MIENTRAS los comerciantes de Tenerife, por un lado, exigen al Gobierno, se supone, cambiar el rumbo de la economía canaria, como si la economía fuera un barco, el presidente del Gobierno autónomo, don Paulino Rivero, dicen que deja la puerta abierta a los comerciantes que quieren abrir los domingos y festivos. Al parecer es la contestación a algún comerciante que ha lanzado un SOS, debido no a las pérdidas, sino a la falta de ganancias, cifras preocupantes que se han hecho públicas en los medios informativos. Pero esto lo que parece es una vuelta a la tortilla. Los dueños del que llaman comercio tradicional se han opuesto siempre a los establecimientos de las "grandes superficies", algunas de las cuales, quizás las principales, se han establecido con trampas, por aquello del refrán de que "quien hizo la ley...".
Luego, el que hizo la ley y demás leyes sucesivas ha sido el Parlamento, casi siempre al dictado de los comerciantes organizados. Recuérdense los tiempos del señor De la Barreda, cuando era consejero de Comercio, y sus luchas con otras consejerías que establecían una barrera contra los "híper". El lío y las confusiones han llegado hasta estos días, en que aún no han podido establecerse, y creo que han arrojado la toalla, los supermercados de las cadenas de bajo precio, que ahora no recuerdo cómo las llamaban, después de un montón de líos con el Ayuntamiento de La Laguna por las presiones de los comerciantes tradicionales. Luego se discutió y hubo enfrentamientos entre partidarios de la apertura de hipermercados los domingos y festivos y terminó estableciéndose un calendario de aperturas que sólo comprendía determinados días de fiesta todo el año. También con la oposición del comercio tradicional.
Y, ahora, parece que este comercio ha sido el que ha pedido libertad de ventas, quizás impulsado por la crisis, cuando antes alegaba puestos de trabajo perdidos y falta de días libres para los empleados, con el salario correspondiente a cargo de los tradicionales.
Y así estamos: hasta hace poco se reprochaba a comercios de varias clases, bares y restaurantes comprendidos, cuando, en domingo y festivos, venían a Santa Cruz miles de turistas y encontraban todo cerrado. Sin pensarlo, a quien hace el presidente del Gobierno el gusto es al pueblo llano, que viene pidiendo esa apertura dominical desde que se instaló el primer hipermercado. Al fin de estas trapisondas, ha ganado la mayoría del público ante el egoísmo de enriquecimiento de una minoría, que lo mismo impide las "grandes superficies" que la celebración del Carnaval de Santa Cruz.
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