Santa Cruz de Tenerife

Entre la realidad y la ficción

El éxito del actual tranvía o los futuros proyectos ferroviarios insulares han puesto de actualidad los sistemas de transporte guiado en la Isla. Sin embargo, la relación con estos transportes, que casi nunca llegó a materializarse, data de hace mucho tiempo atrás.
N. VIZOSO, S/C de Tenerife
19/may/08 0:46 AM
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La historia del establecimiento de los transportes guiados en Tenerife guarda muchos secretos y algunos de ellos han sido puestos al descubierto por Rafael Cedrés Jorge (Ludwigsburg, Alemania, 1965) en su libro, editado por el Cabildo de Tenerife y Metropolitano, "Los transportes guiados en Tenerife".

Cedrés, apasionado de todo lo que tuviera que ver con el mundo de los trenes desde que de pequeño le regalaron una locomotora de hojalata, fue el primer sorprendido ante la cantidad de proyectos que se fue encontrando a lo largo de su labor de investigación. Desde 1847 y hasta la actualidad han surgido en la Isla, quizás por las excepcionales necesidades de desplazamiento en un territorio limitado como es el insular, proyectos de transporte que iban desde ferrocarriles y tranvías hasta el teleférico del Teide, monorraíles o montacargas, incluyendo algunos proyectos muy antiguos como un sistema que se intentó instalar en los embarcaderos de Valleseco para solventar los problemas de las huelgas de trabajadores a través de cargadores automáticos de carbón.

El actual éxito del tranvía entre Santa Cruz y La Laguna, con la previsible ampliación de líneas, algunas ya en ejecución como la de La Cuesta-Tíncer, y los planes del Cabildo de instalar los trenes del Norte, el Sur y el túnel ferroviario desde Güímar a La Orotava, han puesto de moda hablar de transporte guiado en la Isla. Sin embargo, su historia es larga y, generalmente, deriva entre la realidad y la ficción como demuestra que hayan existido siete proyectos de tranvía en Tenerife, de los que sólo se llegaron a ejecutar dos.

Historia sobre vías

Los proyectos ferroviarios más conocidos y sobre los que existe mayor cantidad de documentación son los de los trenes de carga, utilizados para las obras del puerto de Santa Cruz. Tres fueron las locomotoras iniciales que llegaron en 1890 a la Isla para el transporte de los materiales y piedras necesarios para la construcción del puerto, entre ellas la conocida locomotora Añaza. Con posterioridad se trajeron otras seis locomotoras más grandes, idénticas a la que está preservada en la Autoridad Portuaria. Su trazado iba desde las canteras situadas en La Jurada hasta el puerto y se utilizaron también para construir la actual avenida José Antonio Primo de Rivera, hasta que fueron sustituidas por otras más potentes para la construcción del dique del Este.

El tren formado por la locomotora Añaza despertó, en 1907, tal interés en la sociedad de la época que se solicitó a la Junta de Obras del Puerto que se utilizase este tren para realizar excursiones desde el puerto hasta la cantera de La Jurada. Ésta fue la primera experiencia en transporte de pasajeros, mientras que en transporte de carga hubo experiencias similares para construir los puertos de Lanzarote y Gran Canaria.

Lo demás fueron sólo proyectos: cinco de tranvías para Santa Cruz, según se preveía la evolución de la ciudad (el séptimo proyecto sería el actual de Metropolitano), y seis proyectos de ferrocarriles generalmente hacia el Norte y sólo uno hacia el Sur, que partiría desde Taco hacia Güímar. Los proyectos hacia el Norte tenían como destino Icod de los Vinos, Buenavista del Norte, Garachico o La Orotava, siendo éste el que más se llegó a concretar.

También resulta curioso conocer que ya existió en 1912 un proyecto de ferrocarril circular, ideado con el objetivo de unir el Norte y el Sur de la Isla y que en 1921 llegó a incluirse en el Plan de Ferrocarriles Nacional. Además, el periódico La Prensa en ese mismo año publicó el proyecto del ferrocarril central que partiría desde Santa Cruz y llegaría hasta el Teide.

Según Rafael Cedrés Jorge, "no era el momento adecuado para que ninguno de los proyectos ferroviarios prosperara". La inestabilidad política de la época y la debilidad de España dentro del marco europeo impedían que las ideas llegaran a hacerse realidad. La I Guerra Mundial, la Guerra Civil o la II Guerra Mundial hacían que los proyectos se fueran quedando en el camino.

"No era el momento"

Esto, unido a la excesiva burocracia del Estado, en un tiempo en el que el Cabildo poseía escasas competencias y la falta de financiación que hacía que los promotores de los proyectos, generalmente militares o empresarios belgas, los dejaran morir ante la falta de garantías de una posterior rentabilidad, fueron el motivo de que las actuaciones se dilataran en el tiempo, generalmente hasta su desaparición. Incluso aquellos sistemas de transporte guiado que llegaron a concretarse debieron superar grandes dificultades. Fue el caso, por ejemplo, del teleférico del Teide, cuyos trámites iniciales datan de 1929 y las obras no empezaron hasta 1965, siendo su viaje inaugural en 1971.

Los más descabellados

Muchos de los proyectos se quedaron en ideas algo descabelladas que hoy en día serían imposibles de realizar debido al enorme impacto visual que causarían. Es el caso del proyecto denominado "Raiten 2000", que fue ideado en 1996 y que contemplaba la construcción de monorraíles elevados por las medianas de las autopistas del Norte y del Sur o el proyecto de monorraíl ideado en 1983 para, a través del barranco de Santos, unir las ciudades de Santa Cruz y La Laguna. A ellos deben sumarse proyectos anteriores como la idea de transformar el antiguo tranvía en un sistema de trolebuses que nunca se llegó a instalar pese a que el Cabildo llegó a adjudicar el proyecto.

Con semejantes precedentes, habrá que ver qué pasa con los actuales proyectos ferroviarios hacia el Norte y el Sur de la Isla, ya que quizá pase lo que ocurrió tantas otras veces y se queden sólo en el mundo de la ficción.