POR LO QUE SE LEE y oye, la trifulca que se ha originado en el seno del PP ha sido motivada por la discrepancia existente con la ponencia ideológica. Esta discrepancia se traduce en que existen diferentes posicionamientos enfatizados con las disidencias de los últimos días, concretamente en la persona de María San Gil, y la más reciente de Ortega Lara.
A vuela pluma no es fácil entender cómo unas discrepancias ideológicas dentro del ámbito de una ponencia aún precongresual pudieran dar lugar a que se den este tipo de portazos puesto que se entiende que las diferencias de opinión, que deben ser la norma dentro de las organizaciones políticas, sean dirimidas y perfilen dentro de la organización, que, en definitiva, es la que la elevará al plenario del próximo congreso, que es el órgano que la aprobará o no.
Parece, no obstante, más que otra cosa esa cuestión diferenciadora sea como un pretexto que se esgrime por el grupo "disidente" para fortalecerse y hacer frente al oficialista, capitaneado por Rajoy.
Esto, en realidad, son meras elucubraciones que, como tales, se acercarán o alejarán de la realidad siempre escurridiza y más en cuestiones precongresuales sometidas al vaivén y las conjeturas de las primeras y últimas horas.
Pero lo que más destaca de esa ponencia ideológica es el pronunciamiento que se hace sobre el acercamiento del PP a las organizaciones nacionalistas, y que quizás lo hagan por pura estrategia electoral, porque de esa manera las aspiraciones de gobierno se acrecientan y no solo en lo concerniente al gobierno del Estado, sino también en las diferentes comunidades tras los pactos que se puedan establecer.
No es malo, de ser cierto, que esto se produzca porque las alianzas en tiempos de una democracia deben ser más consecuentes, y tras posibles acuerdos en los que se respeten los compromisos ideológicos de las partes se aúnen en objetivos de gobierno, con lo que se logrará ir hacia el bienestar de la colectividad.
Sin embargo, sí habría que tener en cuenta que en los caminos que se transiten no se diluyan por la dinámica del poder los objetivos nacionalistas, si es que estamos hablando en clave nacionalista. Y más que desde el poder establecido por los pactos que se puedan hacer deben aún verse más reforzados por la misma pujanza que dan el poder y el gobierno.
El nacionalismo ha gobernado tanto con el PP como con el PSOE, lo que ha conducido a que los proyectos se vayan apuntalando; y de ser así en el futuro no debería suponer ningún tipo de retranqueo en las posiciones nacionalistas si estas cada vez siguen más diáfanas y convincentes, no subsumidas y con unos ritmos que deben ir acortándose en el tiempo.
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