EL AIRE es necesario y un artículo de opinión no es más que eso, aire. Las Cámaras de Comercio, Industria y Navegación... y de las JONS (es broma) son entidades de derecho público, creadas sobre 1911 y, por lo tanto, muy anteriores al fenecido régimen post bélico del 39. Sin embargo, hay que decir que fueron utilizadas y alimentadas con "pelargón", cuando no existían mecanismos de opinión y participación de los empresarios, para darles de esta manera un cierto protagonismo tutelado, dentro de lo que se denominó democracia orgánica. Resulta poco comprensible que el Gobierno central del PSOE (al que no se debe calificar, al menos en teoría, como sospechosamente profranquista) les haya dado carta de naturaleza, con la Ley de Cámaras de Comercio. ¿Qué sentido tienen, en un sistema económico de libre mercado, donde la representación empresarial está perfectamente definida, institucionalizada y articulada, a través de las distintas instituciones privadas que compiten con "La Cámara" por voz, recursos y funciones? Lo que existe en Europa es precisamente eso, instituciones privadas. Después de casi 33 años de democracia, funciona, en un sentido, como "reposadero" de dirigentes y, en otro, como mecanismo de manipulación desde el Gobierno central, hacia la clase empresarial, en este caso canaria. No entiendo. ¿Cómo es aceptada, desde las distintas agrupaciones empresariales existentes?
Realmente resulta curioso, porque se acomoda en un asiento demasiado grande. Por ejemplo, las declaraciones de la vicepresidenta de la Cámara 21/05, acusando al Gobierno canario nada menos que (con lo que se nos viene encima, del mundo-mundial) de crear desconcierto, independientemente de llevar o no razón, catalogan un trabajo encomendado de desgaste y un deseo de ostentación infundado. Es extraño observar cómo un producto obsoleto (hablo de institución y de marco), que pocos empresarios arropan, trata de justificar su existencia, reinventándose en chirridos y proyectos trillados, a sí misma permanentemente.
El mundo camina por otros derroteros. Los de competitividad al límite, llevados a efecto por los diferentes actores económicos, que rechazan servidumbres y hacen saltar los jarrones. ¿Qué ofrecen, en un sistema de libre mercado, donde la representación empresarial está perfectamente definida, institucionalizada y representada a través de las distintas agrupaciones privadas que compiten con "La Cámara" por recursos y funciones? Parece un forzamiento tener que soportar "graciosamente" el sostenimiento de "la querida", ya obesa y avejentada. Se ha demostrado que su representatividad es muy escasa, a pesar de las sopas de triquiñuelas, habidas y por haber. Las elecciones a presidente, no me lo negarán, son el ejemplo más palpable del espectáculo tamborilero al que hemos asistido en los últimos tiempos. El tejemaneje por parte de los distintos grupos empresariales... nos recordó las películas del cine negro americano. Dice, bien poco, de determinados dirigentes y viene a demostrar que el auténtico interés por las mismas obedece al presupuesto que manejan y al juego de poder que supone la representación en ciertos foros de decisión.
Un cúmulo de incongruencias, acorde con la característica antediluviana de este dinosaurio institucional, que hace que esté en permanente choque con el universo de competitividad de la sociedad.
Las cámaras serán, antes o temprano, entes absolutamente privados, a lo mejor aglutinando un conjunto, sin organigrama público, y soportadas por aquellos empresarios que lo deseen, en la medida que les dé la gana. ¡¡Son las organizaciones empresariales las únicas interlocutoras capacitadas para influir!! y mañana, domingo, a ellas les pincho un poco el fotingo.
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