Cultura y Espectáculos
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DOMINGO, 25 DE MAYO DE 2008
ANDRÉS CALAMARO

"Los músicos ponemos los

JORGE DÁVILA, S/C de Tfe.

De adolescente lo metieron preso, fue aprendiz de cantante e hincha de Maradona, y en su defecto, de la albiceleste. Música y fútbol, un combinado que le inyectaron en su Buenos Aires natal y que siempre termina apareciendo en sus cara a cara con la prensa. El próximo jueves ofrece un concierto en la capital grancanaria. Es una lástima no poder ver por estas coordenadas a Andrés Calamaro; un tipo que no silencia casi ninguna respuesta.

-A los ocho años pidió que le regalaran un acordeón cuando lo normal era reclamar un balón o un juguete, ¿se arrepentió de aquella petición?

-Sí, enseguida pedí una batería.

-¿Siempre tuvo claro lo de ser músico? ¿Nunca le picó la curiosidad futbolística?

-Nunca pensé en ser jugador de fútbol; siempre fui un aspirante a músico.

-¿Buenos Aires es una ciudad que "respira" música?

-Y Argentina también... Respira rock; cumbia; floclore... En los 70, por ejemplo, había una gran cantidad de tribus rockeras que supervivían intentando no cruzarse con la Policía. Hoy, en cambio, existe un gusto popular por estilos que hace 20 años estarían enfrentados.

-¿Hoy podría vivir sin rock?

-Sí, pero seguiría tocando, escuchando y hablando de música, de rock; de blues; de salsa; de géneros... Yo ya no podría soltarme del rock , aunque podría vivir haciendo alguna otra cosa. ¿Me quiere jubilar? Voy a seguir cantando varios años más antes de dirigir películas de terror o escribir un libro de olvidos.

-¿En su interior fluye algo de Gardel?

-No lo sé, espero que sí. Gardel fue muy grande: anterior al tango, una estrella de la canción, un autor, un actor de cine. Hay un antes y un después de Gardel muy importante. Todos los músicos deberíamos aprender algo del Gardel cantante y creador de melodías inmortales.

-Una vez leí que en sus temas hay ciertas influencias del bolerista Manzanero, ¿una elección o una apuesta segura?

-Es uno de los genios de América. Él sí que me recuerda a Gardel. Escribió algunas de las mejores canciones de la historia.

-¿Qué hubiera sido de usted sin la recomendación de Makarroff, el hombre que le abrió las puertas del grupo Raíces?

-Creo que hubiera encontrado en solitario la forma de cristalizar mis sueños despiertos, pero sin él, me habría tenido que ir a la periferia del rock y seguramente no hubiera tenido tanta suerte. Makaroff confió en mi instinto natural de supervivencia. Siempre pensé que sin él estaría conduciendo un taxi, que es un buen trabajo porque estás sentado y oyendo la radio, o en algún otro oficio periférico de la música.

-¿Ser una voz discrepante en plena dictadura fue un acto de valentía o un error de juventud?

-La militancia de unos combatientes, la simple firma de una solicitada (cita judicial), ser el dueño de un pensamiento intelectual de izquierdas, fue valiente y es patriótico. En la dictadura no fui militante porque era un jovencito, pero mi hermana fue militante-artista y lleva viviendo en México 30 años. Murió muchísima gente; eran soldados de la libertad.

-Usted tuvo alguna que otra historia con la policía, ¿valió la pena arriesgar su libertad?

-Podría haber terminado en una cárcel o en el hospital por contrabandista, por tenencia, por delitos contra la moral. Cuando era joven me porté bastante mal y arriesgué mi libertad y mi tranquilidad casi a diario.

-¿Alguna vez ha pensado en ser menos crítico?

-Los músicos ponemos los huevos y los críticos cacarean. Yo no soy más crítico que nadie, únicamente creo que hay dos formas de hacer música. Las canciones pueden cantarse desde la fantasía o la realidad o, simplemente, ser instrumental. ¡No hay más! ¿No?

-Andrés Calamaro se estrenó en la música casi con el gol del "matador" a la Naranja Mecánica, ¿un buen año (1978) para empezar a construir algo?

-Muy mal año para empezar a tocar rock, pero yo no tenía compromisos con la izquierda revolucionaria. Ser consumidor habitual de rock era inquietante y peligroso. Era como ser un rabino en tiempos de Adolfo Hitler.

-¿Es un símbolo nacional?

-¿Yo, un símbolo nacional? Nada de eso, prefiero el término de gloria nacional. De todas formas, esa contestación la tienen que dar las naciones, a las repúblicas, a los pueblos, a las culturas...

-¿Y Maradona?

-Yo tengo mucho menos gloria que él. Estoy muy lejos de Diego. Él es universal y alegró las vidas de millones de personas. Maradona marcó diferencias y, sobre todo, se mojó, opinó, nos mostró su rabia y supo compartir sus victorias.

-¿Realmente, cree que él tiene la "mano" de Dios?

-Eso sólo fue una picardía que coronaron con una frase genial. Una exhibición de inteligencia, de huevos, de velocidad mental... Y ante los ingleses.

-¿Qué aprendió en el grupo Los Abuelos de la Nada?

-Tanto que ni me di cuenta en su día. Muchas cosas. Amistad y compañerismo; eran geniales y consagrados en sus niveles. Su líder era un ser divino: poeta y bailarín.

-¿Y en Los Rodríguez?

-Fue algo así como mi doctorado en la universidad del rock. Un buen sonido y un gran repertorio.

-¿La fama le pesa?

-A mí no me pesa, casi nadie me molesta. Soy músico y todavía no he conseguido quedarme quieto. Al igual que el resto de los cantantes, necesito "one track mind".

-¿Qué les da a los españoles para que le traten tan bien?

-Nos pertenecemos. Sólo trato que nuestro idioma suene bien, a pesar de que a veces las guitarras tocan en inglés.

-Debe ser de los pocos a los que le han hecho un homenaje con menos de 46 años. ¿No es muy joven para estas historias?

-No fue un homenaje, quizás un tributo de relecturas de mi repertorio. Muchos de los que cantaron en aquel concierto son más importantes que yo. ¡Sentí vergüenza!

-La última. ¿Los viejos rockeros (con todo el respeto) nunca se van del todo?

-Son las estrellas las que siguen brillando, incluso después de apagarse. Los jóvenes rockeros pueden arruinarse, accidentarse o desperdiciar su talento. Los viejos, en cambio, pueden estar contentos de continuar vivos o sentirse olvidados por un público, quizás, demasiado radical y juvenil. ¿Usted me quiere jubilar ya? ¡Van dos!

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