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Jugando muy bien, tampoco

Notable partido del Tenerife, con intensidad y toque, cargado de ocasiones claras de gol ante una afortunada Real Sociedad que aprovechó dos errores locales para llevarse la victoria de forma milagrosa.
25/may/08 10:35
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VENTURA GONZÁLEZ, S/C Tfe.

Tremenda crueldad. La derrota del Tenerife ayer supera la categoría de injusta. Es casi un abuso para un equipo que hizo todo para ganar y no tuvo ni siquiera el premio de salvar un punto. Fue uno de los mejores partidos del Tenerife en la temporada y de los más vistosos, porque el equipo de Oltra logró, por fin, sostener una apuesta de juego combinativo, a base de tocar rápido la pelota por abajo.

Oltra recuperó el 4-1-4-1, con Longás y Óscar en posiciones interiores, y fue el aragonés el que puso en marcha la maquinaria. Empezó a pedir la pelota, a tocar de primera, a buscar la espalda a la línea de 4 de los donostiarras y le dio un ritmo alto al juego tinerfeño. En realidad, todo el sector ofensivo derecho blanquiazul triunfó de largo en la primera parte y casi se coronó con varias jugadas espectaculares en la continuación. La segunda clave de esta transformación en el juego del Tenerife hay que encontrarla en su continuidad. El equipo jugó fácil, no condujo la pelota sino que la hizo correr, y progresó hacia adelante con la bola hasta desconectar a los atacantes de la Real de sus volantes. El centro del campo fue manejado por los locales de cabo a rabo. La aportación ofensiva de Marc Bertrán, que jugó toda la primera parte arriba, en la garganta del rival, fue básica. El lateral subió una y otra vez, ganó el espacio que descubría Iriome y entre ambos produjeron una notable cantidad de llegadas. Así, en la primera jugada generó una acción de gol anulado a Óscar (dudoso), luego provocó un córner que pudo acabar en gol si Sicilia no remata al palo tras un rechace de Riesgo (13'), y otro que el propio Sicilia cabeceó a un dedo del poste (28'), antes de alumbrar la mejor ocasión de la primera parte, con el centro de Iriome que Nino remató increíblemente por fuera (42'). Por la izquierda, el Tenerife no entró casi nunca y cuando lo hizo fue para que un central, Pablo, pusiera en bandeja a Óscar el gol del empate. Atípico.

Lillo apostó por su 4-3-3. Cuando su equipo tuvo posesión de pelota y desarrolló hacia adelante fue un conjunto con mucha presencia ofensiva, siempre tres o cuatro por delante del poseedor de la bola, y acabó sus jugadas casi uno contra uno con los defensas locales, pero la verdad es que salvo en el gol de Martí, muy mal defendido por todo el bloque de la zaga local, la Real no tuvo continuidad ni llegada en la primera parte. Las ocasiones cayeron siempre del lado de un Tenerife que, además, mostró una actitud ejemplar en el trabajo de recuperación del balón, presionando en banda y apretando a los puntas realistas para que no pudieran darse la vuelta.

Este mismo argumento general fue más acentuado tras el descanso. Longás se asoció con Óscar, con Iriome y con Bertrán y, a un toque, el juego tuvo mucha continuidad y fluidez, mientras la Real trataba de quitarse de encima el problema, pero no encontraba la manera de aguantar el balón en zonas intermedias para conectar con su ataque. Salvo en un mano a mano de Delibasic con Navas (6'), los dosnostiarras no aparecieron por el partido en la primera media hora de esta segunda mitad, en la que los locales pusieron de pie a su gente con varias jugadas de libro. Bertrán y Óscar tuvieron dos balones de cara para marcar después de combinaciones de alta escuela (20') y (28'), pero no acertaron. Iriome rompió una y otra vez a Castillo (al que ya había sentado cuando éste vino con Las Palmas), y el dominio de los blanquiazules se hizo abusador. Pero el partido, con tanto desperdicio local, tenía escondida la guadaña.

Un mal bote, un error de Sicilia en una pelota que se envenenó, lo aprovechó Víctor para hacer un gol raro, que mató al Tenerife. Hacía sólo unos minutos que Lillo había refrescado la punta con la entrada de este jugador y de Nacho. Con el 1-2, la Real notó la caída física y anímica de los locales (entraron Hormiga por Longás y Mikel por N'Diayé). El equipo de Lillo empezó a tocar con más desahogo y pudo sentenciar, en una ocasión clara de Uranga (39'), pero ya no hubo pelea. El Tenerife quiso arreglarlo añadiendo más presencia arriba con la modificación de su dibujo a partir de la entrada de Arruabarrena, a un 4-2-3-1, pero no había fuerzas para dar batalla.

Se compite para ganar, pero hay días que el juego da consuelo.

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