M.CH., Los Llanos
Un numeroso grupo de vecinos de los barrios de Las Rosas, Triana, Argual y Palomares se han hecho eco de una protesta generalizada, plasmada en un escrito con la firma de más de 250 personas, denunciando la extracción de una cruz que preside la corona de la montaña de Las Rosas desde hace más de un siglo, aprovechando la festividad que se celebra a principios de mayo por devoción a la misma, tal y como sucede en multitud de pueblos de la Isla.
Según denuncian los vecinos, varios ciudadanos decidieron por cuenta propia no devolver el símbolo a su lugar de origen tras bajarlo hasta el barrio de Las Rosas, como sucede cada dos años con motivo de la festividad, argumentando que era más cómodo para los devotos y visitantes que se mantuviera en el barrio, teniendo en cuenta que la mayoría de los devotos son mayores. En la actualidad, según aseguran los denunciantes, la cruz permanece en un patio particular sin ser devuelta a su lugar de custodia en el que se instauró a finales del siglo XIX.
Los vecinos reclaman "que se respete una tradición de siglos, un lugar de peregrinaje y la decisión de nuestros ancestros de ubicar en la cúspide de la montaña una cruz con una historia conocida por todos". Los firmantes del escrito remitido a EL DÍA se han dirigido al Ayuntamiento de Los Llanos de Aridane para que intervenga y medie entre los vecinos para solucionar el conflicto, pero desde la Alcaldía de la corporación se les ha comunicado que se trata de un malentendido entre ciudadanos y son precisamente ellos los que tienen que ponerse de acuerdo, pues la Administración local no puede mediar en una desavenencia de este tipo.
100 años de historia.- La cruz de la montaña de Las Rosas fue encontrada, tirada en el suelo, a finales del siglo XIX por un vecino de la zona, Victoriano Nasco, quien la colocó en pie sobre un pedestal de piedra, con una muralla a su alrededor. Posteriormente, en el año 1969 la cruz se quemó en un incendio. Un carpintero del lugar, Lupos Martín, la fabricó de nuevo, pero en su interior colocó un trozo del madero de la antigua cruz, a modo de reliquia, volviendo a colocar el símbolo en su lugar de origen, sobre la parte más alta de la montaña de Las Rosas.
Esta zona fue reconstruida en 1994 por el albañil Luis Barreto y otro vecino, Ángel Mauro Remedios, colocando una hornacina y un recibidor mayor, ya que a lo largo de cada año la cruz es visitada por multitud de devotos y lugareños, que presentan sus ofrendas florales y realizan sus oraciones.
Se baja para vestirla.- Desde esa fecha, cada dos años, la cruz se baja hasta el barrio de Las Rosas para vestirla y celebrar algunos actos, para ser devuelta al pedestal el día 3 de mayo, coincidiendo con la celebración de las cruces, a fin de que todos las personas que quieran puedan realizar su tradicional peregrinaje subiendo la montaña.
Pero en el último festejo, celebrado hace casi un mes, la cruz no fue devuelta a la cima, según denuncian los vecinos por la pretensión y el interés particular de algunas personas empeñadas en cambiar su emplazamiento tradicional, a fin de que se quede de forma permanente en el barrio de Las Rosas. Al parecer, tras una votación sin previo aviso al resto de vecinos, se decidió no subir la cruz a la montaña nunca más.
Motivo de devoción.- En la mayoría de las cimas de las montañas del Valle de Aridane y de la Isla en general, sobre todo en las partes más altas de predominio del terreno, hay preparado un pedestal con una cruz. El origen de las mismas suele ser antiguo, en algunos lugares se pierde en la memoria y en otros se recuerda que fue colocada como un símbolo de protección para los barrios periféricos de los municipios, incluso se instauraban en épocas de enfermedades o epidemias.
Todos los años en los momentos en los que se celebra una festividad, especialmente vinculadas a la fiesta de las cruces, estos lugares eran visitados en peregrinaje por las familias o de manera individual por los devotos creyentes de cada municipio o barrio.
Precisamente, en la cima de la montaña de Las Rosas se realizaba esta festividad a la que acudían, particularmente, las familias de este barrio o de los más próximos, como son Argual, Triana o Los Palomares. En la zona compartían almuerzos o meriendas, siempre en el marco del festejo. Para ello, visten y engalanan la cruz, con la correspondiente ofrenda floral.
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