EN el diario El País del 28 de abril de este año aparece un artículo sobre Maria Shiver titulado "Rabiosamente demócrata y casada con un republicano", donde se recogen aspectos de la vida de esta mujer, sobrina de John F. Kennedy y esposa de Arnold Shwarzenegger, que ella misma ha revelado en un libro de memorias. Además del morbo que provoca el choque ideológico de la pareja, él, gobernador republicano de California, y ella, "rabiosamente demócrata", lo realmente interesante del artículo es la parte en la que esta mujer, que durante 25 años se forjó una carrera periodística de éxito por sí misma y no por ser hija, sobrina o esposa de algún prohombre de la sociedad norteamericana, se vio obligada a dimitir cuando su marido fue elegido gobernador. La frase que recoge el periódico dice: "Mi carrera desapareció y con ella se marchó la persona que yo había sido durante 25 años"; algo terrible, demoledor.
A una persona la va configurando el recorrido por el que discurre su vida, las decisiones que toma, en este caso sin entrar en cotilleos, Maria Shiver era una mujer que se había realizado en diferentes planos públicos y privados. Por un lado, era una profesional del periodismo, respetada y con una proyección social importante, que seguramente le daba muchas satisfacciones personales, porque el trabajo dignifica al hombre y a la mujer también. Por otro, tenía una vida familiar compuesta por marido e hijos que también le darían satisfacciones. Pero la decisión de su marido rompe con su vida, porque el desarrollo profesional de una mujer es tan importante para ella como lo pueda ser para un hombre. El trabajo es fuente de dinero, por supuesto, pero también de autoestima, de libertad y de independencia. Por eso, al renunciar a su profesión, la persona que había construido desapareció y se convirtió en algo que ella misma rechaza, como se recoge más adelante en el citado artículo, en una escena que relata desde el dolor, la rabia y me atrevería a decir que desde una gran frustración personal, cuando un hijo suyo en un momento dado la califica como "ama de casa". Maria Shiver se defiende diciendo que es periodista, escritora y primera dama, pero el hijo dice que no, que sólo es ama de casa, que ella renunció a su trabajo y que la persona elegida como gobernador fue Arnold Shwarzenegger, no ella.
Y aunque fue la cadena en la que trabajaba quien pidió que dimitiera al considerar que el cargo de su marido podría generar conflicto de intereses, esta mujer cedió su vida para ponerse el collar de perlas y caminar "dos pasos detrás de mi marido", una definición de primera dama que ella misma da, que refleja el rol tradicional de las mujeres en el mundo de la política y no sólo.
España sabe de "señoras de" con amor por los collares de perlas. Cuando llega la democracia, la imagen de la mujer es la de esposa y madre amantísima que con llevar a su familia ya se tiene que considerar realizada. Evidentemente, nuestra sociedad ha evolucionado y la situación social de la mujer, así como su imagen, ha cambiado, aunque hay intentos de todo tipo para volver a meternos en el corsé de abnegadas madres; en cuanto a la cuestión de las mujeres de los políticos, hemos tenido ejemplos que nos han situado a la vanguardia de los países democráticos; con mujeres autónomas que han seguido con su vida tal y como la tenían proyectada antes de que sus maridos se convirtieran en presidentes.
Esto quiere decir que nuestra sociedad no exige ya esa imagen de mujer florero que acompaña al presidente. Tenemos ejemplos que van desde Carmen Romero, pasando por Sonsoles Espinosa para llegar en Canarias, por ejemplo, hasta Ángela Mena. ¿Hay alguien que se pueda imaginar a esta última renunciando a su proyecto de vida, a su profesión y convirtiéndose en una esposa sumisa, buena y modosita pero en casa, saliendo sólo en actos oficiales para cortar la cinta en las inauguraciones?
Maria Shiver ha caído en la trampa de la política norteamericana que está obsesionada por dar la imagen de familia tradicional a sus cargos públicos, y siempre que se habla de la vuelta a las tradiciones, las mujeres dejamos de ser personas independientes con nuestras necesidades de crecimiento y realización personal, para convertirnos en madres y esposas.
* Secretaria de Igualdad de la Comisión Ejecutiva Insular del PSOE y concejala del Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife
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