EL OTRO día me encontré con un viejo conocido. Nos saludamos. Nos abrazamos. Nos preguntamos por las respectivas familias mientras nos tomábamos un cortado. Me acordé de que tenía un hijo que hace ya años estudiaba algo relacionado con las ciencias, física, tal vez matemáticas, por lo que supuse que habría terminado la carrera, así que le pregunté qué tal le iba al chico; el chico, por cierto, tendría ya casi treinta años.
-¿Quién, Jaime? -me preguntó contrariado-. Pues verás, ahora trabaja para la mayor empresa de España- me dijo sin mucho entusiasmo.
Yo, ingenuo, le solté:
-¿Trabaja en la Telefónica?
No, ojalá. ¿Pero es que tú no sabes que la mayor empresa de España es el INEM? -me contestó algo acalorado.
-¡Ah! -exclamé-, ¿y en qué oficina del INEM trabaja?
-Veo que hoy estás un poco plúmbeo -me contestó con ironía-. Mi hijo Jaime forma parte de las 2.338.517 personas que están sin empleo en la España de Zapatero. Sí, ese mismo "hombre honesto, recto e íntegro que, según nuestro monarca más republicano, sabe muy bien hacia qué dirección va". Lo que no nos dice el Rey, que Dios guarde? a ser posible callado, es en qué dirección vamos el resto de los españoles.
-¡Coño! -exclamé sorprendido-, ¿pero tú no eras de esos progresistas que defienden el socialismo redentor del ínclito Zapatero?
Terminó de tomarse el cortado poniendo cara de pocos amigos, aunque le noté que tenía ganas de desahogarse, al menos conmigo.
-La cosa se está poniendo realmente fea -me largó de pronto.
-¿Fea? ¿Pero si Solbes dice que esto es sólo una desaceleración? -le dije sorprendido.
-¿Desaceleración, dices? Esto es una crisis como un piano de grande; además, y que esto quede entre nosotros; me arrepiento de haber votado a estos inútiles que mienten más que hablan.
-¡No fastidies! Como te escuche Pepiño, es capaz de mandarte al exilio con Rosa Díez.
-Pues seguramente estaría mejor; al menos ella tiene una idea clara de lo que es España, y reclama en sus postulados la consolidación en nuestra sociedad de los principios de libertad y de igualdad de todos los españoles ante la ley.
Me quedé atónito escuchando a mi amigo, parecía del PP antes de que hubieran perdido las elecciones.
-¿Qué te sucede? -me preguntó sorprendido-. ¿No estás de acuerdo conmigo?
-¿Quién, yo? -Le contesté-. Claro que estoy de acuerdo; es que me sorprende que hayas analizado ideológicamente tu voto y no te hayas dejado arrastrar por la corriente predominante; aunque lo podrías haber hecho antes de las elecciones. Además -añadí-, pienso que el gobierno, sea el que sea el que esté en La Moncloa, debería comprometerse a que en España prevalecieran los valores del individuo sobre aquellos otros que pretenden imponernos determinados grupos de presión; sobre todo, los nacionalistas; y, tras la que está cayendo con la judicatura, debería asegurarse una misma justicia para todos los españoles, independientemente de dónde se resida; pero, mucho me temo que, tras haber logrado ganar las elecciones por segunda vez, muchos de vosotros os habéis crecido y actuáis como si no tuvieráis que rendir cuentas a nadie. Estáis empeñados en cambiar el régimen, aún a costa de cargaros la Constitución; o al menos, retorcerla a vuestra conveniencia.
-¡A mí no me eches la culpa! -exclamó poniéndose en guardia-.
-No, si quieres le echo la culpa a mi abuela que votó al PP -le respondí con sorna. ¿O es que ahora va a resultar que todos los que se quejan de que la economía no marcha bien; de que se está duplicando el gasto en prestaciones por desempleo a los extranjeros; de que la ratio entre filiación a la Seguridad Social y las pensiones es algo más que preocupante, porque mientras la primera crece a un ritmo del 0,7 %, las pensiones lo hacen al 1,30,%, ninguno de ellos ha votado a Zapatero? ¿Y qué me dices de aquellos que se quejan de que no les llega el dinero a fin de mes; de que el pago de la hipoteca les está asfixiando; de que la morosidad aumenta y los impagos están llegando a cifras verdaderamente escalofriantes..., ninguno de ellos ha votado tampoco a Zapatero? ¿Entonces, quién coño lo ha votado, aparte de ti?
-Tampoco hace falta que exageres.
-¿Que yo exagero? -le respondí contrariado-. ¿Tú sabes, acaso, cuántas pensiones está pagando mensualmente la Seguridad Social?
-Pues no -me dijo, como poniéndose en guardia.
-Pues 8,35 millones de pensiones; y, en cambio, los que cotizan a la Seguridad Social son 19,25 millones de trabajadores; lo que viene a suponer que existen 2,3 cotizantes por cada pensión cobrada.
-¿Y cómo sabes tú todo eso?
-Pues leo, me informo y analizo. Sobre todo, lo hago antes de ir a votar a cualquier botarate que me sonría desde el púlpito del poder.
Mi amigo resoplaba mientras me preguntaba por lo bajini:
-¿Y qué se puede hacer ahora?
-Pues lo que tienes que hacer tú, y los que piensan como tú - le dije -, es no volver a votar a los socialistas; y Zapatero, por su parte, lo que tiene que hacer -le indiqué- es, en vez de plantearnos asuntos que nos dividen aún más a los españoles y que, en realidad, no interesan más que a una minoría, como la ley de la memoria histórica, la pollabobada esa de la Alianza de Civilizaciones, la negociación política con ETA, la eutanasia, o el enfrentamiento visceral y sectario contra la Iglesia .
-Bueno, amigo, no es para que te pongas tan alterado, que te va a dar algo. Por cierto, ¿qué tal tu abuela?
-¿Abuela? ¿Qué abuela? Anda, paga tú los cortados, que como los tenga que pagar yo, entonces sí que no llego a fin de mes.
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