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EDITORIAL

Un editorial y varias puntualizaciones

27/may/08 01:58
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LA RAZÓN nos duele. Estamos solemnemente convencidos de que el País Canario es una colonia; un territorio que puede y debe ser libre; que puede y debe tener su asiento y su bandera en las Naciones Unidas. Las argucias del Gobierno metropolitano de Madrid para mantener al Archipiélago sometido se sustentan, por una parte, en el divide y vencerás, y por otra en suscitarnos incertidumbres ante nuestro futuro. La realidad es muy distinta porque los canarios, insistimos en ello, no necesitamos tutelas. Cuando seamos libres, seremos unos afortunados hijos de las Islas Afortunadas.

Hemos vivido en una tierra que la Naturaleza dotó de encantos y bienes suficientes para mantener a sus moradores. Sin embargo, nuestro Archipiélago ha sido explotado. Hasta los ferrocarriles españoles se construyeron con recursos robados -ese es el término apropiado- de estas islas. El nuestro ha sido un territorio saqueado.

Los canarios saben que la riqueza viene por el trabajo, no por la holganza. Por eso han sido tradicionalmente un pueblo trabajador no sólo en su propia casa, sino en aquellos territorios a los que han emigrado. Los ejemplos de Cuba y Venezuela son elocuentes por sí mismos, como también lo es la noticia, recogida en nuestra edición de ayer, sobre la posible participación de empresas canarias en la construcción de infraestructuras en Polonia. Nos reclaman porque conocen nuestro tesón. Como pueblo trabajador, lo mejor que tenemos son nuestros hombres y nuestras mujeres. El isleño genera riqueza allá donde va. Si a esto añadimos nuestra importante posición geoestratégica, el bienestar futuro no debe ser motivo de preocupación: lo tenemos asegurado. Los canarios no vamos a ser menos que los asiáticos. Si Singapur y Hong Kong se han convertido en referentes imprescindibles del comercio y las finanzas mundiales, también podemos serlo nosotros. ¿Por qué no han de salir productos al mundo con el made in Canary Islands?

* * *

Hoy debemos referirnos a los artículos publicados el último domingo por dos de nuestros colaboradores; dos personas a las que leemos con admiración. Estamos convencidos de que ambos son descendientes de los guanches que quedaron en esta tierra, porque aunque los conquistadores masacraron a la población autóctona, no pudieron exterminarla por completo. Se trata de grandes amigos por los que incluso sentimos fervor. Motivo añadido para que lamentemos sus erróneos planteamientos. Los argumentos expresados, tanto por Ángel Isidro Guimerá en su artículo "Canarias sí es España", como por Enrique González en "Incómodo silencio", carecen de sentido en hombres como ellos, cuyos antepasados fueron sometidos y vendidos como esclavos por los conquistadores españoles.

Se pregunta nuestro entrañable amigo Guimerá si CC proponía en su programa la soberanía nacional de Canarias. Ciertamente no, y mal hecho, porque unos nacionalistas auténticos no pueden consentir que estas Islas permanezcan como colonias. No obstante, don Ángel, existe una contradicción en su trayectoria política que debería explicar: si usted piensa que Canarias es España, ¿por qué concurrió a unas elecciones municipales en las listas del PNC, partido que desde su fundación, en 1924, aspiró a que las Islas constituyesen un país libre y soberano? Urge, como decimos, esa aclaración. De lo contrario, alguien podría pensar que es usted un oportunista; o que los nacionalismos valen para que usted sea concejal, pero no para liberar a esta tierra.

También se refiere a las conversaciones de Zapatero con el Rey de Marruecos; a "una hoja de ruta para entregar a los moros Ceuta y Melilla". Estamos de acuerdo. Y cuando el moro al que usted se refiere presione un poco más el Gobierno de Madrid le entregará Canarias envuelta en papel de regalo, como le entregó el Sáhara a su padre, el denostado Hassán II. Sólo un Archipiélago soberano, con presencia en las instituciones internacionales, garantiza que no acabemos formando parte de Marruecos. En ese aspecto, España no nos ofrece ninguna garantía.

A Enrique González lo consideramos un isleño de pura cepa. Leemos sus artículos con admiración, pues destilan sentimientos canarios. Él es, sin duda, uno de los muchos guanches que quedaron. Sin embargo, no nos valen sus argumentos para seguir unidos a España. Si la razón para permanecer vinculados a la metrópoli es meramente económica, estaríamos ante un matrimonio de conveniencia. Más aún: volveríamos a los odiosos casos del pasado, cuando una mujer maltratada por su marido no podía abandonar la casa de su martirio -ni al criminal que la esclavizaba- por carecer de recursos. No es ese el pensamiento propio de un humanista como usted que, además, ha vivido siempre en Canarias salvo durante la época en la que, desgraciadamente, tuvo que trasladarse a la Península para realizar sus estudios.

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