MEDINA, Güímar
"Cuando voy a Sudamérica veo la misma minería que he visto aquí, en Güímar", aseguró uno de los expertos más destacados en la recuperación de minas abandonadas en cielo abierto, Domingo Carvajal Gómez, ingeniero técnico de Minas del departamento de Ingeniería de Diseño y Proyectos de la Escuela Politécnica Superior en la Universidad de Huelva, además de licenciado en Geología. Impresionado aún por lo que presenció durante su visita a la zona en la que se encuentran las ya precintadas canteras de extracción de áridos, dijo que se trata de "un modelo de malas prácticas en esta actividad y la peor imagen de la minería en todo el país".
Su primera conclusión fue señalar "la total dejadez y desidia de las administraciones competentes" como responsables de una acción "que ha sido superrentable" para los empresarios, pero que ha supuesto la invasión de los cauces de los barrancos creando "un problema potencial, porque en cualquier momento puede producirse una avalancha que causaría destrozos graves". De hecho, durante su recorrido por la zona en que están las canteras constató que hay antecedentes de tales avenidas porque así lo indican las capas que se perciben en los taludes de las extracciones.
La paralización de la actividad completada esta semana por el Ayuntamiento de Güímar con el precinto de la cantera El Fregenal "debería entenderse por los profesionales de la actividad extractiva como un gran éxito" porque, siendo muy necesaria, "no debe practicarse en perjuicio de la sociedad", algo que ha ocurrido en Güímar, a su juicio.
Carvajal no se explica cómo han estado activas las canteras de áridos durante más de 40 años en la forma que lo han hecho en el municipio güimarero. "Hoy existe la tecnología suficiente para evitar el polvo, para impedir los perjuicios derivados del paso de los camiones por las ciudades y para que no se dañe la salud de la población como consecuencia de esta actividad", añadió.
Todo ello, percibió, está muy alejado de la realidad de la industria extractiva en Güímar de la que considera que ha estado actuando todo este tiempo "con una rentabilidad grande porque no ha invertido en medidas compensatorias y correctoras, ni medioambientales ni de seguridad".
Responsabilidad social
En ese punto, aludió a lo que denominó responsabilidad social corporativa, una figura que ponen en marcha las empresas activas en el sector minero que consiste, fundamentalmente, "en apoyar a la sociedad en que se lleva a cabo la actuación colaborando en el desarrollo de iniciativas culturales, sociales, deportivas, de ocio y de cualquier índole". Se trata de una contrapartida a los beneficios que la industria obtiene de la zona en que está interviniendo.
Dado el emplazamiento de las canteras de extracción de áridos de Güímar, que están situadas en un área agrícola, sobre un acuífero y en una zona de alto riesgo de avenida, Domingo Carvajal se muestra prudente a la hora de definir propuestas para su recuperación. Teniendo claro que los huecos siempre estarán ahí, es contundente a la hora de manifestar que "hay que hacer algo" en la línea de propiciar el aprovechamiento de la zona para uso público. En cualquier caso, hace falta material para cubrir parte de los agujeros pero sin extraerlo de otro lugar de la Isla provocando con ello el mismo efecto pernicioso que el padecido en Güímar. Un ejemplo sería el uso del material procedente de la posible construcción del túnel entre La Orotava y Güímar, tal y como propuso el alcalde güimarero.
Además, eso servirá para evitar, en parte, el peligro más grave que ahora se produce en los barrancos: el desprendimiento de los taludes de las canteras de áridos como consecuencia de la inactividad. Carvajal pone como un ejemplo de ello el deslizamiento que provocó el derrumbe del camino de Los Zarzales, en la zona alta del barranco de Badajoz, que ocasionó la caída del paso entre ese lugar y el pueblo de San Juan.
En consonancia con lo que algunas autoridades y colectivos han definido como "el mayor atentado paisajístico de Canarias", el experto fue contundente al señalar que "aquí se han hecho cosas que en cualquier otro sitio hubiera motivado la paralización de la actividad mucho antes, no ahora". Las causas hubieran sido la altura del talud, la emisión de polvo e, incluso, el ruido.
La alusión a la dejadez de los organismos y de los inspectores es una constante en las manifestaciones de Carvajal. "En cualquier minería, el apilamiento de árido está cubierto y no se produce polvo porque se emplean silos", algo que en el caso de Güímar está en las antípodas de la realidad. "Ciertamente, eso conlleva un coste que es asumible por el sector, sobre todo durante los últimos años con la demanda de la construcción", según Domingo Carvajal.
¿Cómo es posible?
Este experto participó en el primer curso de carácter universitario que se celebró en Güímar y que impartió la Universidad Internacional Menéndez Pelayo (UIMP) en la Fonda Medina. El tema central del mismo fue el de los áridos.
La visita a los barrancos contribuyó decididamente a poner de relieve la gravedad de la sobreexplotación a la que ha estado sometido dicho enclave, en el que las diversas avenidas producidas en el devenir del tiempo han depositado en los cauces árido de gran calidad. Pero la ausencia de orden y la constatación de la falta de compensación a una ciudadanía "que se ha visto muy afectada por la actividad minera" asombró a los participantes.
Carvajal, incluso, se pregunta "¿cómo es posible que haya habido esta dejadez por parte de las administraciones? Como respuesta se da a sí mismo la posible escasez de ingenieros técnicos en Canarias para velar por el control de la actividad.
Domingo Carvajal Gómez representa la quinta generación de su familia vinculada a la minería. "Quiero a la minería, pero no que se vea por la sociedad de esa manera", reflexiona con cierta tristeza horas después de haber recorrido los barrancos de Güímar.
En ese punto, señala la falta de controles medioambientales propia de lo que "podríamos llamar minería artesanal, porque falta seguridad". Al respecto, y rememorando lo que dice haber visto en países latinoamericanos, "no sería descabellado controlar si al acuífero subterráneo están llegando cosas incontroladas".
Después del cierre
La Universidad de Huelva cuenta con el Grupo de Investigación Minería Ambiental para el Desarrollo (Gmad) que, desde el año 2000, realiza estudios e imparte cursos por todo el mundo. En todos los lugares en que ha estado "hemos constatado que en la minería moderna se plantea, en el momento en se presenta el proyecto extractivo, cuál va a ser el plan de cierre".
Teniendo en cuenta que "eso se hace desde hace mucho tiempo en nuestra actividad y ya se aplica en otras muchas", este experto en la recuperación de minas abandonadas en cielo abierto incide, por enésima vez, en que "no deberíamos haber llegado nunca a esta situación" que se vive en Güímar.
La propuesta de cambio de catalogación del suelo afectado por la extracción de áridos, medida que promueven el ayuntamiento y la Plataforma en Defensa de los Barrancos de Güímar, con el propósito de facilitar su uso agrícola y ganadero, es bien valorada por Carvajal. Sin embargo, señala la necesidad de que la administración competente en materia de agua "debe diseñar estrategias que garanticen el nuevo uso del suelo y su mantenimiento en el tiempo a fin de que no sea ocupado ilegalmente por cualquier otra actividad que no sea la estipulada".
Expropiaciones
La restauración del barranco podría implicar la expropiación de propiedades ajenas a las canteras de extracción de áridos tanto para propiciar el aprovechamiento de los huecos existentes como para encauzar el propio barranco de Badajoz. Afectar a fincas y otras propiedades serviría para "cambiar la pendiente de los taludes existentes, que son el mayor de los riesgos en la actualidad".
Pero Carvajal apunta otra posibilidad: "Que la unión de todos los huecos forme el propio cauce público de los barrancos ya que, en cualquier caso, crear ese cauce nuevamente obligará a realizar expropiaciones".
En cualquier caso, cree que es posible llevar a cabo actuaciones que permitan el aprovechamiento del cauce de los barrancos, pero espera que las administraciones no se demoren a la hora de propiciar las intervenciones necesarias a tal fin ante la peligrosidad que suponen los enormes taludes para la zona.
Desde la perspectiva de Domingo Carvajal, en el caso de la extracción de áridos en Güímar hay una responsabilidad inequívoca: la desidia de las administraciones que debieron intervenir con mucha antelación.
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