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CARTA A PEPE IGNACIO ANTONIO ÁLVAREZ

¡Qué país, don Pepe!

18/may/08 24:05
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DA pereza seguir, pero hay que peseverar. Eso es lo que se me ocurre, Pepe Ignacio, ante la situación de un país, el nuestro, llamado un día España, sobre cuyos despojos se debaten nuestros políticos por las mismas causas que sus antecesores nos llevaron a enfrentamientos civiles en los dos últimos siglos.

De nuevo ETA golpea salvajemente contra la Guardia Civil, mientras en el País Vasco amplían la red para recoger las nueces de los que sacuden el árbol, según la celebrada frase de Arzallus. Ibarretxe dice a Zapatero que firme un referéndum pro segregación de Euskadi, integrando a Navarra en un órgano común. Escaldado de sus devaneos con ETA en la anterior Legislatura, ZP le responde que dialogará hasta la extenuación con el lehendakari, pero que se olvide de las irracionalidades que solicita. ¡Ya veremos!

Y entre tanto, Cataluña presiona para seguir recibiendo una financiación, al menos como la vasca. Y los tres territorios de lengua propia, adoptando medidas para eliminar la lengua común de la vida y la relación entre vascos, catalanes y gallegos con el resto de españoles. Y las demás autonomías, poniendo en marcha o presionando por disponer de nuevos estatutos con más competencias y derechos.

* * *

El sufrido pueblo español, el que todo lo paga y todo lo soporta aguantando, protesta sin esperanza mientrasla mayoría mira para otro lado y se instala, si puede, en la España del subsidio y la mamandurria. Y nuestros políticos, sin resolver los problemas básicos, haciendo más caso a las minorías que actúan de árbitro para otorgarles el poder que a las mayorías aborregadas que les sostienen en él.

Entre tanto, la oposición mirándose el ombligo. Y los principios y valores que votamos en la Constitución de 1978, olvidados por tirios y troyanos que se disponen a realizar el cambio de régimen al estilo franquista: de la Ley a la Ley, pero sin dar participación al pueblo para que exprese su opinión por los mecanismos constitucionales establecidos.

Al contrario, con el arbitraje de las minorías nacionalistas se va cambiando la Constitución y las leyes, adecuándolas a los intereses partidistas del momento. Bien sea para dominar el poder judicial o el Tribunal Constitucional, o imponer la revancha de los derrotados en los enfrentamientos civiles del pasado o pactar con los plutócratas de siempre el control del dinero y las finanzas públicas nacionales. Mientras, actúan a sus anchas las mafias de todo signo y corrupción que van en aumento.

* * *

Cuando alguien tiene una idea para el progreso del país que no conviene a algunas de las ideologías dominantes, se crea una "contestación social artificial" para que se oponga al proyecto. Bien sea para el trasvase del Ebro, el pacto por una financiación autonómica igual para todos, cualquiera que sea la autonomía donde resida o la puesta en marcha de un puerto, un ferrocarril, una autopista, un hospital, la instalación de una cárcel, una vía exterior, una anillo eléctrico insular con una nueva central eléctrica, un centro para inmigrantes y hasta un cementerio.

Si es "políticamente correcto", es decir, si conviene a los poderes de turno o a los plutócratas de siempre, se hace lo que sea necesario para remover los obstáculos. Siempre invocando al pueblo, a los intereses generales o a la regla de la mayoría, para que se lleven a efecto las más absurdas decisiones, depredando el presupuesto y el patrimonio público, sin responsabilidad alguna para los políticos que tienen el poder y mucho menos para los plutócratas a los que sirven. Si ellos quieren elevar los precios de la luz, se elevan por encima de lo que han subido los salarios, el IPC o lo que sea, y no pasa nada. Que es necesario el dinero de las pensiones para salvar a los bancos de los morosos y las hipotecas de riesgo que concedieron, mientras se llenaban sus arcas con precios de la vivienda artificialmente hinchados, pues se hace. Lo que importa es salvar el bache momentáneo y el que venga atrás, que arree.

* * *

En la democracia todo es discutido y discutible. De acuerdo. Pero sin hacer trampas con las reglas de juego. Y es que aquí, para pactar la transición fueron necesarias normas que daban un excesivo poder arbitral a los nacionalismos, terrorismos y demás ismos que habíamos venido padeciendo durante los siglos anteriores. Porque acá siempre hubo terrorismos, carlismos, manos negras, poderes fácticos para torcer la voluntad del pueblo y despojarlo de las rentas de su esfuerzo colectivo.

Ahora, como venimos denunciando en estas reflexiones, Pepe Ignacio, padecemos la dictadura de las minorías, de los colectivos sociales cuya representatividad nadie ha medido, de las organizaciones alternativas o violentas a las que no hay que molestar. Ellas, con el apoyo monetario de subvenciones oficiales, imponen su ley y pueden torcer proyectos que son beneficiosos para la mayoría de los habitantes de un pueblo, una comunidad o el conjunto del Estado.

Ni somos un Estado federal, ni confederal, ni autonómico, ni Monarquía, ni República. Ni siquiera sabemos ya si queda algo del Estado, cuando hasta el representante máximo del mismo, olvidándose de las normas de arbitraje e imparcialidad que la Constitución le impone, trata de ponerse a salvo de lo que se nos viene encima, y regala los oídos del jefe del Gobierno de turno, cuya política es contestada por la mitad de los votantes, no ha resuelto los problemas básicos de identidad a los que se enfrenta la un día llamada nación española, y ha aumentado la desigualdad entre los españoles, según su lugar de residencia.

* * *

Vivimos la paradoja de que un jefe del Gobierno que se declara republicano, elogia el republicanismo del que encarna al reino de España. ¿A qué juegan ambos, Pepe Ignacio? ¿Son los valores que defiende el Sr. Zapatero o los nacionalismos periféricos los que salvaron la corona de la monarquía tradicional, o fue la determinación de muchos españoles que lucharon y trabajaron por la idea de acabar con las dos Españas y entregar a la legitimidad monárquica un país bien distinto al que esa monarquía había abandonado a su suerte en los años treinta, bajo Gobiernos del mismo color y pelaje a los que hay ahora, y a quienes Zapatero quiere devolver su memoria histórica?

Tú eso sí lo conociste, Pepe Ignacio. Y recordarás que fueron Azaña, Negrín y otros de la ideología del Sr. Zapatero, quienes no hicieron nada por retener a Alfonso XIII en su huida hacia el exilio. Así que el simpático Rey republicano que tenemos haría bien en ejercer con más prudencia la autoridad moral y arbitral que le quede si no desea devolvernos a episodios ya vividos bajo otros momentos de nuestra agitada historia, como el que padecieron nuestros antepasados por la mala gestión de los Borbones, que tanta sangre y sacrificios ha costado al paciente y sacrificado pueblo español; tan habituado a poner su vida y su hacienda al servicio de los que lo gobiernan, con tal de que lo dejen vivir en paz. ¡Qué país, Don Pepe!

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