La juventud
Subía entonces a mi casa,
la juventud,
labios de frutas,
semillas de cántico,
pétalos de luz, magnolias de hermosura.
Lo que no hablaban las palabras
lo decía tu sola música.
Y tu cantas.
Cantas. Entonces. A la altura de tu frente, trepaban yedras
de juventud. Para qué apuras
el vino. Déjalo que duerma
ensombreciéndose en las uvas.
Cielo poniente, del color
de los panales. Frías plumas
del alba. Columnas donde apoya
el mediodía azul su cúpula.
Adriana de Arroyo y Xuárez de la Guardia
A José Valido
16/05/1998 - 16/05/2008
La desolación esculpió las horas venideras,
y luego los días... y más tarde los años.
Con una gran fuerza irrumpió tu muerte en mi vida,
y se alejó tu rostro, más tarde tu voz.
Sin querer el tiempo me envolvió con sábanas de recuerdos,
y la sensación de no haberte llorado ese día
me persiguió durante años.
En este día en que te fuiste
mi corazón se desvanece dolorido,
contemplo esas horas desde el recuerdo,
y las lágrimas, esas que en aquel momento ahogué...,
se esparcen con plenitud
y riegan mi alma abatida.
M. Valido
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