NO ES, DESDE luego, la mejor imagen para un partido político. Pero ahí está. Agentes de la UIP han tenido que custodiar la sede del PP en la madrileña calle Génova, no para protegerla de exaltados contrarios a la mera existencia del partido conservador -que los hay, y son bastantes- sino contra sus propios afiliados. O, cuando menos, una parte importante de ellos. El personal se ha cansado de Mariano Rajoy.
Tanto dentro como fuera del PP hay quienes opinan que el actual presidente tiene razón en cuanto dice y hace. Son incluso más numerosos los que lo consideran un hombre bueno y un político preparado. Sea como fuere, Rajoy no puede seguir porque tiene dividido al PP: una formación política con más de diez millones de votos. Dicho de forma más explícita, la actitud cerril de Rajoy está poniendo al borde de la orfandad política a una parte importantísima del electorado. Una actitud responsable por su parte le exige que no se limite a manifestar, día sí, día también, que en el PP, al margen de unas discrepancias puntuales, no ocurre nada grave. Si mañana, miércoles, día en el que se le espera en el Congreso de los Diputados, le vuelven a convocar "los suyos" otra manifestación en la Carrera de San Jerónimo, se puede liar: como las concentraciones ante la sede de las Cortes están prohibidas, la policía tendría que disolver a jubilados y personas mayores, amén de algún que otro joven, que no quieren la continuidad del actual líder pepero. Con lo cual Rajoy habría conseguido el triste récord de que se le manifiesten los contrarios ante las sedes de su partido, como ocurrió en la víspera de las elecciones de 2004, y también quienes no sólo votan por el PP, sino que incluso militan en su partido.
Sería injusto, no obstante, descargar toda la culpa en Rajoy. Igual de responsables son sus adversarios, que amagan una y otra vez sin dar el paso al frente. ¿Por qué no se proponen como candidatos Esperanza Aguirre o Alberto Ruiz Gallardón? El alcalde de Madrid, porque, torpedeado de manera inmisericorde por un locutor de radio y un director de periódico, ya no está tan seguro de sus fuerzas. Y en cuanto a Aguirre, porque recibe órdenes del genio en la sombra. Persona de absoluta confianza de Rodrigo Rato, doña Esperanza hace lo que se le dice y nada más. Cuentan las malas lenguas -que en Madrid, como en cualquier lugar, abundan mucho- que es el exministro de Economía quien está moviendo los hilos del jaleo.
¿Qué ocurre mientras tanto por estos alrededores? En principio, los problemas de Rajoy no son una buena noticia para Manolo Soria. De manera especial, si es la facción que lidera "la lideresa" la que toma las riendas. Mujer de armas tomar -lo opuesto a esa pacifista ñoña con cara de beata progre que han hecho ministra de Defensa-, no olvida los agravios ni las deslealtades. En fin, allá cada cual con sus decisiones. Más prudentes, Ángel Llanos y Cristina Tavío guardan un discreto silencio, si bien la Niña debe apoyar al actual presidente con algunas declaraciones al paso. Doña Cristina siempre ha conocido el valor de contar con buenas amistades en Madrid. Por eso rehuye la vehemencia del senador Alarcó, adorno con currículo -pero adorno a fin de cuentas- del PP tinerfeño.
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