ESTA gran zarzuela del maestro Francisco Asenjo Barbieri y del libretista Ventura de la Vega fue estrenada en el teatro del Circo de Madrid el 6 de octubre de 1851 con un resonante éxito que la mantuvo en cartel muchos años. Narra la historia de la duquesa de Medina en el reinado de Felipe V, y un joven hidalgo llamado Félix que la pretende, y al que acusan de demente. Es ingresado en un manicomio, y los locos lo desnudan, maltratan, y mucho más; pero mi intención no es escribir el argumento completo de la obra, sino exponer algunos pormenores de la deriva que está tomando España y que se ven reflejados en ella.
Después de la aprobación de la ley de la Memoria Histórica, y que el concepto de nación está siendo tan discutido, también ha lllegado a Canarias esta absurda situación en la que todos los días alguien pide la soberanía para la nacionalidad canaria.
Centrándonos en los diferentes conceptos de su significado, en las palabras de los políticos y en la opinión de este mismo periódico, en el pequeño diccionario Espasa que tengo en casa encontré lo siguiente: Nación: entidad jurídica y política formada por el conjunto de los habitantes de un país regidos por el mismo Gobierno; independencia: libertad, autonomía, y especialmente la de un Estado que no es tributario ni depende de otro; soberanía: autoridad suprema del poder público, que ejerce o posee la autoridad suprema e "independiente".
Don Miguel Zerolo, actual alcalde de Santa Cruz, es uno de los políticos más importantes que ha dado Canarias, junto con José Manuel Soria, a quien él admira. Tiene el bagaje de haber pasado por diferentes administraciones, con gran solvencia como gestor, y manteniendo todavía su juventud, pues sólo tiene cincuenta y un años. Siendo prudente en sus aseveraciones, como he leído y escuchado en alguna de sus últimas intervenciones en diferentes medios, apuesta por el gran reto de convertir nuestra tierra en una nación soberana e independiente. Habla con entusiasmo, e incluso vehemencia, y alienta a los ciudadanos para que todos arrimemos el hombro en la misma dirección, y que en 2010, con la participación de empresarios, universitarios, sociedades culturales y recreativas... la sociedad en general, consigamos tan deseado y loado acontecimiento. Don Miguel no quiere independentismo, pero esa idea no casa con lo que dice la Real Academia de la Lengua: "Si somos soberanos, tendremos que ser independientes".
Entonces nos encontramos en una gran disyuntiva. ¿Cómo nos separamos de España y dejamos de ser españoles? ¿Dónde están los recursos para sobrevivir con independencia? No tenemos petróleo; no podemos alimentarnos sólo con nuestra agricultura, pesca y ganadería porque muchos de los productos más necesarios llegan de fuera; y está claro que no podemos vivir eternamente del turismo. Muchas preguntas sin respuestas.
Mientras, el amigo Soria no está de acuerdo con esta campaña de soberanismo y ya acumulan otro punto de discordia; aunque, esta vez, me parece que la situación parece grave, y no sé si la finalidad es liarse a mamporros entre los isleños. Para alguien de mi edad, que nací en el 36, y que según Ginorela hubo un millón de muertos, veo condiciones para revivir un enfrentamiento, de ahí mi encabezamiento: Es peligroso jugar con fuego.
Soy canario, de madre tinerfeña y padre peninsular, ¿me van a pedir que reniegue de mi origen español? Prudencia y no hieran sentimientos que todos tenemos familia en otros lugares. Fui el otro día al Guimerá a ver la representación de los sainetes "La Boda" y "El Baile de Luis Alonso". A mi lado se sentó un herreño de padre andaluz como el mío. Él con ochenta años, y yo con setenta y dos, recordamos nuestra infancia con estas dos obras ambientadas en Cádiz. Nos saltaron las lágrimas.
© Editorial Leoncio Rodríguez, S.A. |Aviso legal | Mapa del sitio | Publicación digital controlada por OJD