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DOMINGO, 25 DE MAYO DE 2008
ENRIQUE GONZÁLEZ

Incómodo silencio

HAY MOMENTOS en la vida en los que, por ciertas circunstancias, especialmente de ánimo, uno se ve obligado a permanecer en silencio. El silencio es como un pesada losa que encierra, en fría sepultura, muchos pensamientos, esperando que se olviden, o es como la llave que guarda las ideas escondidas, esperando a su envejecimiento. Pero un día -bueno o malo, porque el silencio, por su insoportable putrefacción, se hace incómodo, uno decide destapar el baúl del silencio y sacar a la luz los retales de sus pensamientos reprimidos. Reprimidos por los condicionantes personales o sociales. Y es que el cerebro humano, sede de la mente, tiene similitudes con el aparato digestivo, sede de la alimentación y excreción. Por los sentidos absorbemos noticias y noticias, hechos y hechos, posiblemente más que los que podemos digerir y eliminar, de ahí viene el empacho, que es lo mismo que el incómodo silencio.

Y como en el incómodo silencio son muchas las cuestiones que están enclaustradas, intentamos sacarlas en varios bloques, de momento, sólo dos cuestiones. Lo primero que sale a la superficie de la conciencia es el problema económico a nivel nacional. Ahora, después de muchos meses, por fin, se reconoce que lo de la economía marcha mal. Índices que bajan o suben, siempre para lo peor. Lo que cualquier persona analfabeta había captado con facilidad, sin necesidad de datos oficiales, ahora lo declaran de forma oficial. Uno se pregunta si no sería mejor tomar el pulso en la calle que en los ministerios, al menos será más sincero. Lo lamentable es que todo ha sido un engaño, un engaño al servicio de algunos partidos políticos.

Se ha sembrado el verborréico engaño para manipular a la masa en favor de unos individuos, los de coches oficiales, buenos trajes y gastos incontrolados. Se estableció, por motivos que se escapan al hombre de a pie, la cultura de la riqueza. Se inventaron fórmulas para hacer falsos ricos, ricos evanescentes, que dependían de los caprichos de los tipos de interés y de las ganancias pretendidas por los bancos. Ricos, que no son ricos, que, con sueldos bajos, compran coches costosos y pisos caros con promesas baratas a largo plazo, que pronto se encarecen y se acortan. Utilizaron a la gente para dar una imagen distinta de la real. Crearon un estado de bienestar donde no lo había. La cultura del consumismo, de los viajes, del gasto superfluo, de las modas.

A nivel de Canarias, es raro el día en el que no se pide la soberanía o la independencia. Editoriales, artículos y entrevistas, todas en el mismo sentido. Se asegura que Canarias puede autoabastecerse. Que hay que recuperar la tierra arrebatada a los guanches, esclavizados y martirizados por los conquistadores españoles, como si de los guanches quedara algo. Por otro lado, se lee que el gobierno de Canarias pide a Madrid 1.200 millones euros más. Y el hombre de a pie sabe que la agricultura canaria no produce ni para alimentar a los dueños de los terrenos. Y de la industria casi no se habla. No hay materia prima. Lo único vendible es el clima, y hasta éste se vira con frecuencia. Hasta el suelo escasea y cada vez es más caro.

Sería bueno y saludable que los independentistas visitaran una mañana cualquiera de las 365 que tiene el año el puerto de Cádiz. El amplio puerto de Cádiz está repleto de contenedores con destino a Canarias. Contenedores, principalmente con comida. Hay otras cosas también necesarias y, eso sí, gran número de coches sin matricular que esperan el embarque para Canarias. Y si no pueden ir a Cádiz, y prefieren el avión, pueden acercarse a Sevilla, Málaga o Algeciras (vía Gibraltar, con el permiso de los ingleses). De allá para acá mucho, de aquí para allí muy poco. Y lo que viene no son cosas de las que se pueden prescindir, son las cosas más necesarias para vivir. ¡Hasta las papas son de afuera! Ya no son las inglesas de intercambio de semillas. Quince días o un mes sin barcos se notaría en los estómagos hambrientos.

Y uno, ya dispuesto a romper el incómodo silencio, se pregunta si lo que se pretende con la independencia para que nuestras islas (siguiendo el ejemplo de Sáhara), sin protección, es que sean invadidas por los que de África vienen en simples y sin cañones pateras. Ya han llegado a Canarias más moros que los que conquistaron España y se cargaron a las tropas de don Rodrigo en Gaudalete. O pretendemos volver a la primitiva vida de los guanches, alejados de la ayudas de Europa. ¿Y la administración de una Canarias independiente se hará cargo de las pensiones, de la sanidad, de los servicios sociales? El hombre de la calle sabe de las veleidades del turismo, aprendió en los vaivenes de la cochinilla, el tomate, las papas y el plátano.

En estos días, pude disfrutar de nuevo con una película deliciosa, en blanco y negro, "Ninoshka", interpretada nada menos que por Greta Garbo. Hay guiones cinematográficos que para recordarlos basta una sola frase. Cuando Ninoshka vuelve a Rusia, después de pasárselo a lo grande en París, y recibe una carta de su gran amor toda censurada, uno de sus amigos, para consolarla, le dice: "Los recuerdos no se censuran". Y es que los recuerdos y los sentimientos no se censuran.

Entre los que hablan y escriben sobre la independencia de Canarias conozco a algunos. Son buenas personas, no obedecen a intereses mezquinos y están llenas de buenas intenciones. Y si he destapado mi escondido silencio no lo he hecho por entrar en disputas estériles, cada uno opina y hace lo que quiere. Soy canario y he vivido, menos los años de estudios, en Canarias. Y puede que, si nos atenemos a mis apellidos, sea, por partida doble, descendiente de un guanche conquistado, sometido y bautizado, y obligado a trabajar en el campo, un mago. No pronuncio la zeta ni alargo las eses. Como buen canario soy tímido, sólo que mi incómodo silencio, a pesar de las fuertes ataduras de la inhibición, se rompió y derramó un poco de lo que tiene dentro. Una simple catarsis, un aflojar las cadenas de la represión. No hay nada mejor que desahogarse.

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