Las siguientes líneas y el propio título de este artículo contradicen y discrepan abiertamente de los comentarios y editoriales de este periódico en los últimos tiempos. Sencillamente, y en aras de la libertad de expresión -que no debe tener más límite que el de la Ley- yo respeto las manifestaciones y editoriales que viene publicando El Día, pero en absoluto las comparto. Me posiciono abiertamente en contra, y quiero manifestarlo públicamente en esta columna dominguera de "Tierra Baja".
Vaya por delante, por si existiese alguna interpretación errónea, mi agradecimiento al director-editor de este diario, don José Rodríguez Ramírez. Hace ya casi tres años que le ofrecí, y él lo aceptó, mi modesta colaboración con un pequeño artículo semanal. Desde entonces, estoy en contacto con los lectores de El Día. No he dejado un solo domingo de acudir a esta cita con ellos. Tampoco nunca se ha reparado u objetado nada por la dirección del periódico a mis escritos. El respeto a la libertad de expresión ha sido, es y será recíprocamente impecable. Sinceramente, gracias. No tengo duda alguna de que este diario es real y verdaderamente independiente, actitud y posicionamiento difícil y no frecuente en muchas ocasiones, pero que cada día premian los lectores demandando mayoritariamente ejemplares del mismo en los kioscos.
Pues bien, ante la reiterada afirmación de que Canarias no es España, estoy convencido de que una inmensa mayoría de canarios afirmamos la españolidad de esta tierra y sus habitantes. Canarias sí es España. Una parte de España exactamente igual que Galicia, Cataluña o el País vasco. Y somos también una inmensa mayoría los que nos sentimos orgullosos de estar y formar parte de esta gran nación que se llama España. Pensamos y creemos que ser canarios y españoles, y europeos, es perfectamente compatible y compartible. Canariedad y españolidad son sentimientos reciproca e intrínsicamente cosustanciales, subsumibles y asumidos por nuestra gente con espontaneidad y orgullo. Un canario se siente español exactamente igual que un andaluz o un extremeño, es decir, queriendo y amando a su tierra natal dentro de España. Al igual que Cambó para Cataluña, yo deseo una Canarias grande y próspera dentro de una España grande.
Decir que la Constitución Española de 1978 fue impuesta "por la fuerza al pueblo de este Archipiélago" resulta inadmisible. Los canarios votaron abrumadoramente la Constitución Española, y claro está que tenían la opción de abstenerse o votar en contra. Y esto no ocurrió porque antes y ahora los canarios queremos seguir siendo españoles. Nuestro futuro está, con el resto de los españoles, en Europa. Y precisamente es ahí donde queremos seguir y permanecer. Donde nos encontramos identificados, amparados y defendidos. Los parlamentarios nacionales de Coalición Canaria, los regionales, presidentes de Cabildos y alcaldes, incluido Miguel Zerolo, no fueron elegidos para proclamar, al margen de la Constitución, la soberanía nacional de Canarias o su constitución en Estado Libre Asociado. ¿Llevaba acaso Coalición Canaria semejantes propuestas en su programa electoral? ¿Se atrevería a llevarlas en las próximas elecciones autonómicas o generales? ¿No constituye un exceso de mercantilismo absolutamente rechazable intentar apoderarse de la isla con tales procedimientos, teniendo como protagonistas a personajes de la más rancia tradición burguesa tinerfeña? ¿Se pretende infundir de manera artificial temor al Gobierno de España sobre algo inexistente para, en contrapartida, obtener determinados favores de índole judicial? Cuando realmente no existe debate soberanista o independentista en la sociedad canaria y, sin embargo, se suscita el mismo con el carácter de urgencia, porque, caso contrario, lo "lamentaremos", (léanse las declaraciones del alcalde de Santa Cruz hace un par de días), la respuesta a las anteriores preguntas no sólo cobra sentido, sino que se hace ineludible y necesaria.
Sinceramente, a mí de todo esto lo que realmente me preocupa, para no entrar en mayores disquisiciones sobre la cuestión, son las conversaciones de Zapatero con el Rey de Marruecos. Hay una hoja de ruta para entregar a los moros Ceuta y Melilla. El primer paso es la cosoberanía de ambas ciudades por España y Marruecos. Todo ello ocurre aquí al lado, casi tocándonos. Y mientras, el moro acecha y observa (léase en este mismo periódico al periodista Andrés Chaves refiriéndose a los "servicios secretos de Marruecos cuya misión es alterar la situación política canaria"), algunos políticos de aquí frivolizan irresponsablemente con la independencia, la constitución y la soberanía. Sólo nuestro estatus actual, integrado con el resto de los españoles y europeos, nos ha otorgado hasta ahora el sosiego y la tranquilidad de poder mirar el futuro con la máxima confianza y seguridad, y todo ello ante la penetrante e inquisitiva mirada del ojo africano.
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