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DESDE DENTRO RICARDO PEYTAVÍ

Menos matemáticas

23/may/08 01:46
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HAY una forma explícita de quitarse los problemas de encima sin necesidad de resolverlos: ponerlos a un lado y olvidarse de ellos. Lo malo es que casi siempre retornan al cabo de un tiempo, corregidos y aumentados.

Es lo que está ocurriendo con nuestro sistema educativo. Un penoso sistema educativo, para ser precisos. El otro día me llamó un amigo para contarme, por si me interesaba, que a su hijo, alumno de un colegio concertado, lo habían llevado de excursión en tres días lectivos durante el último mes. Aunque tampoco hace falta que alguien me telefonee para ponerme al tanto de estas novedades. Yo mismo he visto a una guagua de escolares visitando el Auditorio de Tenerife un lunes a las 11 de la mañana. Sin duda alguna, la mejor forma de empezar la semana.

No voy a discutir en estas breves líneas la bondad de algunos métodos pedagógicos de nuevo corte. Más aún: las actividades extraacadémicas me parecen un complemento excelente, siempre que esté cubierto el aspecto principal de la enseñanza. Entiéndase que nuestros escolares sepan un poco de lengua, historia, ciencias sociales y matemáticas. Y también, ya que estamos, que asistan con aprovechamiento a las clases de Educación para la Ciudadanía. Así nunca incurrirán en la infamia del pensamiento políticamente incorrecto. Resulta, empero, que no está el piberío para muchos trotes en estas materias; a decir verdad, para ninguno. Razón añadida para que uno pensase, en buena lógica, que lo primero es lo primero. Y lo primero no puede ser otra cosa que aprender las cuatro reglas antes de admirar los conceptos arquitectónicos de Calatrava, un lunes por la mañana. Bien es cierto que en esa línea de aparcar problemas, no es demasiado mala la idea de librarse de las aulas el día más antipático de la semana.

Sería redundante decir que de todas las asignaturas impartidas en el bachillerato, las Matemáticas se llevan la peor parte. Acaso por ello el Gobierno de Canarias quiere cortar por lo sano y reducir el número de horas dedicadas a su docencia. "¿Si ahora los alumnos llegan en penosas condiciones a la Universidad, qué ocurrirá después?", se preguntan algunos profesores. De momento, la Facultad de Matemáticas ha puesto el grito en el cielo. Lo mismo da. No creo que nadie oiga, ni mucho menos escuche, tan justificado lamento.

Al margen de la utilidad de las Matemáticas -aspecto en el que no voy a entrar-, la enseñanza de esta asignatura, o, mejor dicho, el rotundo fracaso de su aprendizaje, tiene el valor colateral de mostrarnos la auténtica magnitud de otra gran falacia: la sustitución del esfuerzo por la motivación. Una pléyade de nuevos psicólogos, recientes pedagogos y novísimos mentecatos llevan años intentando convencernos de que lo importante no es remangarse y ponerse a trabajar, sino estar movido a la acción por la idea previa de que la tarea será placentera. Pero no; en muchas facetas de la vida, el esfuerzo y el trabajo duro son imprescindibles para conseguir algo importante. Verbigracia, aprender matemáticas, aunque también idiomas, historia y cualquier otra materia que no sea apretar los botones de una videoconsola para fulminar marcianitos o aniquilar monstruos. Sin embargo, como dijo hace poco la consejera de Educación, hoy no está de moda la cultura del esfuerzo.

rpeyt@yahoo.es

 

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