PUBLICAMOS HOY LA CARTA que nos ha remitido un lector. En ella, después de arremeter contra nuestra línea editorial, Francisco Hernández nos reta a que insertemos su misiva entre las que nos envían otros lectores. Así lo hemos hecho, aunque no para demostrar pluralismo de opinión. Eso, en EL DÍA, no necesitamos demostrarlo porque es un hecho evidente. Quien lo dude, que lea algunos artículos incluidos en nuestro periódico durante los últimos meses. Invitamos a cualquiera a que busque tal variedad de opiniones, no siempre acordes con la línea editorial, en otros medios de comunicación. Y nos quedamos ahí por prudencia. No nos apetece señalar, una vez más, ejemplos nada edificantes.
En cualquier caso, el autor de la carta en cuestión considera discutible la masacre y explotación de los canarios. En absoluto, señor Hernández. La historia puede complacernos o disgustarnos; enorgullecernos o avergonzarnos; ser objeto de crítica o motivo de acatamiento mudo, como ha ocurrido en este Archipiélago, casi siempre, durante los últimos 500 años. Lo único que no cabe hacer con los hechos históricos, como usted pretende, es negarlos. Porque en este aspecto no estamos ante un sentimiento momentáneo del pueblo canario, sino ante una realidad, pésele a quien le pese.
Habla usted de mordaza. ¿Se refiere a la que ha existido en estas Islas desde la conquista? ¿O, por otra parte, piensa en la que quieren instaurar mediante la recientemente nombrada delegada del Gobierno en Canarias, que ya actúa como una nueva adelantada de Castilla? No en vano Carolina Darias es canariona y ejerce su poder desde Las Palmas.
Nosotros, al igual que usted, nos sentimos tinerfeños y canarios, pero no españoles; aunque sí amigos de los españoles. Orgullosos de la lengua y la cultura que nos han dado los españoles, pero con identidad nacional propia. Por lo demás, cabe recordarle que antes de mantener relaciones comerciales importantes con España, las establecimos con países europeos, como Portugal, Inglaterra y Escocia. Consecuentemente, no renunciamos a seguir integrados en Europa, pero como país soberano; nunca como colonia, "españoles ultraperiféricos", de tercera clase.
Cita usted el ejemplo de Agadir y su desarrollo de los últimos años, pese a lo cual no es comparable a urbes como Santa Cruz o Las Palmas. Qué sarcasmo, señor Hernández: gran parte de ese desarrollo se debe a la presencia de empresas canarias. Los canarios siempre han creado prosperidad en los lugares a los que han emigrado. Por lo tanto, también pueden hacerlo en su propia tierra.
En fin, aunque hemos padecido cinco siglos de silencio amordazado, sabemos que el pueblo de este Archipiélago nos ayuda en nuestros planteamientos. Sólo Dios sabe cuánto ha sufrido en este medio milenio.
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