Comentan por ahí que en el último comité local de CC en Santa Cruz Marisa Zamora le reprochó a Miguel Zerolo el excesivo protagonismo que está adquiriendo Ángel Llanos en la política municipal. Personalmente no sé qué puede hacer el mandatario capitalino para que su primer teniente de alcalde no sea protagonista en las tareas que, mediante un pacto político, tiene asignadas. En cualquier caso, las huestes de ATI siguen preocupadas, y cada día más, por la velocidad a la que se mueve el infatigable Pibe de Ofra. De ahí la queja, digámoslo así, de Marisa Zamora. El quid del asunto, empero, no está en lo que la ex concejala santacrucera le dijo al alcalde, sino en lo que le respondió éste: "Si hubieras formado parte de la candidatura, a lo mejor hubiésemos obtenido una mayoría suficiente para no tener que pactar con el PP". Parece, y eso lo comentan las malas lenguas, no yo, que más de uno -y más de dos- en CC declinaron ir en la lista de un candidato -el propio Zerolo- con ciertos problemas pendientes.
El caso es que Ángel Llanos y sus colaboradores han hecho tanto en un año, como lo que cabría esperar de ellos en toda una legislatura. Los comerciantes paran al Pibe por la calle para expresarle su contento. Sobre todo el otro día, cuando organizó el festival de boleros. Mal asunto ese del éxito ajeno para los aspirantes a la alcaldía; entiéndase, a sustituir a Zerolo. Verbigracia, José Manuel Bermúdez. Como hombre precavido vale por dos, Bermúdez lleva algún tiempo agenciándose su continuidad política. Acariciando el bastón de mando capitalino, dicho sea sin rodeos. Y como todo general prudente envía avanzadillas que reconozcan el terreno, dispuso el vicepresidente primero del Cabildo que Luz Reverón fuera tomando posiciones. Aunque parece -las cosas en política siempre parecen ser, nunca lo son a ciencia cierta- que ésta, en vez de allanarle el camino, le está haciendo la cama. Al grano: posiblemente dentro de tres años, cuando toquen elecciones de nuevo, sea esta activa concejal, y no el poderoso Bermúdez, la mejor situada en la parrilla de salida. Si a esto añadimos que los comicios se ganan en los barrios, y que Ángel Llanos recorre las periferias día sí, día no, empiezan a ser multitud los que ven un tanto complicadas las aspiraciones del número dos del Cabildo.
En fin, no es que las relaciones entre Miguel Zerolo y Ángel Llanos sean buenas o malas. Son las que tienen que ser. ¿Pasotismo del alcalde o resignación ante lo inevitable? Quizá una suerte de venganza. Algunos en CC se han apartado de Zerolo como quien se aparta de la sartén para no tiznarse. Lo cual, lógicamente, le ha sentado mal al afectado; un político con suficientes años en las cuadernas para urdir venganzas finas servidas en plato frío. ¿Y qué mejor castigo para los que le han negado el pan y la sal del apoyo en momentos difíciles, que cerrarles el paso a la alcaldía? Fino suplicio, ciertamente. Por eso no ha movido ni un dedo para impedir que Llanos haga y deshaga lo que le plazca en su parcela del pacto, para desesperación de quienes ven esfumarse las prebendas de vivir -y vivir bien- a la sombra del Poder. Mucho tienen que cambiar las cosas para que Zerolo le corte las alas al Pibe; o al menos lo intente.
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