UNA VEZ que la mayoría de enseñantes, tras consulta democrática, rechazaron la engañosa propuesta de actualización salarial que les ofertaba la Administración, el resentimiento y la revancha han acompañado cada movimiento de la Consejería en el conflicto de la enseñanza pública. Es esa y no otra la causa de la inexistencia aún hoy de cauces sinceros de entendimiento del Gobierno de Paulino Rivero con los sindicatos docentes.
El error de fondo que el Gobierno canario comete en este larguísimo y al parecer interminable conflicto que golpea al servicio público docente, está en gestionar el mismo como un pulso con el profesorado para, en razón a un equivocado y falso ejercicio del principio de autoridad, ganar el desafío. Si tal objetivo conlleva además la derrota y humillación pública de los docentes, mejor aún.
Mala y desaconsejable praxis la de la venganza y el resentimiento cuando lo que tiene ante sí el Gobierno es la peligrosa generalización y extensión de un conflicto social, y cuando cada día de controversia, incide un poco más en la corrosión de las bases de un secularmente atrofiado sistema educacional. Sólo desde la aceptación de la premisa de la existencia de un analfabetismo generalizado, hasta ayer mismo presente en el Archipiélago, y de la continuada incapacidad de los sucesivos gobiernos de las Islas para actualizar en medios y estructuras el servicio de la educación, deben abordarse los preocupantes niveles de fracaso escolar que aún hasta hoy, por acción u omisión, la Administración pública ha sido incapaz de normalizar en un inexistente y pretendido contexto social español y europeo del que, erróneamente dicen, formamos parte.
El latiguillo de "contrapartidas" con el que la Consejería da réplica a la justa y razonable reivindicación de homologación salarial, sigue siendo una simplificación absurda del problema. En primer lugar, porque, tal como queda dicho, el profesorado no es el responsable del secular y estructural fracaso escolar que alcanza a todos los niveles la enseñanza canaria. Además, porque durante el presente conflicto, los sindicatos, en la parte que les corresponde, han asumido estar dispuestos a trabajar en la mejora de la enseñanza pública, para cuyo objetivo han presentado ya a la Consejería un amplio documento de compromisos. Frente a ello, el Gobierno replica con un pobre documento de puntos inconexos, genéricos y hasta absurdos que poco o nada incidiría en la mejora del sistema público para, a continuación, volver a abofetear a los trabajadores con la afirmación de estar dispuestos al diálogo y al acercamiento, pero sin dar un solo paso adelante que no sea para elevar el enconamiento del conflicto
Con su proceder, hasta hoy la Administración no ha trabajado, tal como afirma, para eliminar obstáculos y solucionar los déficits del sistema público docente. Al contrario, ha complicado las vías de solución, distanciándose peligrosamente de sus aliados naturales e insustituibles, los trabajadores, hacia ese su teórico proyecto de avance y progreso social. El no inicial del Gobierno, con el tiempo, se ha convertido en una obsesión enfermiza por escenificar la derrota del profesorado, tanto más deseada e irreflexiva a medida que la Consejería se ha ido quedando sin aliados en la contienda entre la homologación y las contrapartidas.
Si la Administración ha reconocido la existencia de partidas económicas para los salarios de los trabajadores de la educación y éstos han asumido compromisos para mejorar la enseñanza, el conflicto queda reducido entonces a un problema de puro carácter semántico.
No se puede entender que, en un gesto que objetivamente daría paso a un seguro armisticio, el Gobierno canario no haya aún propiciado la constitución de una mesa de interlocución que, a corto plazo, pueda fijar las claves para un acuerdo salarial con los docentes, y que paralela e independientemente, no haya tomado la iniciativa de reunir a los interlocutores sociales para avanzar en un pacto por la enseñanza que aborde la mejora y modernización del sistema público canario.
Si se quiere, desde un carácter marcadamente simbólico e institucional, don Paulino Rivero, con poco esfuerzo, puede hacer cierto su mensaje de concordia para y entre los canarios, llevando la paz a las aulas con ocasión de la próxima conmemoración del día de nuestra nación canaria.
* Delegado de Intersindical Canaria
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