EFE, S/C de Tenerife
El 60 por ciento de los diabéticos tiene retinopatía a los 15 años de padecer la enfermedad y el 80 por ciento a los 20 años, según datos facilitados por la Consejería de Sanidad, que recuerda que esta patología es el principal motivo de ceguera en adultos.
Para prevenir la aparición de la retinopatía diabética, la Sociedad Canaria de Oftalmología en colaboración con la Dirección General de Salud Pública ha organizado unas jornadas de divulgación para concienciar a la población de la importancia de la revisión periódica de la vista por parte del oftalmólogo.
La actividad se desarrollará hoy en Tenerife en una carpa situada en la Plaza del Príncipe de Santa Cruz de Tenerife, y en la que especialistas de la Sociedad Canaria de Oftalmología harán revisiones.
Los especialistas aseguran que un buen control de la diabetes y sus complicaciones oculares puede reducir el riesgo de ceguera en un 90%, y como pauta general recomiendan que se realice un control oftalmológico al menos una vez al año, o más frecuente si así lo recomienda el especialista.
Canarias tiene la más alta incidencia de diabetes de España y se calcula que existen al menos 85.000 personas afectadas de retinopatía diabética.
Esta enfermedad engloba diversas alteraciones patológicas de la retina características de la diabetes, siendo especialmente grave en los diabéticos que requieren insulina, aunque también se da con frecuencia en los no insulinodependientes de larga evolución.
Según los datos de Sanidad, un diabético tiene 25 veces más posibilidades de quedarse ciego que una persona sin esta enfermedad y el grado de retinopatía está estrechamente relacionado con la duración de la diabetes.
A medida que la diabetes se desarrolla, los niveles anormalmente elevados en sangre de azúcar van lesionando los vasos sanguíneos, los nervios y otras estructuras, mientras que ciertas sustancias derivadas del azúcar se acumulan en las paredes de los pequeños vasos sanguíneos, lo que provoca un aumento de su grosor y posible rotura.
Al aumentar el grosor de los vasos, estos cada vez pueden aportar menos sangre y se producen las complicaciones propias de la enfermedad.
Los primeros signos de retinopatía diabética suelen ser dilataciones venosas y pequeños puntos rojos que se ven con el oftalmoscopio y los síntomas tardíos consisten en la disminución generalizada de la visión.
La única manera de poder tener un diagnóstico de certeza es mediante la exploración o examen oftalmológico. La ceguera por diabetes es particularmente invalidante y perturba el sistema de vida del diabético.
Con los tratamientos disponibles la ceguera es evitable, pero si el paciente acude a la consulta en un estadio muy avanzado el láser ya no es eficaz y hay que recurrir a técnicas más complejas.
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