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La vergüenza del Chikilicuatre

28/may/08 01:10
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ME DIO verdadera vergüenza que nuestro país acudiera con ese petardo repelente, ese ridículo impensable, esa chabacanada grotesca, esa payasada para retrasados mentales, esa gesticulación barriobajera y esta carencia total del sentido del humor del "Chikilicuatre" al concurso de Eurovisión, que lo ve todo el mundo. Me dieron ganas de devolver mi pasaporte de español, pero me di cuenta de que el que tengo es de la Unión Europea. Y, si estuviera en un país extranjero, me hubiera escondido hasta que desapareciera el eco del tal festival, para que no me identificaran, por mi nacionalidad, con semejante guarrada seudoartístico-musical. El caradura que interpreta este adefesio visual es el seudoartista catalán David Fernández, que se hacer llamar Rodolfo Chikilicuatre. Dijo que iba a ganar la Gala, en una entrevista, y perdió con el ridículo baile "chiki, chiki", que fue bien recibido -dijo- en Belgrado. Afortunadamente, no ganó, porque entonces un servidor hubiera cambiado radicalmente el concepto que tiene de la sociedad europea y mundial, que, a lo peor, con esto de los cambios climáticos, también está retornando a los principios y reproduciendo las supuestas morisquetas del hombre (y la mujer) de Neanderthal o puede que las del de Cromagnon.

El sujeto no sé por qué pedía el voto de las mulatas de España y Portugal. Me lo hubiera explicado, si lo hubiera pedido, de las mulatas cubanas, de los Estados Unidos y del Caribe, por el número, porque las de España y Portugal están en minoría a pesar de las inmigrantes ilegales.

Pero, decía Rodolfo Chikilicuatre que estas mulatas y los demás que quisieran votar por él tenían que ir a hacerlo a Francia u otro país distinto del de origen, porque los votos de los españoles, por caso, no se admitían si eran emitidos desde España. Lo que faltaba; encima de lo "petardoso" del espectáculo, había que trasladarse a otro país para poder emitir el voto. Uno recuerda el brillante papel que siempre España ha desempeñado en el Eurofestival y recuerda aquella inolvidable interpretación del "La, la, la" por la entonces jovencísima y simpática Masiel; la actuación de Julio Iglesias, con aquella bellísima canción, "Güendolín", que se hizo famosa en todo el mundo, y otros brillantes triunfos de los intérpretes españoles. Y no se explica por qué han caído tan bajo y por qué no metieron en una prisión de la máxima seguridad, para que no se escapara y se fuera al concurso de Eurovisión, al tal Rodolfo Chikilicuatre.

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