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PABLO PAZ

Los guardianes de la libertad

27/may/08 01:58
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LA GUARDIA CIVIL, popularmente conocida como Benemérita Institución, es un cuerpo de seguridad armado, por consiguiente, de naturaleza militar y que, formando parte de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado, tiene como misión, según el Artículo 104 de nuestra Constitución, la de proteger el libre ejercicio de los derechos y libertades de los españoles, así como de garantizar su seguridad. Pero la Guardia Civil es mucho más. Es un instituto armado que depende de dos ministerios: Defensa e Interior; pero, además, colabora con Hacienda en temas fiscales; así como vela por el cumplimiento de las normas y reglamentos relacionados con los diferentes órganos de las respectivas administraciones públicas; pero donde se sitúa su verdadero reconocimiento es en todo lo concerniente a la lucha antiterrorista y en lo relacionado con la materia penal, donde, prácticamente, se convierte en las manos, ojos, piernas y oídos de los jueces; sobre todo, en aquellos pueblos donde la Guardia Civil está desplegada llevando a cabo las funciones de Policía Judicial.

Por consiguiente, y no hace falta descubrirlo ahora, la Guardia Civil es un Cuerpo necesario e insustituible en determinadas facetas de nuestra sociedad; por lo que la inmensa mayoría de los españoles le tenemos y guardamos respeto, cariño y admiración. Ellos, con su famoso y característico tricornio, personifican, junto a las Fuerzas Armadas, al Estado español; por consiguiente, nos representan a todos los españoles. Es por ello que no se debería haber permitido que su presencia y su actuación fuese sustituida, en determinadas comunidades autónomas, por otros cuerpos de seguridad, que más bien parecen estar al servicio del partido gobernante de turno que al servicio de la sociedad a la que se deben.

No hay que olvidar que los miembros de la Guardia Civil son, precisamente, el mayor activo y el elemento fundamental de la institución; y ello es así porque cada uno de sus componentes se siente comprometido con los propios objetivos de la institución a la que pertenece. Sienten que forman parte de un proyecto común; por lo que el hecho de que su trabajo sea reconocido no sólo por parte de sus superiores orgánicos, sino por el conjunto de la sociedad, contribuye de forma decisiva a lograr su realización personal y a conseguir su propia satisfacción como guardias civiles.

Como ven, estos chicos y chicas de la Guardia Civil son gente extraña. Al parecer, se sienten cómodos integrados en una organización que se dedica a prestar un servicio desinteresado a sus conciudadanos; y encima lo hacen con la sana intención de, representando en todo momento al Estado, entregar sus vidas si falta hiciera -a veces, incluso la de sus familiares- por defender la seguridad y la libertad de aquellos a quienes sirven; y, además, y esto sí que es el colmo, lo hacen con una total disponibilidad y eficacia. Y si todo esto no fuera suficiente, además, lo hacen por un salario mísero -cualquier "minundi" cobra mucho más por hacer mucho menos; y no digamos ya si, encima, lo comparamos con lo que cobran ciertos policías autonómicos-; y lo hacen, insisto, con escasos recursos, con medios materiales más bien precarios y viviendo, la mayoría de las veces, en casas cuarteles donde muchas de las viviendas tienen unas condiciones patéticas de habitabilidad; y lo hacen todos los días, lo mejor que saben y pueden, poniendo incluso un alto precio al mero hecho de sobrevivir.

Desde 1977, la Guardia Civil ha sufrido 77 atentados dirigidos contra sus casas cuarteles; la mayoría de las veces, con coche bomba; habiéndose producido 33 muertos y 240 heridos, entre ellos, decenas de mujeres y de niños ¿Por qué la banda terrorista ETA ataca, sobre todo, a la Guardia Civil? Pues porque sabe que la Benemérita es una institución de convicciones inalterables, que representa, con lealtad y honor, al Estado español. Piensan los valientes del tiro en la nuca, pobres ilusos, que si han logrado dividir a la sociedad vasca y ocasionar un exilio, aún mayor si cabe, que el originado por la Guerra Civil -se habla de cerca de 120.000 exiliados vascos-, y logrado desenarbolar los elementos vitales de supervivencia de dicha sociedad, obteniendo, incluso, a través de su tregua trampa que el Gobierno socialista dejara en suspenso la presión social, judicial, policial e ideológica, para negociar políticamente con ellos, pueden hacer otro tanto atacando vilmente a los miembros y a las familias de quienes componen su principal obstáculo para conseguir sus fines independentistas.

Los terroristas y todos cuantos les apoyan, ya sea con su simpatía o con su silencio, con recursos financieros o políticos -donde tanto el PNV como el PSE juegan a presentar mociones "éticas", en vez de presentar mociones de censura, para así expulsar de una vez de las instituciones vascas a ANV-, deben perder toda esperanza de conseguir sus objetivos políticos por medio de la extorsión, del tiro en la nuca y del coche bomba; porque, si no, ¿cuántos muertos más tendremos que poner sobre la mesa para que ETA tenga bastante para calmar su sed? Es necesario aplicar medidas serias y concretas que, de una vez por todas, den sentido a las palabras de condena. Menos mal que, por lo menos, nos queda la esperanza de que la Guardia Civil sigue y seguirá defendiendo, esperemos que sin que haya un solo muerto más, nuestra cada vez más necesaria y costosa libertad.

macost33@hotmail.com

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