Al día siguiente por la mañana después del desayuno típico maltés -yo sigo prefiriendo mi taza de leche con gofio-, decidimos dar una vuelta a pie por los alrededores. Bajamos la pendiente de una de las calles y nos dimos cuenta de que en cada puerta de vecino había una imagen de la Virgen, del Niño Jesús, etc.; muchos de los rincones que visitamos lucían su altar con este o aquel santo. En realidad, aquí se respira la historia y lo religioso por todos lados. La novelería de ver el máximo de lugares y monumentos en los cuatro días que duró el "citytrip" -viaje a una ciudad-, nos llevó a exprimir el tiempo como un pomelo, hasta la última gota, en este caso hasta el último minuto. La curiosidad ocular nos llevó a la avenida marítima de Sliema -ciudad turística-. Allí me llamó la atención la visión del mar rompiendo contra los muros de unas piscinas naturales de agua salada, parecidas a las de nuestro Bajamar de hace unos años, sólo que aquellas no eran tan grandes. Caminando llegamos hasta el punto de partida de las guaguas "sightseeing" -las noveleras, como les digo yo-; son guaguas de dos plantas que te llevan por los sitios más interesantes relatándote la historia de estos a través de auriculares y en el idioma que tú elijas. Después de haber pagado 15? por persona -ida y vuelta-, salimos de Gzira rumbo a la zona norte de Malta, pues fue la ruta que nos indicaron; unos minutos más tarde pasamos por Floriana y luego por Valleta -la capital-. En esta última ciudad, la guagua estuvo inmovilizada durante 20 minutos "ni pa'lante ni pa'tras"; al parecer, la guardia presidencial estaba rindiendo honores al paso del presidente de la pequeña república. Una vez liberados del atasco, nos dirigimos a TaQali. En este pueblo, los viejos angares militares de un aeródromo de la segunda guerra mundial, sirven hoy en día como talleres artesanales donde se fabrican toda clase de objetos de cristal, joyería, alfarería, mantelería, etc. Sin duda, una idea bastante acertada esto del reciclaje de los angares, pues son unos de los reclamos más originales para el turista. A ver si hacemos lo mismo nosotros con nuestros viejos molinos o con la Plaza de Toros -si es que se salva de la piqueta-, por ejemplo. En esta parada empezó el sube y baja y el esperar a la siguiente guagua, que siempre pasaba con puntualidad británica; no en vano las islas maltesas fueron una colonia del Reino Unido hasta que a principios de la década de los setenta se convirtieron en un país soberano. Durante todo el recorrido, el paisaje se mostraba desigual; en algunos puntos incluso guardaba cierto parecido con el de nuestras islas, pero esto, si me lo permiten, déjenme que se los cuente en la tercera y última parte del próximo domingo.
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