LA INGRATITUD de los pueblos con sus benefactores suele ser normal, y Santa Cruz de Santiago de Tenerife no iba a ser una excepción. El pasado 14 de mayo se cumplieron 209 años del fallecimiento de Antonio Miguel Gutiérrez González-Varona (a veces escrito Barona), el año 1799, en Santa Cruz de Tenerife, estando sepultado en el altar del Apóstol Santiago, santo patrón de España y copatrono de Santa Cruz, en la santacrucera iglesia matriz de La Concepción, nacido en Aranda de Duero el 8 de mayo de 1729, hijo del coronel de milicias José Gutiérrez Verges y de doña Bernarda González Varona.
Como muchos se habrán dado cuenta, estamos hablando del general Gutiérrez, el comandante general de Canarias que derrotó al hasta entonces invencible contralmirante Horacio Nelson en su ataque a la plaza de Santa Cruz el 25 de julio de 1797. Sólo unas letras en su recuerdo ya que nadie, que yo sepa, lo ha hecho, no es una fecha significativa, pero el general Gutiérrez fue uno de los principales artífices del Santa Cruz de hoy, y desde luego su gesta y la del pueblo tinerfeño fueron el origen de su glorioso escudo de armas: "Muy Leal, Noble e Invicta, Villa, Puerto y Plaza de Santa Cruz de Santiago de Tenerife", otorgada por Real Cédula dada en San Ildefonso el 28 de agosto de 1803. La Guía Oficial de la Ciudad publicada por el ayuntamiento, en uno de sus textos, reconoce que éste se constituyó en 1803, año en que recibió el título de Villa, gracias, en buena parte, a la victoria obtenida sobre las tropas inglesas desembarcadas el 25 de julio , de ahí el patronazgo del Apóstol Santiago, segregándose de La Laguna como municipio independiente, el 3 de mayo de ese año.
Aunque es bien conocida de los estudiosos del tema, voy a dar una breve síntesis de su vida para aquellos que aún lo ignoran, que serán muchos. Nació, como hemos dicho, en Aranda de Duero, provincia de Burgos, hijo del entonces capitán D. José Gutiérrez. De limpio y noble linaje, sintió un gran amor por su tierra natal a pesar de que desde su juventud tuvo que vivir lejos de Aranda. Muy religioso, fue fundador de la Cofradía de la Virgen del Carmen, una de las de mayor relevancia en su villa natal. Desempeñó en tres ocasiones el cargo de Regidor por el estado noble de su ciudad; su educación estuvo impregnada de religiosidad y espíritu militar, marcando su carácter.
Ingresó como cadete menor de edad el 7 de julio de 1736 en el Regimiento provincial de Burgos. Tomó parte en las guerras de Italia desde principios de 1743, con 14 años, hasta 1748. Fue nombrado ayudante de campo del teniente general Manuel de Sada, comandante general, y permanecieron en el ducado de Saboya, siendo ascendido a capitán de milicias el 23 de julio de 1746. Mandó en la última campaña en Italia la compañía de granaderos del regimiento provincial de Betanzos, participando en la expulsión del enemigo de la Provenza y de la montaña de Castelano, en el condado de Niza. Asistió también al sitio de la plaza de Ventimiglia.
Promovido a capitán de granaderos en el provincial de Burgos, el 20 de octubre de 1750, fue transferido como teniente efectivo al regimiento de Mallorca, el 19 de mayo de 1753, y ascendido a capitán el 24 de enero de 1756. Fue nombrado sargento mayor, equivalente a comandante, el 15 de diciembre de 1761. Zarpó de Ferrol el 5 de febrero de 1762 con destino a Montevideo (Uruguay) en donde permaneció de guarnición durante siete años. El 7 de septiembre de 1764 fue graduado de teniente coronel y el 30 de mayo de 1769 recibió el grado de coronel. Mandando las tropas expedicionarias del regimiento Mallorca, expulsaron a los ingleses de las Malvinas, tomando posesión de Puerto Egmont, consintiendo en que salieran con honores, claro precedente de lo que luego haría en Santa Cruz de Tenerife en 1797. Era la época de la guerra entre caballeros. Regreso a Cádiz en 1772.
El 29 de enero de 1775 fue ascendido a teniente coronel del regimiento del Rey. Obsérvese la compatibilidad de los diferentes ascensos efectivos con los de grado. Con este regimiento, participó en el desembarco de Argel el 8 de julio de 1775, donde resultó gravemente herido en la cabeza. El 3 de abril de 1776 fue nombrado coronel del regimiento de África. Los informes sobre Gutiérrez fueron siempre buenos. El del inspector general de su hoja de servicios de mayo de 1778 señalaba: "Es íntegro en la conservación y administración de los fondos. Observa literalmente las ordenanzas, y es amado y respetado de todo su regimiento. Tiene disposición para desempeñar con acierto cuanto se le confíe y es muy acreedor por todas las circunstancias a ser atendido en su ascenso". Cuando comenzó la guerra contra Inglaterra fue ayudante de campo de Álvarez de Sotomayor, comandante en jefe del ejercito destinado al bloqueo de Gibraltar, donde estuvo hasta 1780, razón por la cual no pudo estar en la reconquista de Menorca. Se distinguió en unos reconocimientos efectuados sobre las líneas inglesas los días 1 y 24 de octubre y 19 de diciembre de 1780, recibiendo el grado de brigadier el 6 de enero de 1781.
Fue comandante militar de Menorca y gobernador de Mahón desde el 9 de junio de 1783 hasta 1790, ejerciendo interinamente, por ausencia de su titular, el Conde Cifuentes el mando general de Baleares desde septiembre de 1787 hasta finales de 1790 año en que fue promovido a mariscal de campo (equivalente a general de división) y nombrado comandante general de las Islas Canarias el 20 de diciembre de 1790. Ascendiendo a teniente general el 28 de noviembre de 1793.
De la batalla librada en Santa cruz de Tenerife, de sobra conocida, solamente decir que fue una gran victoria ante un gran contrincante, que las bajas de los defensores fueron escasas y muy inferiores a las de los invasores, en gran parte debido a las disposiciones defensivas tomadas por el general Gutiérrez en su plan de defensa de la Isla, incluyendo las fortificaciones realizadas por los ingenieros militares, la pericia de sus artilleros y el valor demostrado por los defensores, la mayoría anónimos, pero no todos, que defendieron su españolidad con todos los medios a su alcance y todos a una (¡eran otros tiempos!, a los que algún día habrá que honrar de manera especial). Fue el dejarles marchar como lo hicieron una decisión inteligente y prudente, pues el enemigo disponía de recursos suficientes para intentarlo de nuevo, con mayores fuerzas y el resultado podría haber sido otro. Así fue aceptado por el rey Carlos IV, que le concedió el hábito de caballero de la Orden de Alcántara, con la Encomienda de Esparragal.
Para terminar, el general Gutiérrez demostró especialmente en esta acción: previsión, prudencia, pericia militar y valentía, no dudando en ponerse al frente de los defensores llegando hasta el mismo muelle atacado a pesar de sus 68 años, teniendo que ser retirado a la fuerza. Fue generoso dando gran protagonismo a sus tropas en el éxito, solicitando recompensas y ascensos; además de humano, preocupándose de las viudas y los huérfanos, para los que requirió del rey pensiones y ayudas.
© Editorial Leoncio Rodríguez, S.A. |Aviso legal | Mapa del sitio | Publicación digital controlada por OJD