás más molido que un zurrón y desconoces con seguridad si es de día o de noche. Además no te importa un carajo, lo que quieres es acostarte. Estás sudado y necesitas una ducha, por lo menos, con lo que te pones a empujar para salir de esa cárcel voladora. Al holandés ni lo miras. No hay necesidad. Zumbado, como con resaca, sin encontrar uno de los zapatos, que finalmente lo localiza el citado argentino de las bicicletas cinco asientos por delante. El cambio horario hace que el ritmo biológico se distorsione de tal manera que durante los siguientes días lo mismo, estás fresco como una lechuga a las tres de la mañana que te viene un sueño de caballo antes de comer. Te descontrolas como una pardela con el foco del Peñón. Colocado como un piojo.

En Hong Kong (si vienes desde Londres), pasaras fácilmente los controles y, como todo el mundo habla inglés, con decirle "jotel" al taxista, te llevará a uno cualquiera. Que espere un momento. Echas un ojito y si es mucho o poquito, le haces con la mano más arriba o más bajito. Los chinos no entienden mucho las señas, pero si les pagas, hacen un esfuerzo. Te darás cuenta enseguida de que dialogan con tonos más acentuados que los europeos. Como si yo estuviera hablando con la voz ronca de Matías Prats y de repente cambiara a la angelical de Heidi. De repente, como si cantara un "gol" "gol"? y de golpe tornara a amanerado o mariquita. Siempre en chino, háganse a la idea. Si oyes al taxista dialogar por la emisora o la radio, te asombras. Un espectáculo de circo. Toca, sin demora, asear y descansar en esa habitación con frutas y flores y músicas de colores. Como un rey y comiendo como un "quico". Tratan a todos los occidentales como si todos fueran ricos, así que seguro va a estar cómodo y atendido.

Ya un poquito descargado, baje y dígale al recepcionista que quiere marchar a la estación de tren para viajar al interior del estado milenario. Hágalo con firmeza. Con que le largue "Kao Lung esteishon" es suficiente y si no lo entiende, repítalo. A veces son cortos. Tiene la opción de volver a alquilar el taxi, que es más caro, aunque asequible y veloz. Le sorprenderán muchas cosas. Primero, va a pasar por debajo de un brazo de mar que separa la isla, donde estaba el primer asentamiento inglés del continente. Como si conectara desde San Andrés al Palmétum por bajo mar. Cuando salga del túnel, verá un montón de edificios de muchas plantas, la mayoría del grosor de palillos, filamentos o espaguetis. ¿Por qué? Pues porque un alto porcentaje de familias reside en pisos de escasos 30 ó 40 metros, poniendo mucho. Nada más hay que fijarse en los balcones y lo aprovechaditos que los tienen. Ropa, pájaros, colchones, gimnasios, plantas? La estación es inmensa y optando por el ferrocarril (puede ir en avión) se coloca en la dichosa ciudad interior de Cantón en una tarde. Cuenta con una de las ferias más internacionales del país y allí exponen miles de fabricantes de todas sus regiones. Usted busca archivadores y jarrones, en eso habíamos quedado. Los encontrará fácilmente. Sin problemas, está señalizado. Cuando analice las mercancías de los stand, verá muchas interesantes, pregunte los precios. Se asombrará por las patas pa'bajo. Tome una tarjeta de visita del sitio, deje la suya y siga mirando. Al final elija y ellos mismos le facilitarán cómo abrir el crédito y cómo hacer la operación. Todo fácil, teniendo dinero detrás. Lo más seguro es que dentro de unos meses reciba en Tenerife los container . Si lo vende rápido, volverá o mandará a alguien, pero ya le aviso de que lo probable es que sus hijos hereden archivadores y jarrones. Será complicada la originalidad y acierto, porque es un camino trillado y ya bastante choteado. Aparte de los 5.000 euros del viaje, de la paliza, el riesgo, el coñazo, el anticipo de dinero y los costos financieros y de transporte, no hay ningún inconveniente. Está ahí mismito. Vaya a China a comprar.

Infburg@Yahoo.es

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