CADA VEZ hay más personajillos que se atreven a poner en tela de juicio la honorabilidad de los demás. Sin pruebas ni testimonios fehacientes, pero siempre procurando hacer daño al que ha logrado alcanzar sus objetivos. Otra cosa son los juicios basados en hechos que inducen a error. Para Nicolás Maquiavelo, maestro de organización militar, gran literato y malicioso autor teatral, era menester que "[...] sólo un príncipe, aun sin poseer el ingenio inventivo, está dotado de suficiente juicio para discernir lo bueno y lo malo que otro hace y dice". Pero hete aquí, después de releer al siniestro personaje arriba mencionado, que a mí me parece que su "catecismo" ronda por el Puerto de la Cruz. Ora rebajado por las críticas más funestas, ora rebajado por los que viven ajenos a los dislates cotidianos... ora por la frecuencia con que los políticos rompen la armonía ciudadana.
Porque, siendo el peso de la responsabilidad y el deber causa común, lo normal es que se pongan mano a la obra. ¿Ignoran, acaso, la relevancia que tiene el Puerto de la Cruz? ¿Cuántos municipios disponen de las ventajas de un clima y unas playas con características semejantes: color, sabor y espléndidos espacios que deleitan hasta el punto de que casi todos los extranjeros deciden repetir la estancia? O ¿qué me dicen de la estampa típica de los nativos en el muelle pesquero, de la fuente que sustenta la ñamera de la plaza del Charco, de sus cruces, sus antiguos chorros en perfectísima armonía con los que vienen al Puerto a descansar y divertirse? ¡Menudo espectáculo! Pero, claro, ya nadie es ajeno a los desencuentros que bullen (insultos y acusaciones desagradables) entre los de CC y PSOE/PP. Porque no pasa un día, uno solo, en que no surja algo que tensione la vida municipal. Bordado les va el dicho de "pueblo chico, infierno grande".
Y ya digo, los protagonistas de tantos y tantos golpes bajos, sean del signo político que sean, están haciendo mucho daño al Puerto. No es la mejor manera de honrar a los que, cincuenta y tantos años atrás, y siendo un pequeño núcleo de humildes pescadores, hicieron lo imposible para llevar a cabo lo que es hoy. Por eso, y sin que me tiemble el pulso, acuso a los personajes que hacen mal la tarea. No son dignos de la misión encomendada. Ellos y sólo ellos tienen la culpa de no sacar del atolladero a la ciudad, por desgracia, víctima de un pacto (PSOE/PP) cuyo único objetivo es mantener a raya (fuera del gobierno) a don Marcos Brito. Naturalmente, y una vez más, hay quien se saca un ojo por ver al otro ciego. En este caso, y con esta manera de hacer política, se van a pasar los cuatro años en balde. ¡Pero debe de ser cierto que una vez muerto el perro, se acabó la rabia! ¡¡Viva el Puerto de la Cruz!!
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