... El diputado del PP en el Parlamento canario Miguel Cabrera, que se está convirtiendo en el Pepito Grillo -por no decir en la conciencia- de su grupo, acaba de poner el dedo en la llaga en un asunto que la Cámara, tan acomodaticia ella, considera pasable, mientras que Cabrera lo ve inaceptable para un político de una democracia occidental. Se trata de que el Parlamento ha aceptado que una delegación del mismo compuesta por diputados de los tres partidos representados en él, CC, PP y PSC-PSOE, visite a su homólogo cubano, por invitación del Gobierno de aquel país. Entiende el diputado popular que realizar tal visita supone reforzar la legitimidad de un régimen dictatorial que, entre otras muchas iniquidades, no celebra elecciones libres y mantiene a cientos de personas encarceladas por delitos de opinión. Y aclara Cabrera que una cosa es ayudar a que se mantengan en el poder los hermanos Castro y otra muy distinta -con la que él sí está de acuerdo- prestar ayuda material al pueblo cubano, especialmente a los descendientes de canarios que viven en la isla.
... Menos mal que queda un diputado así en el Parlamento autonómico, porque, para el resto, visitar una institución que no es homologable con la suya, desde la cual se legisla para mantener sojuzgada a una nación con normas que aquí serían inadmisibles, no es más que un viaje turístico sin significado político alguno. Al menos para los diputados nacionalistas, la preocupación por los derechos humanos en Cuba ha sido siempre secundaria ante esa eterna condescendencia con la que juzgan a sus gobernantes, como si eso fuera algo natural, y hasta de buena educación, en cualquier canario por el hecho de que aquel fue un país de acogida de nuestros emigrantes y el lugar de donde procede el término "guagua". Para los diputados del PP, acostumbrados esta legislatura a tragar sapos cada día, el único problema que supondrá este viaje es cómo justificar ante los órganos nacionales del partido el compadreo con una dictadura de izquierdas. Claro que siempre queda el recurso de recordarles que eso mismo ha venido haciendo Manuel Fraga desde sus tiempos de presidente de la Xunta. Finalmente, los socialistas siguen fielmente la doctrina Zapatero, según la cual este tipo de intercambios facilitan la transición hacia la democracia en Cuba. Esta justificación es la más peligrosa pues, habiéndose demostrado falsa, proporciona el argumento que tranquiliza la conciencia de quienes todavía tienen escrúpulos morales. Y así se perpetúa la pantomima y, con ella, el sufrimiento de los cubanos.
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