EL DÍA, S/C de Tenerife
Doctor en Ciencias Geológicas por la Universidad Complutense de Madrid en 1976, Juan Carlos Carracedo ha dedicado su vida profesional al estudio del volcanismo en islas oceánicas, particularmente las Islas Canarias. Desde 1981 forma parte del Consejo Superior de Investigaciones Científicas y, desde 1987, es director de la Estación Vulcanológica de Canarias, del Centro Superior de Investigaciones Científicas, de La Laguna. En esta entrevista habla de la obra "El volcán Teide", de la que es autor, y que EL DÍA pone hoy a la venta.
-¿Quiénes han colaborado en el proyecto y a qué público va dirigida la obra?
-Este trabajo es un estudio muy largo de cinco años en el que han colaborado colegas franceses del CNRC, del museo de Ciencias Naturales de Madrid y de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria. En ella hemos hecho un enorme esfuerzo para que sea, además, de divulgación, es decir, se han añadido bastantes capítulos con respecto a la primera edición y se ha hecho un esfuerzo enorme para que sea lo más atractiva posible. Todo este conjunto global del estudio del Teide, explicándolo al máximo posible y arropado con las maravillosas fotografías de Sergio Socorro, creo que ha tenido como resultado una obra atractiva no sólo para los geólogos y especialistas, sino también para un público general.
-La gente conoce del Teide su altura y su orografía. ¿Es esta obra realmente una manera de descubrirlo más a fondo?
-Efectivamente. Hablando de la altura, realmente en los siglos XVIII y XIX, el primer reto que ofrecía el Teide no era ni siquiera su conocimiento como volcán, sino que era simplemente conocer su altura. En un principio se suponía que era el volcán más alto del mundo, hasta que se midió la altura del Mont Blanc y de los volcanes andinos. Este era el reto máximo de la tecnología disponible, en la que contribuyeron varios técnicos franceses y el mismo Alexander Von Humboldt, que fue el que hizo la medida más precisa, aproximándose mucho a la que hoy conocemos. Después de la altura, y teniendo en cuenta que es uno de los volcanes más importantes del mundo, al ser la tercera estructura volcánica más alta, era incomprensible que no tuviera un libro sólido explicando sus valores como volcán, tanto desde el punto de vista científico como paisajístico, para comprender cómo se han formado y, al mismo tiempo, ayudando al público en general a que pueda ir a visitar esos puntos de máximo interés a través de excursiones comentadas. Ese ha sido el esfuerzo que hemos hecho en la obra. Arropando a este proceso, hemos podido también contribuir en dos facetas muy importantes; una, explicar los peligros reales que ofrece el Teide, que son prácticamente insignificantes, no como se quiso magnificar en el año 2004 de forma absurda con una falsa alarma que puso la isla de Tenerife patas arriba. La otra faceta es la de contribuir con una fundamentación sólida y científica a apoyar la solicitud del Teide como Patrimonio Mundial, lo que se consiguió el año pasado.
-Es interesante lo que comentaba de la alarma social. Hechos como el último mo vimiento sísmico despiertan ciertos miedos dentro de la población. ¿La gen te de be estar preocupada?
-Yo diría que ahí hay dos aforismos; uno es que sólo se ama lo que se conoce y sólo se protege lo que se ama. Por lo tanto, nosotros lo que queremos es, humildemente, contribuir en lo posible para que toda la gente, y a ser posible todo el mundo, conozca los valores reales del Teide, hecho que repercutirá en un mayor cuidado del mismo y una mayor protección. Y lo segundo es que la ignorancia favorece los temores infundados. En este libro se explica que en realidad el Teide no es un volcán tan activo como se supone. Son activas sobre todo las dorsales, principalmente la que va de Pico Viejo a Santiago del Teide, que es donde se han producido prácticamente todas las erupciones históricas de Tenerife. Las erupciones han sido, en los últimos millones de años, erupciones tranquilas, es decir, de baja peligrosidad como pueden ser el Teneguía o el Chinyero. Por lo tanto, todas estas alarmas son absolutamente injustificadas y la prueba es que la población de Tenerife, hasta hace poco, conocía a sus volcanes y no ha habido ni víctimas, ni alarmas, ni nada por el estilo. Y luego, finalmente, basta comparar las Islas Canarias, concretamente Tenerife, con una isla muy parecida que está justamente al otro lado del mundo que es la de Hawai, que también tienen un turismo muy asentado y de un altísimo nivel, pero con la diferencia de que hay una erupción permanente desde hace veinticinco años. Ha tenido alrededor de diez veces más erupciones que Tenerife en la época histórica, y tiene también una peculiaridad, y es que posee unas fallas en el volcán Kilauea tan enormes que generan terremotos del orden de diez mil al año, de los cuales más de mil quinientos son de magnitud mayor de tres, similares a los que hubo aquí y que tanta alarma causaron, y algunos de ellos llegan incluso a magnitud siete produciendo fenómenos catastróficos que conllevan tsunamis, pérdida de vidas humanas, etc., cosa que nunca ha ocurrido aquí.
-En plan anecdótico, ¿cuáles son las teorías geológicas que más le han sorprendido?
-Yo diría que dos. Curiosamente, el Teide, la zona de Las Cañadas, fue un campo de batalla donde se dirimió la controversia, el debate más importante que ha tenido la geología. Hablamos de los tiempo de Von Buch y Humboldt, que eran discípulos de un cacique alemán que se llamaba Werther, que era un meapilas, o sea, un señor que todo lo relacionaba con la religión y creó una corriente en la geología que se llamaban los neptunistas, que creían que todo estaba relacionado con el diluvio universal y que las lavas, las que forman por ejemplo la isla de Tenerife, eran simplemente los depósitos de minerales disueltos en el agua del mar que luego se habían depositado, con lo cual las lavas tenían que ser siempre horizontales. La otra corriente era de los mitonistas, que decían que no, que estas coladas son simplemente magma, o sea, roca fundida que se enfría y forma la roca. Cuando llegaron aquí Von Buch y Humboldt, eran ardientes neptunistas, y cuando llegaron a este escenario tan maravilloso y tan claro, tan nítido, y además, como eran científicos de una sólida formación, antepusieron lo que veían en la realidad y abandonaron totalmente el neptunismo, abrazaron el plutonismo, es decir, lo que hoy creemos y, por lo tanto, ahí se resolvió uno de los debates más trascendentales que abrieron la puerta de par en par al desarrollo de la geología y vulcanología modernas, es decir, eso se desarrolló aquí, en la isla de Tenerife con la llegada de estos naturalistas como Von Buch y Humboldt. Y la segunda de estas anécdotas es que yo, durante aquella época, y después precisamente de haber dirigido un equipo de unos científicos fantásticos a nivel internacional y habiendo pisado eso, metro a metro, durante cinco años, me vienen determinadas personas a explicarme a mí que el Teide iba a reventar y que había una crisis volcánica en marcha. Entonces, lo que hubo aquí fueron unos cuantos terremotos que fueron, digamos, aprovechadamente magnificados por una serie de personas que seguían unos intereses absolutamente personales y que nada tenían que ver ni con la ciencia ni con el sentido común ni con nada.
-¿La riqueza de nuestro territorio es mayor de lo que se aprecia a simple vista?
-Naturalmente, realmente la parte emergida de las islas apenas es un 10% del volumen total de los edificios insulares. Vamos a centrarnos en Tenerife, porque en la vertical, hace unos millones de años aquí, en la vertical de donde nosotros estamos ahora, había un chorro ascendente de magma que pesaba menos que el entorno y tendía a subir a la superficie, y luego empieza a acumular lavas, muy rápidamente en las fases iniciales, hasta que acaba por emerger y formar una isla. Pero lo curioso de esto es que ese chorro de magma está fijo desde hace mas de sesenta millones de años, pero la placa donde nosotros estamos asentados, el fondo oceánico, no está quieto, sino que se desplaza en dirección, digamos, hacia África con una velocidad similar a la velocidad con la que nos crecen las uñas. Entonces, pasado un determinado tiempo, la isla que se ha formado ya se desplaza y comienza a formarse una nueva y eso da lugar a un rosario de islas, y que realmente lo que se ha hecho es reproducir la misma isla, pero como están en distintos estadios de evolución, son islas muy diferentes, con paisajes muy diferentes, con alturas diferentes que en unas cortan el paso de los alisios y son verdes, con mucha agua, etc, y otras que ya se han desmantelado, pues ya los alisios pasan sin romperlas ni mancharlas?entonces son islas más desérticas.
-¿Qué isla le apasiona más desde el punto de vista geológico?
-Todas son... como una persona. En realidad, cuando se estudia el archipiélago canario en su conjunto, máxime cuando se compara con otros, como Hawai, lo que estamos viendo es como si tuviéramos una persona en todas las fases de su vida: cuando era un bebé con chupete; después, haciendo la primera comunión de marinerito; después casándose, y luego ya con un bastoncito. Es la misma isla y por lo tanto todas las islas son igualmente apasionantes para su estudio. Ir a La Palma significa estar estudiando las fases iniciales de la isla. Ir a Fuerteventura es ver las fases finales. Y la ventaja que tiene Tenerife es que está en el máximo periodo del crecimiento posible de la isla, es decir, ahora va a empezar a decrecer, lo que pasa es que esto es en tiempo geológico, es decir, también Gran Canaria tuvo un Teide hace tres millones y pico de años, pero la única que tiene un Teide actualmente es la isla de Tenerife porque está el máximo estadio de desarrollo que puede alcanzar una isla volcánica.
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