AVECES cuesta reconocer que todo es pura vanidad, que no existe supremacía del hombre sobre el animal, pero la realidad es lo suficientemente explícita que no admite contradecirla, cuando las conductas humanas descienden al escalón más primario y brutal que se aleja de toda sutileza o bagaje emocional sublimado por el refinamiento que otorga la sabiduría acrecentada con el tiempo. Es comprensible que todavía seamos capaces de sobreponernos a ese sustrato que sólo la genética construye e interpreta y aún somos capaces de sorprendernos y rasgarnos las vestiduras ante hechos que sólo anidan en el intelecto o vaya usted a saber en qué estructura bioquímica o fisiológica que fabrica ese mundo de emociones que nos horroriza y conmueve.
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