BENJAMÍN REYES, Tenerife
Hugo Pitti (Santa Cruz de Tenerife, 1968) exhibe hasta el 29 de mayo en la Sala de Arte Juan Cas de La Laguna una retrospectiva de su obra integrada por cincuenta y un lienzos, dos instalaciones y una escultura que denotan un imaginario personal fabuloso fruto de un talento innato desbordante. Antología que abarca desde 1992 hasta 2008 y que refleja una estética personal marcada por el surrealismo expresionista y un aparente caos que en realidad oculta una estructura compositiva equilibrada.
-¿Cuál es la razón de que sus creaciones estén impregnadas de virulencia cromática?
-Desde pequeño me gustaban los colores fuertes. Pocas veces he mezclado. En ocasiones me gusta obtener el color directamente del tubo. Simplemente surge así. Parto del expresionismo porque empleo golpes de color. En una clase de anatomía en la Facultad de Bellas Artes se proyectó una diapositiva de un retrato con colores muy vivos y me impresionó.
-¿Por qué en sus pinturas tiende al "horror vacui" que inunda la superficie de todo el lienzo?
- Tengo la sensación de que falta algo si dejo un fondo plano. Por eso tiendo a rellenar el hueco de ese vacío con alguna figura.
-Sus figuras son extremadamente alargadas. ¿Influjos de El Greco?
-Me gusta mucho El Greco. En esta exposición incluyo una reinterpretación de "El expolio". En principio es un juego. Trato de jugar con la figura humana.
-¿Por qué motivo en ocasiones no guarda la perspectiva?
-Guiado por el "horror vacui", de la necesidad de rellenarlo todo, a veces prescindo de la perspectiva. Pienso que, en ocasiones, no importa que las figuras guarden la debida proporción entre sí.
-Retratos, paisajes, bodegones, escenas religiosas. Escenas mitológicas... ¿No hay ningún género que se le resista?
-He tocado todos los palos de la pintura. Aunque me siento más cómodo en los cuadros en los que vuelco mi imaginación, en las creaciones que surgen de la inspiración. Los paisajes me aburren porque me limito a reflejar lo que veo.
-Más que mezclar géneros los retuerce.
-Tiendo al paroxismo de géneros. Consulto libros de historia del arte y me gusta mezclar elementos de todos los géneros. Tengo una serie de cuadros en los que si los observas de una manera se ve un retrato, y si les das la vuelta se convierten en un bodegón.
-¿Por qué suele emplear la ironía y la sátira en sus creaciones?
-Lo de la ironía viene porque en ocasiones me han hecho daño y supone un mecanismo de defensa. A través de la ironía saco hacia fuera la rabia que siento. También supone un juego. Juego a engañar al espectador. Por ejemplo, en "Santa cena con negritos" mezclo la novela de Agatha Christie con el tema religioso.
-En la serie "Descubriendo a Goya" profundiza en el universo creativo del genio aragonés.
-La idea surgió de una empleada del museo del Prado. Con esta serie descubrí a Goya, sobre todo las pinturas negras, en las que hay un trasfondo, un misterio. En mis reinterpretaciones intenté exagerarlas. En "La gallinita ciega" (que no se exhibe en esta muestra) se suspende el juego porque alguien le ha pegado un palo a uno de los nobles. En otros como "Saturno devorando a su hijo" o "Aquelarre" respeto más el original.
-¿Su lienzo "Las recolectoras de cadáveres" esconde algún simbolismo?
-En el momento que lo pinté me sentía defraudado por el responsable de la Sala Conca. El asunto de los pigmeos simboliza que me han salido "enanos" por todas partes. Aparecen ratas que intentan acabar con todos los que me han hecho daño. Yo soy el personaje con la cabeza repleta de lagartos y que sostiene una hoja con la leyenda "Lista de bajas por defunción". Los lagartos reflejan mi estancia en El Hierro, donde impartí clases de dibujo a chiquillos que me amargaron la vida.
-Su diferente arte religioso no deja indiferente al espectador.
-Desde siempre me ha gustado representar el dolor de la Pasión de Cristo. Desde que era pequeño estaba obsesionado por este tema. La rabia que siento la expreso a través del dolor de Cristo.
-La obra más llamativa, por sus dimensiones, es "Banquete en la ciudad del templo de Deshnoke". ¿Pretende reflejar un microcosmos?
-Cuando empecé a pintar este cuadro, que me llevó seis meses, estaba fatal anímicamente. Me había ido de la Conca y su dueño me reclamaba dinero. En él plasmo la historia de la provincia hindú de Rajastán, en donde las ratas son animales sagrados y la gente les da de comer. En principio voy gozoso a un banquete pero me vuelven los pesares y rompo a llorar provocando un naufragio. Entonces comienza el disparate en el que reflejo la maldad de la gente. El arte es mi terapia personal.
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